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Que el sol brille para todos y todas

Palabras de aceptación de la candidatura a la presidencia de la República

Hace 2 semanas

VIDEO (1h20m): https://youtu.be/zEK7zU3eMJM

Jorge Enrique Robledo

Primer Congreso Nacional de DIGNIDAD, 27 y 28 de marzo de 2021.

1.Saludos. 2. Vencer con el mayor pacto nacional. 3. Dignidad y democracia. 4. Juan Manuel Ospina. 5. Dignidad es un proyecto de unidad. 6. En Dignidad no todo vale. 7. Coalición para vencer en 2022. 8. Colombia está muy mal, y empeorando. 9. Hasta la educación al servicio de la desigualdad. 10. Lo peor de la inmensa corrupción. 11. El desempleo destapa las verdades. 12. El desempleo es efecto y causa del subdesarrollo. 13. Han gobernado contra el desarrollo. 14. ¿Por qué Colombia es tan subdesarrollada? 15. También falla el sistema de salud. 16. No más impuestos a pobres y clases medias. 17. Corrupción, subdesarrollo y democracia. 18. Duque no es amigo de los empresarios. 19. Presidencia y Gran Pacto Nacional. 20. Qué no será mi gobierno. 21. Monopolio del Estado sobre la fuerza. 22. Cero tolerancia con la corrupción. 23. No a una Justicia de bolsillo. 24. Crear y crear fuentes de empleo y riqueza. 25. Reducir el costo país. 26. Renegociar TLC y aumentar aranceles y el gasto público. 27. Los trabajadores también deben ser ganadores. 28. Reforma democrática a la salud. 29. Educación pública y privada. 30. Pactar también propuesta ambiental. 31. Mejorar el crédito. 32. Defender también a los transportadores. 33. Contra el maltrato a las mujeres y demás agredidos. 34. También defenderemos la cultura. 35. Este país sí tiene arreglo y el sol debe brillar para todas y todos.

Saludos

Muy buenos días, Catalina, muchísimas gracias por este impresionante evento que se está realizando. Un saludo muy especial para empezar a Juan Manuel Ospina, nuestro querido presidente nacional de Dignidad, y estoy seguro de que lo va a hacer supremamente bien. Saludar también a Alba Luz Pinilla, nuestra querida vicepresidente de Dignidad, un saludo muy cariñoso, mi respeto y respaldo a una actividad de mucho tiempo en la lucha política. A Gustavo Triana, nuestro secretario general, sin quien no hubiera sido posible el éxito que hoy estamos celebrando, el de la construcción de este nuevo Partido. Al Comité Ejecutivo, a su junta nacional, a todos ustedes compañeras y compañeros delegados de este gran y magnífico Primer Congreso de Dignidad.

Un saludo muy especial y lleno de cariño a Leonidas Gómez, quien fue nuestro primer presidente de Dignidad, mi amigo de muchos años, con una trayectoria que quiero resaltar hoy aquí. Leonidas ha sido un empresario muy exitoso en Bucaramanga, capital del departamento que él quiere tanto, Santander, y al mismo tiempo siempre ha participado en la lucha democrática, pendiente de ella y acompañando los reclamos ciudadanos, y en los últimos años ha hecho un esfuerzo inmenso para vincularse más activamente y con mucho éxito a la lucha política en Santander. Lo veo como un portaestandarte de la organización que estamos construyendo.

Un saludo también a mi familia, a Carmen, mi pareja de toda la vida, a Natalia y a Julián, mis hijos muy queridos, a Martín, esposo de Natalia, una persona muy especial, a mis bellísimas nietas, Alicia y Lucía, a quienes ustedes conocen, a mis hermanos, Victoria Eugenia y Carlos Alberto.

Un recuerdo muy especial en un día tan importante como este, el de la creación de Dignidad, a Carlos Gaviria Díaz, ese demócrata, ese patriota, ese valeroso colombiano que tantas enseñanzas positivas le dejó a nuestro país, marcando en él una huella imperecedera y que pronunció una frase memorable, y es el momento de reivindicarla con toda la fuerza porque está en el espíritu de lo que estamos construyendo: “La dignidad es a las personas lo que la soberanía a los países”. Y un día me lo comentaba en privado y me decía, Jorge Enrique, persona o país que pierden la dignidad lo pierden todo, persona o familia o país o sector social que pierda la dignidad lo pierde todo. País que pierda la dignidad pierde su soberanía y lo pierde todo. Es el mensaje con el que quiero empezar mi intervención.

Vencer con el mayor pacto nacional

Al mismo tiempo decirles, mil gracias por este honor, que valoro muchísimo. Cuenten, compañeras y compañeros, que haré todos mis esfuerzos para que la decisión que hemos tomado culmine con éxito. Y con éxito significa que vamos a ganar con nuestra propuesta la jefatura del Estado, la Presidencia de la República de Colombia, a partir de un hecho complejo, pero que nos asegura el buen suceso, y es el de unir a los colombianos en pro del proyecto que estamos planteando. Será la más grande unidad que haya existido en la historia de Colombia y para hacer cosas buenas, no para hacer desvergüenzas, cómo han sido casi todas las unidades que aquí se han promovido. Va a ser una inmensa unidad que nos permitirá gobernar como se debe, con las mayorías nacionales respaldando la obra de gobierno, con miras a hacer los cambios claves y democráticos necesarios para empezar la transformación de nuestra querida Colombia.

En esta intervención me propongo tratar tres temas diferentes. Haré unas referencias a Dignidad, qué es el partido que constituimos y de dónde sale tanta importancia como la que le damos. El segundo término voy a hablar de la Coalición de la Esperanza, que como ustedes saben, también estamos construyendo, un proyecto que ha sido respaldado por este Primer Congreso Nacional. Y en tercer término, pasaré a referirme a nuestra propuesta programática.

Dignidad y democracia

Qué nos congrega en Dignidad. La primera idea que nos reúne es la conciencia de que este es un proyecto colectivo, un proyecto plural cuya construcción no se inspira en la idea del caudillo. Desde que empezó la modernidad, hay en política un debate entre organizaciones, partidos o caudillos. Nosotros somos de la idea de que lo que necesitan las sociedades para avanzar, lo auténticamente moderno y civilizado, son las organizaciones, los partidos políticos, con programa y estatutos, en los que todo el mundo sabe a qué atenerse y cuáles son sus deberes y cuáles sus derechos. Alguna gente señala, y con razón, que dirigir colectivamente, dirigir en democracia, es más complicado y trae más problemas que otras formas de dirigir. Y estoy de acuerdo. Pero la dirección colectiva y en democracia es la que mejor les garantiza sus aciertos a la sociedad y a las organizaciones.

No compartimos la idea del caudillo, entre otras cosas, por una mala noticia que se les dio hace mucho tiempo a los colombianos, y es que Supermán no existe. Lo más parecido a Supermán en la idea de transformar a la sociedad es la lucha ciudadana, la lucha democrática, la participación de todos los habitantes de una nación en favor de su progreso, organizados de la mejor manera en partidos políticos, en los que todo el mundo sepa cuáles son sus derechos y cuáles son sus deberes. Porque los partidos, además, son los únicos que pueden garantizar que un programa de construcción de un país se desarrolle a lo largo del tiempo, pero no del tiempo de un par de años, sí de lustros, de décadas, de siglos, incluso. Si ustedes miran a los países que han tenido éxito, lo conseguido ha sido el esfuerzo conjunto de mucho tiempo a partir de organizaciones que van desarrollando sus ideas, con distintos jefes de Estado y distintos dirigentes. Es la idea que nos inspira, la idea más avanzada, la única capaz de transformar de verdad a Colombia y el mundo.

Bienvenidos los colombianos de todos los orígenes, bienvenidos, claro, quienes han militado en las organizaciones que se han llamado de izquierda, todos bienvenidos a este proyecto. Pero bienvenidos también quienes vienen de las filas del Partido Liberal o del Partido Conservador o de otros sectores, todos, bienvenidos a este proyecto. Nuestro proyecto es más sobre el presente y el futuro que vamos a construir, que sobre las distintas controversias y debates que ha habido sobre la mesa.

Juan Manuel Ospina

En ese sentido quiero exaltar que nuestro presidente, el presidente de Dignidad, sea mi querido amigo y también compañero ya de varias luchas, Juan Manuel Ospina, que como lo sabemos, tiene origen político distinto al mío y al de muchos de nosotros. Y lo exalto, porque estoy seguro de que él va a hacer los mejores esfuerzos y a lograr los mayores aciertos en la consolidación de nuestra propuesta y de nuestra organización, a la que le doy una importancia decisiva. Conocemos a Juan Manuel, conocemos sus puntos de vista, conocemos su capacidad de estudio, su gran formación académica, su vocación de servicio a Colombia y la capacidad inmensa que reúne de enviarle un mensaje a sectores muy amplios, a los que necesitamos para poder sacar adelante el proyecto como tal y también para poder sacar a Colombia adelante. Y me refiero específicamente a todo lo que él puede hacer para convencer a los empresarios colombianos de que el nuestro es de verdad su proyecto, que aquí no hay juego escondido en la manga, ni viveza oculta. Es una propuesta que se está haciendo con la mayor transparencia y todo lo que estamos diciendo es para cumplirlo, porque obedece a nuestras profundas convicciones. De otra manera, estoy seguro de que ni Juan Manuel ni yo estaríamos juntos en este esfuerzo, porque somos gente de juego limpio y de mostrar las cartas por encima de la mesa.

Dignidad es un proyecto de unidad

Cuál es el programa de Dignidad, porque me acabo de referir a la parte organizativa, estatutaria. Su propuesta principal, y hay de por medio muchos detalles, hoy no voy a tener tiempo de desarrollarlos, consiste en unir en Dignidad a la más amplia coalición, a la convergencia de las distintas clases sociales que conforman a Colombia. Y a partir del esfuerzo de Dignidad, propiciar unidades todavía mayores, acordándonos con otros sectores de distintos orígenes organizativos, pero con los que podemos coincidir en beneficio de Colombia.

Quiero dejar planteados desde ya dos o tres criterios para que no se llamen a confusión, ni le abramos el campo a la mentira. Una propuesta primera, clarísima, no vamos a estatizar la economía nacional. Nuestra propuesta no se dirige contra la economía privada ni contra la propiedad privada de ningún colombiano. En segundo término, es una propuesta que rechaza, como lo he hecho yo y lo hemos hecho nosotros a lo largo de la vida, el uso de la violencia para tramitar cualquier diferencia entre los colombianos. Rechazamos el asesinato y todas las atrocidades que pueden cometerse en torno a la violencia e incluso rechazamos la destrucción de la propiedad pública o privada como manera de reivindicar algún reclamo. Son actitudes que no contribuyen positivamente al desarrollo de las luchas sociales.

Al mismo tiempo, es una propuesta contraria al statu quo, contraria a las propuestas de los mismos con las mismas y una propuesta de transformación democrática de Colombia, pero de transformación. Porque nos une también la idea de que Colombia está supremamente mal. Un primer criterio que nos une, lo voy a desarrollar más adelante, pero lo quiero dejar planteado como el pegante de lo que queremos hacer en esta gran diversidad de clases sociales, es el de crear fuentes de empleo, crear fuentes de empleo y crear fuentes de empleo. Llamo la atención en que estoy haciendo hincapié, no en crear empleo sino en crear fuentes de empleo, porque los empleos aparecen allí donde hay una decisión de algún colombiano o colombiana, sea campesino, indígena, empresario, de promover una inversión en el agro, en un desarrollo industrial, en el comercio o en el transporte, porque es ahí donde aparecen los empleos.

El criterio expuesto nos manda un mensaje clave, y es que, no obstante las diferencias existentes entre los asalariados y sus patronos, ambos tienen una coincidencia inmensa, y es la de facilitar y consolidar el éxito de las unidades productivas, de los desarrollos económicos, sin los cuales tampoco es posible construir el país.

Estoy haciendo una afirmación aún más directa. La propuesta que planteamos permite hacer coincidir y defender al mismo tiempo los intereses de los asalariados, los intereses de las clases medias y los intereses de los empresarios que están por el progreso de Colombia. Lo quiero dejar estrictamente planteado, enfáticamente planteado, desde este primer momento de la intervención.

En Dignidad no todo vale

El tercer aspecto que quiero plantear en relación con Dignidad apunta a hacerles ver cómo somos los de Dignidad, qué aspiramos a ser, qué soñamos con ser, digo yo como personas, como miembros de la sociedad. Tenemos las mejores propuestas. Pero en este momento no me voy a referir a ellas. ¿Qué aspiramos a ser? Nos esforzamos por ser las mejores personas, gentes buenas personas, que partimos de la idea de que en política no todo vale, que hay decisiones que no tomamos y actos que no cometemos bajo ninguna consideración, aun a riesgo de ser derrotados. Dejemos clara una advertencia. No todo el mundo cabe en Dignidad. Quien adopte una actitud de matonería, por ejemplo, no es bienvenido a nuestra organización, lo digo con franqueza. No puede ser defendida Dignidad ni puede ser defendida la candidatura de Jorge Enrique Robledo a la Presidencia la República recurriendo a prácticas que consideramos indeseables.

Nosotros somos auténticos voluntarios, es lo que nos inspira, actuar en política con vocación de servidores públicos. Nosotros puestos al servicio de lo público y no al revés. Luchadores por el bien común, es lo que nos inspira, y sobre eso es que trabajamos, y además auténticos patriotas, en el mejor sentido de la palabra, colombianos que amamos a Colombia y sentimos que hemos adquirido responsabilidades con ella y estamos dispuestos a hacer sacrificios por ella, incluso, de ser necesario, como personas, en beneficio del progreso del país.

Nosotros no somos negociantes de la política, no traficamos con nuestras convicciones, mucho menos auspiciamos o participamos en ningún tipo de andanza corrupta. Y ojo, nuestra idea de la política no es tomar ciertas medidas como esas que les aseguran al mal gobernante y a sus conmilitones la solución de sus problemas para aislarlos de la desgracia nacional. Siempre echo esta ironía. Si hubiera más franqueza en Colombia, habría partidos en los que un vecino cualquiera se acercaría y le preguntaría al dirigente, oiga, doctor, en qué consiste esta organización y a mí qué me pasa si me entro. Y el doctor le diría, mire, caballero, aquí le aseguramos que hacemos lo que sea para ganar, lo que sea, y una vez ganemos, esté usted seguro de que vamos a gobernar de la peor manera, pero eso sí, a usted, mi querido conmilitón, mi querido compinche, le aseguro que las cosas le van a salir bien. Bueno, eso no es lo que nos inspira a nosotros, no es lo que representamos en Dignidad.

Coalición para vencer en 2022

Miremos, como otro aspecto, el tema de la Coalición por la Esperanza que estamos constituyendo. Ya se saben cosas, pero las voy a repetir. Venimos trabajando ya desde hace días, y voy a dar algunos nombres para ilustrar de qué se trata. Hemos estado reuniéndonos, de manera muy juiciosa y con mucho éxito, con Humberto de la Calle, Juan Manuel Galán, Juan Fernando Cristo, Ángela María Robledo, Sergio Fajardo y los distintos directivos de la Alianza Verde, porque ellos todavía no tienen definición precisa sobre candidatos presidenciales. En compañía de Alba Luz Pinilla, he venido participando en el proceso de construcción de una alternativa política en Colombia para el 2022.

Les adelanto una buena noticia. Ayer hubo reunión de la jefatura de la Alianza Verde, con poder para decidir, y por unanimidad, por unanimidad, despejando cualquier duda, decidieron participar en esta convergencia, en la Coalición por la Esperanza, acatando las reglas del juego y las convicciones que hemos decidido conjuntamente. El hecho es bien importante para el éxito de nuestro objetivo común.

¿Cuál es el objetivo de lo que estamos construyendo? Uno obvio, lograr que no nos vayan a reelegir a Duque en cuerpo ajeno. ¿Más Duques, otro como Duque? No, este país no resiste tanta desgracia Y es lo primero que se va a resolver en las elecciones de 2022, si va a aparecer algún dedo poderoso y mágico, experto en equivocarse, para imponernos a otro Duque. Es lo que no vamos a permitir en la convergencia que estamos armando.

¿Y cómo van a ser las cosas? Bueno, lo primero, y ya hemos avanzado mucho, nos vamos a unir en torno a un programa que incluye las enormes diferencias que tenemos con este gobierno, pero también nuestras propuestas. Hemos avanzado ya mucho. El 22 de abril, fecha en la que vamos a hacer la presentación en sociedad de nuestro proyecto, inclusive con el nombre definitivo, aspiramos a presentar una serie de documentos que muestren que se trata de una alianza programática, sobre la base de concepciones programáticas muy bien planteadas, no de un asunto de conveniencias. Y nos proponemos acordar formas de funcionamiento para decidir, por consenso ante todo, como fórmula fundamental para ir tomando las distintas decisiones que nos permitan, no solo consolidar lo ya avanzado, sino inclusive ampliarlo a los nuevos sectores que lleguen después.

En específico, de qué se trata el asunto. En las elecciones de marzo de 2022, vamos a participar con listas unificadas al Senado y a la Cámara. Es una de las decisiones. Y en marzo de 2022, vamos también a pedirles a los colombianos y a las colombianas que voten por uno de nosotros para escoger quién será el candidato o candidata de la convergencia a las elecciones de mayo de la primera vuelta. Con el propósito, muy probable, estamos muy optimistas, de que una o uno de nosotros pasará a la segunda vuelta presidencial y de que con nuestra propuesta estamos en condiciones, con todas las posibilidades, de ganarle a quien haya puesto la Casa de Nariño. Porque al final es una batalla en buena medida contra la mermelada de la Casa de Nariño, contra los mismos con las mismas, contra los que han mal gobernado a Colombia desde hace tanto tiempo y que pretenden seguirse imponiendo en beneficio de intereses contrarios al interés de la nación.

Cuenten con que haré todos mis esfuerzos, todos debemos hacerlos, para que sea Jorge Enrique Robledo quien pase a la primera vuelta y después a la segunda, y que ganemos la jefatura del Estado. Pero también lo digo con toda claridad, porque es nuestro compromiso y la política se hace con honradez y con decencia: si la decisión fuese otra, estaremos allí como soldados de la causa de la Coalición promoviendo el otro nombre, para pasar a la segunda vuelta y ganar la Presidencia de la República en las elecciones de 2022.

Colombia está muy mal, y empeorando

Cuáles son las razones de fondo que nos agrupan en Dignidad y en el proyecto de la convergencia. Voy a detenerme en algunos aspectos. Lo primero es que no nos gusta la Colombia que vemos. No porque no veamos la inmensa belleza y riqueza de nuestro territorio, no porque no veamos la inmensa calidad humana, superlativa, de primerísimo nivel, de los colombianos y de las colombianas, ni tampoco porque no veamos que existen cosas positivas y de progreso que hay que defender y que me he pasado defendiendo y protegiendo a lo largo de mi vida. En buena medida, nuestra lucha contra los TLC es cuidando lo que tenemos. Amamos lo que tenemos, así no sea de nuestra propiedad personal. Y nos duele cuando las cosas se desbaratan en Colombia.

Dejado claro lo anterior, también decimos que el aspecto principal de la Colombia que vemos, de la Colombia que vemos a través de los ojos de los débiles, no es el progreso, el pleno empleo, el alto nivel de vida, la cero corrupción, los altos salarios, el alto nivel científico y de desarrollo. No. Y eso es lo que nos tiene en la oposición, que no nos gusta la Colombia que vemos. No nos molesta, y en esto quiero ser enfático, que a alguien le vaya bien, no le deseo mal a nadie, me alegra que a algunos les vaya bien. Lo que sí nos irrita y nos moviliza y nos tiene luchando es ver a tantos hombres y mujeres, niños y ancianos, gente de todas las condiciones sufriendo lo indecible, tragándose el trago amargo del atraso, del subdesarrollo, de la pobreza, del desempleo, de la corrupción y de la violencia en la que han convertido a nuestra querida Colombia. Ese es nuestro pleito y por eso estamos en esta lucha. 

Nos irritan el desempleo y la pobreza, nos irrita también la desigualdad social. Cómo así que Colombia está entre los cinco países del mundo más desiguales, socialmente hablando, y ni siquiera una realidad tan dura conmueve el debate nacional. Cómo así que Colombia es un país con cada vez menos oportunidades, porque oportunidades es lo mínimo que ha de propiciar la modernidad. En el feudalismo, antes que aparecieran la modernidad, el capitalismo y la economía de mercado, se nacía en cuna de oro y con todo a la mano si se tenía sangre azul, y así el personaje fuera vago, indeseable, zángano, se vestía con oropeles, pero no contribuía positivamente al progreso. Y por eso fue que la aristocracia terminó perdiendo el poder.

Hasta la educación al servicio de la desigualdad

Pero se supone que la base del mundo moderno es la igualdad de oportunidades. Es la vieja frase de la Constitución norteamericana, que todos nacemos iguales, y, en tal sentido, la sociedad debe propiciar que haya desarrollo igualitario para que sea el esfuerzo individual el que termine marcando las diferencias. Pues bueno, en Colombia es tal la regresión en la que nos encontramos, que han ido apareciendo nuevas sangres azules.

Voy a poner un solo ejemplo. Se supone que si en una economía de mercado hay un rasero unificador, de signo democrático, es la educación, que los hijos de los pobres que sean tan inteligentes como los hijos de los ricos o más, lleguen a educarse bien para poder cambiar su condición social y para que haya movilidad social. ¿Y qué es lo que ha venido apareciendo en los últimos años con la privatización de la educación? Que aquí la nueva sangre azul está haciendo la diferencia. Aquí todos los ingenieros no son iguales ni todos los médicos son iguales ni los arquitectos ni los abogados. Depende de lo que diga el cartón. Sí somos iguales, dirán ellos, pero es que hay unos más iguales que otros. Un presidente de Colombia se ufanaba de que su gabinete era como un aula de una determinada universidad del curubito. Lo dijo en público un jefe del Estado, y la frase no conmocionó al país. La educación convertida en un instrumento de las roscas y de la desigualdad y de la mediocridad fue uno de los lastres que hundió al régimen feudal. Porque claro, los filipichines adornados como payasos no gobernaban por sus capacidades, sino por hacer parte de la rosca.

Lo peor de la inmensa corrupción

Pegado a la desigualdad, nos irrita la profundísima corrupción nacional. Es una vergüenza. Al país lo han ido convirtiendo en una ladronera. Con un agravante que quiero enfatizar, y es que no es para promover el desarrollo y el progreso, el crecimiento verdadero del país, sino para sostener el atraso. Y entonces aquí estoy haciendo hincapié en una idea que tenemos que popularizar porque es el centro del debate nacional. No es cierto, mienten también quienes nos gobiernan, que en el mundo existe un solo capitalismo, una sola economía de mercado. No. Hay por lo menos dos, la de los países más avanzados, la de los países que ponen la inyección en el mundo de la globalización y la de los países a los que nos la ponen, en suma, los países ganadores y los países perdedores. Y a Colombia nos la metieron en el campo de los perdedores. Es un punto en el que no podemos confundirnos. Y es lo que explica por qué sí es factible unirnos con los más diversos sectores de la vida nacional para desarrollar el país y algún día acercarnos o incluso igualar y superar a los países más exitosos.

El desempleo destapa las verdades

Lo podría explicar de muchas maneras, pero me voy a concentrar en un par de ejemplos, simplemente para ilustrarlos. Y en lo primero que me voy a concentrar es el aspecto principal que está en la base de todas nuestras tragedias y sus desdichas. Miremos el caso del desempleo. Digamos además que el desempleo del que voy a hablar ya estaba antes de la pandemia. Voy a mostrar cifras de antes de la pandemia, porque es mentira el otro cuento que nos quieren meter y que a cada rato oigo de boca de los duquistas, decir, con toda falacia y todo cinismo, tan de malas el doctor Duque, tan bien que llevaba el país, iba como un jet, disparado para el cielo, tanto que ya casi se parecía a Alemania, y tan de malas el pobre que le sale la pandemia, y entonces se dañaron las cosas. Falso. Todos los indicadores demuestran que el país ya era un desastre en febrero del año pasado, con Duque, y en el gobierno anterior y en el anterior y en el anterior, porque al país no le ha ido bien nunca. Colombia ha oscilado entre lo muy malo y lo peor.

Miremos el caso del desempleo haciendo una advertencia. Si sumamos los desempleados abiertos y maquillados que registran las cifras del DANE, o sea, los desempleados y los inactivos, nos da doce millones de compatriotas. Si contamos los colombianos obligados a irse al exterior porque no consiguieron trabajo en los últimos años, son otros cinco millones. Creo que no hay colombiano que ignore cuánto son los venezolanos que han salido del hermano país porque las cosas allí no están nada bien, pero les cuento que son bastante más los colombianos que han salido de aquí y de los que nadie habla, colombianos que debieron emigrar al no haber podido conseguir empleo y que en los países adonde llegaron a residenciarse han cobrado fama de ser los mejores trabajadores. 

Además, la mitad de los que sí aparecen registrados en las cuentas del DANE son informales. En la casi totalidad de los casos, informalidad es sinónimo de empleo precario, de falta de prestaciones, de condiciones laborales inhumanas. La situación está tan mal que antes de la pandemia apenas cotizaba para pensiones el 30% de los trabajadores. Y este es el país de las maravillas, según nos dicen los duquistas, el país que Duque y el duquismo y quienes respaldan a la Casa de Nariño quieren reelegir en el 2022 y perpetuar. Ese es el gran debate. A ellos les parece que el país marcha muy bien. Inclusive nos lo andan martillando por estos días. No, senador Robledo, es que a ustedes no les gusta nada, es que ustedes lo critican todo, pero el país anda muy bien, tengan paciencia, tengan paciencia y entiendan al doctor Duque.

El desempleo es efecto y causa del subdesarrollo

El desempleo no es sólo un inmenso sufrimiento social. Probablemente la peor desgracia de una persona o una familia sea el desempleo, no tener acceso a nada de los elementos que brinda la modernidad, de tal modo que hasta el menor incidente se le termina volviendo un problema mayor. En lo que me voy a detener es en el otro aspecto de la tragedia y sobre el cual en Colombia poco o nada se habla. Y es el siguiente: un país de desempleados es un país sin futuro, un país en el que a algunos nos podrá ir más o menos bien o bien, pero el país en su conjunto está condenado a fracasar. Se puede demostrar hasta la saciedad. Si ustedes comparan los países exitosos en el mundo de la economía de mercado y los que no lo son, como Colombia, ahí van a encontrar una diferencia fundamental. Lo explico recurriendo a mi experiencia de profesor.

Nos ocultan que el ciento por ciento del progreso tiene origen en el trabajo, en el empleo, en el trabajo simple y en el trabajo complejo. Qué es un edificio, trabajo acumulado. Qué es un vehículo o un teléfono celular, trabajo acumulado. Qué es un libro, trabajo, un instrumento musical, una guitarra, los computadores en los que estamos hoy, las ciencias sociales, los conocimientos de derecho, de filosofía, de antropología, todo es trabajo.

Entonces cuando un país no es capaz de darle trabajo a su gente, ha perdido la principal riqueza de una nación. ¿Dónde radica la base del gran poderío chino, cada vez mayor? En las transformaciones titánicas que hicieron desde mediados del siglo XX para industrializar a su país, pero su fuerza, su retaguardia fundamental y estratégica tiene que ver con el infinito número de chinos trabajando, produciendo riqueza, creando desarrollo para su país e incluso para el mundo entero.

Si lo perdemos de vista, si no lo entendemos bien, no entendemos nada. Pero ilustrémoslo de otra manera para que se comprenda mejor y lo hago a manera de ejercicio aritmético. Imaginemos que para los doce millones de compatriotas desempleados, no contemos a los que ya se fueron, lográramos cambios económicos y que por fin esos doce millones estuvieran trabajando. Pues con esos doce millones de hombres y mujeres podrían construirse 230 mil nuevas empresas con cincuenta trabajadores en promedio, o sea, empresas de cierta prosperidad y de cierto desarrollo. Y con los doce millones de colombianos trabajando habría 230 mil nuevos empresarios. Si cada uno de los doce millones de trabajadores ganara el salario mínimo, quiere decir que, por salarios, las empresas pagarían casi diez billones de pesos más al mes. ¿Se imaginan cuánta prosperidad suponen diez billones de pesos de gastos más al mes? Cuántas nuevas empresas, cuántos nuevos empleos, cuánta nueva riqueza aparecería, inclusive cuántos nuevos impuestos. Y simplemente lo hago como un ejercicio que sirva de llamado a los empresarios a fin de que entiendan que ellos también son víctimas del desempleo, que ellos también son víctimas de las malas políticas económicas, que ellos también son víctimas del subdesarrollo y que en buena medida es lo que explica por qué es tan difícil tener éxito en la economía empresarial. En Colombia es casi un milagro lograr éxito en la constitución de una empresa.

Han gobernado contra el desarrollo

Y esto nos pasa, compañeros y compañeras, cuando ya hace 200 años, desde la Revolución Industrial, aparecieron la teoría y la práctica que ilustran cómo desarrollar un país en cualquier sitio del mundo. Y justo los países que han hecho lo que en su tiempo dejaron claro Smith y Ricardo y los demás, y que han insistido en las protecciones han desarrollado su economía, han creado más riqueza, más empleo, más desarrollo científico. Ya está sabido de hace siglos. Es mentira que no se sepa cómo se desarrollan los países, mienten quienes lo afirmen. Han surgido dos últimas experiencias relativamente recientes. Corea y China en 1950 eran países bastante más atrasados que Colombia, y Colombia era atrasadísima, entre otras razones porque venían de unas guerras bárbaras, brutales, y ambos habían sido invadidos por las potencias imperialistas. Y hace 50 años tomaron una serie de decisiones políticas, porque las decisiones fundamentales en materia de desarrollo económico fueron las mismas, con esta advertencia, uno con un tipo de modelo político y otro con uno muy distinto. Y ahí van, no voy a decir que sean perfectos, ni mucho menos, y Colombia tendrá que encontrar su propio camino hacia la prosperidad. Pero lo cuento como una anécdota para que se sepa de qué es de lo que estamos hablando. Les insisto, cómo se desarrollan los países es del abecé del conocimiento universal.

¿Por qué Colombia es tan subdesarrollada?

Aquí aparece entonces una pregunta. Si se conocen la teoría y la práctica, y en todos los idiomas, porque hay desarrollos en inglés, en alemán, en italiano, en francés, en japonés, por qué Colombia sigue sumida en el profundo atraso y el subdesarrollo, como nos lo ilustran de manera irrefutable la inmensa tasa de desempleo y el enorme rezago en el desarrollo científico y técnico, en la infraestructura, en absolutamente todo. ¿Cuál es la explicación? No hay sino dos teorías, y lo repito mucho, la teoría de quienes nos gobiernan, de las fuerzas reaccionarias, de los enemigos del progreso, conscientes o no, que dicen, no, senador, cómo se va a desarrollar Colombia, si este es un país donde a los pobres y a la gente que no tiene éxito no les gusta trabajar, son vagos, y brutos, y perezosos. Y no faltan quienes incluso se inventan supuestas teorías antropológicas en relación con nuestros antepasados y de dónde vienen nuestros ancestros, como si los exitosos tuvieran orígenes étnicos distintos.

Ocultan que cinco millones de esos supuestos vagos y perezosos que en Colombia no permiten el desarrollo se han ido a los cinco continentes y allí han cobrado fama de ser de los mejores trabajadores del mundo. Luego es falso echarle la culpa a la gente, a los trabajadores, a los campesinos, a los indígenas, a los propios empresarios, a los que también pintan como vagos, y aquí no faltan los que aplauden cuando se cierra una empresa, fruto del mucho lavado de cerebro que les han hecho las concepciones neoliberales.

La otra explicación, la correcta, es la nuestra: lo que nos sucede es que hemos sido mal gobernados. Nuestros pésimos gobernantes adolecen de todos los defectos, pero el peor es que nunca han intentado desarrollar a Colombia. Nunca han intentado hacer de nuestra economía de mercado lo que sí han hecho los países que han tenido el éxito que aquí nos ha sido negado. Ningún gobierno se ha propuesto desarrollar a Colombia. Y desde 1990 para acá, peor, porque la masacre contra el progreso nacional, la destrucción del aparato productivo colombiano, fue evidente, descarada, con un problema para ellos, que aquí hubo unas cuantas voces de personas del establecimiento y de la oposición, como nosotros, que les dijimos desde 1990, van a acabar de destruir a Colombia. El “bienvenidos al futuro” de César Gaviria no es un salto al futuro sino al pasado. Advertimos, nos van a hundir cada vez más en el subdesarrollo, nos van a especializar cada vez más en la producción de materias primas agrícolas y mineras, van a negar la industrialización del país, van a negar el desarrollo científico-técnico, van a golpear nuevamente el empleo, van a acabar de empobrecernos, van a concentrar más la riqueza, van a endeudar a Colombia hasta reventarnos, van a aumentar la desigualdad, todo eso se los dijimos, ahí están los artículos, ahí están mis conferencias, mis libros, he publicado en este lapso más de 1.300 artículos en el diario La Patria y hecho 150 debates de control político en el Congreso, muchos de ellos sobre la tragedia de los últimos treinta años. Y ahí están los hechos. Pasamos de importar 500 mil toneladas de productos agropecuarios y vamos en 14 millones, y estos descarados siguen promoviendo nuevos tratados de libre comercio. Ahí está sentenciada a muerte la ganadería de leche y sentenciada a muerte la producción de arroz y, de carambola, amenazados también el azúcar y la panela y, quién lo creyera, hasta la propia palma aceitera. Si se consolidan los tratados de libre comercio con Asia, la masacre casi que va a ser del ciento por ciento. Y para engañar a la gente del agro los retan y les dicen, ustedes lo que son es un poco de vagos y de perezosos, produzcan uchuvas, aguacates, que con eso vamos a salir adelante. ¡Háganme el favor!

Y el desastre de la industria si se quiere ha sido peor. Lo que pasa es que la contabilidad no es tan fácil de evidenciar como en el caso del agro. El retroceso industrial ha sido peor y en él estamos todavía. Y el doctor Duque está dedicado a hacer la tarea de acabar la industria, con un agravante. Duque se consiguió los votos de todos los confeccionistas prometiéndoles que iba a subir los aranceles a las importaciones asiáticas. Cosa que puede hacer porque inclusive lo autoriza la Organización Mundial del Comercio. ¿Y saben qué pasó? Que apenas se montó en la Presidencia les hizo pistola, puso de ministro a un agente de los importadores y de la producción extranjera, de forma tal que no les cumplió nada de lo prometido. Y cuando los productores nacionales se las ingeniaron para incluir los aranceles en una ley de la República, Duque y su cuadrilla de ministros se amangualaron con los importadores y los contrabandistas y los productores extranjeros en contra de la producción nacional. Y ahí siguen en la manguala.

La última hazaña del doctor Duque y de doña Martha Lucía Ramírez sucede en la pandemia. Apenas se supo que se iban a necesitar tapabocas por millones, los dos salieron y les dijeron a los confeccionistas colombianos, compren equipos, compren materias primas, contraten trabajadores que ahí se abre un potosí. Y qué pasó, que mantuvieron las importaciones abiertas de confecciones de China, que el año pasado aumentaron en el 4.000%, hasta septiembre, porque no hay datos hasta diciembre. Cumplieron la promesa de dar trabajo y producción, pero no en Colombia, sino en el exterior. No sorprende entonces que antes de la pandemia ya estuviéramos sumidos en el desastre.

También falla el sistema de salud

Miremos otros asuntos que explican lo mal que está Colombia. El sistema de salud. No me voy a detener mucho porque sobre el tema se ha hablado con suficiencia en lo que llevamos de pandemia. Pasó lo que era obvio que iba a pasar, que la pandemia nos iba a golpear más duro que a otros países por el desempleo, la informalidad y el subdesarrollo y porque el sistema de salud no era adecuado para enfrentar un reto de semejantes proporciones. El caso de las vacunas clama al cielo, porque muestra cómo es la concepción de los globalizadores. Prueba que la pandemia no los ha conducido a transformar para mejor la sociedad, sino a aprovecharse de la desgracia para seguir imponiendo la globalización neoliberal contra el progreso de Colombia y de los países pobres. Y lo más lamentable es ver al doctor Duque, al presidente que se supone que representa a los colombianos, convertido en la alcahueta de las trasnacionales. Ni siquiera fue capaz en una reunión de la OMC de unirse a las voces democráticas del mundo que pedían tratar las vacunas como un bien público y no como el simple negocio de una trasnacional. Llegó al colmo de firmar no sé cuántos contratos con los precios ocultos. Lo último que se está imponiendo en la corrupción nacional es que la plata de los colombianos se la gastan los gobernantes a las escondidas, secretamente, pero no como un secreto absoluto, porque las trasnacionales saben cómo fue el negocio, los comisionistas colombianos saben también cómo fue el negocio y la alta burocracia del Estado también lo sabe. Pero es tan malo el negocio que les da vergüenza que los colombianos sepamos cómo se pagó.

Y ni qué decir del maltrato a los trabajadores de la salud. Ha sido ignominioso como han tratado a los médicos, a las enfermeras, a los camilleros, a todos los trabajadores de la salud, que se han jugado su vida y su pellejo como ejemplo de buenos colombianos y colombianas, dando ejemplo de valor civil y de patriotismo cumpliendo con sus deberes y padeciendo al lado un gobierno indolente, incapaz de tomar las medidas que ha podido tomar en la emergencia económica para mejorarles sus condiciones.

No más impuestos a pobres y clases medias

Y miremos la reforma tributaria, que también nos orienta para explicar por qué estamos en contra del gobierno. Ya nos lo dijeron, 25 billones de pesos de nuevos impuestos, que se suman a los otros muchos billones de pesos que aprobaron en la reforma tributaria anterior, y casi todos impuestos a los pobres y más impuestos a las clases medias a las que pretenden presentar como los ricos de Colombia. El fraude ideológico completo. Muy a la medida del doctor Carrasquilla, a quien le pusimos sus cueros al sol después de haber utilizado su poder para hacerles daño a 117 municipios pobres de Colombia y a quien Duque puso en el cargo a sabiendas de lo que era. ¿Y saben qué le costó a Duque el descaro? Que nunca más pudo volver a decir que en su gobierno los pillos iban a pagar, porque lo que ha quedado claro es que en este gobierno los pillos no pagan.

Otra cosa más sobre la reforma tributaria que se nos viene encima. Les ocultan a los empresarios que no puede haber desarrollo empresarial si no hay capacidad de compra, si a los pobres y a las clases medias les siguen sacando la plata del bolsillo, porque ¿a quiénes les van a vender sus productos las empresas, en especial las pequeñas y las medianas? Claro, hay unas tan poderosas, las transnacionales y los monopolios, que no padecen la misma necesidad que sí urge a la pequeña y la mediana industria de contar con compradores nacionales de los sectores populares y de las clases medias. La reforma tributaria también es entonces contra las pequeñas y medianas empresas nacionales por la vía de dejarlas sin demanda, sin capacidad de compra.

Y lo último que empecé a denunciar desde la semana pasada, algo como increíble, de los 25 billones de pesos que piensan recoger para el año entrante, ya decidieron gastarse 14 billones de pesos en aviones de guerra internacional, poderosísimos F-16 que Colombia no necesita, porque no enfrenta ningún pleito. Lo único que justifica la compra son los intereses de las trasnacionales gringas que los producen y las comisiones de los intermediarios colombianos. Que no vengan con el cuento de que la reforma tributaria es para favorecer a los pobres en la pandemia, paja, y esto de los aviones es particularmente irritante. ¿Pero saben qué es todavía más irritante? El tapen-tapen sobre el tema. No hay poder en Colombia que hable sobre los aviones de guerra y los 14 billones de pesos. Lo mantienen absolutamente escondido. Solo lo mencionamos nosotros los de la oposición.

Corrupción, subdesarrollo y democracia

Y sumémosle la inmensa corrupción, una corrupción que no es de manzanas podridas ni de ovejas descarriadas, una corrupción que es sistémica, porque hay entronizado un sistema de corrupción mandando en Colombia. Lo han reconocido algunos de los mismos con las mismas, una corrupción originada en el Frente Nacional, cuando se amangualaron el Partido Liberal y el Partido Conservador y montaron una dictadura bipartidista de varias décadas. Un pacto con tres fines muy conocidos, enriquecer a unos cuantos privados, particularmente trasnacionales, enriquecer a políticos y burócratas corruptos que sirvieron de alcahuetes a sus malas políticas y mantenernos en el subdesarrollo. El atraso fue el corolario, mantenernos en el subdesarrollo, que Colombia no hiciera lo que estaban haciendo otros países, como Corea y China, para progresar. Allá decidieron modernizarse, con una u otra concepción política, y aquí resolvieron dejarnos en el atraso. 

Pero lo peor de la corrupción privada y pública y, por supuesto, electoral, ¿saben qué es? Que ha engendrado un tipo de democracia como infernal, como concebida en el infierno, porque lo mínimo en democracia, mis queridas compañeras y compañeros, es que el sistema remueve a quienes gobiernan mal, porque el elector, por una lógica elemental que es la base de todo, decide no reelegirlos. Sin eso no hay concepción democrática que llegue a prevalecer. Pues bien, aquí, en una conjunción entre pobreza, desempleo, trampa, mentiras, clientelismo y corrupción, los mismos con las mismas se las han ingeniado para gobernar mal, contra Colombia, contra el pueblo, contra la clase media, contra el empresariado, y aun así, lograr que el elector vote por ellos. No es maquiavélico, como alguien podría pensar. No, es infernal, es la negación de la democracia, es la negación del criterio más elementalmente democrático, que es, repito, no reelegir a quien gobierna mal. Aquí no. Mientras peor gobiernan, más rápido resultan reelegidos, porque en medio de tanta pobreza pueden comprar los votos a menor precio.

Cuán abusivo se ve entonces el doctor Duque cuando se presenta ante el país en su programa diario de televisión, en el que se está gastando otra millonada de recursos públicos y lo va a seguir haciendo para adelantar la campaña electoral con la plata del Estado y con los medios de comunicación del Estado y hacer así reelegir este régimen de ignominia. Y cuán ridículo se muestra Duque cuando sale todos los días en la televisión presentándose como el amigo de los pobres, porque les tira unas cuantas baratijas que después les cobra en votos y en aplausos inducidos a la brava. Duque ¿dizque amigo de la clase media? Háganme el favor. ¿Amigo de una clase media a la que exprime y exprime y reduce cada vez más al mínimo montando la mentira de que quien no se esté muriendo de hambre es un oligarca al que hay que clavarle la mano con más impuestos? Es la retórica que están armando, mientras ocultan a los verdaderos magnates y particularmente a las trasnacionales. Las tapan, no aparecen por ningún lado, en medio de la manipulación inmensa a la que está sometida la nación.

Duque no es amigo de los empresarios

Que dizque Duque amigo de los empresarios. Háganme el favor. Les doy un dato revelador a los pequeños y medianos empresarios. En las dos reformas tributarias que ya van, porque esta es la tercera de Duque, así una se le haya caído en la Corte, presentamos con algunos colegas del Congreso unos artículos para bajarles los impuestos a las pequeñas y medianas empresas y subírselos a los monopolios y las trasnacionales, como sucede en muchos países del mundo. Pues nos los negaron una vez, nos los negaron la segunda vez y ya nos los habían negado en el gobierno de Juan Manuel Santos. Los tengo demandados en la Corte Constitucional, porque el actual sistema viola la Constitución, y la Corte nada que falla. Y entonces Duque se proclama amigo de los empresarios. No voy a negar que sea amigo de algunos, los privilegiados, los consentidos, las trasnacionales, sin duda, porque adora a los empresarios extranjeros, es un súbdito de los empresarios extranjeros, pero no me diga usted, doctor Duque, no haga el ridículo de afirmar que usted sí defiende de verdad la economía empresarial. No, nunca la ha defendido, ni ninguno de sus compadres políticos la ha defendido. De haberlo hecho, Colombia no sería el país de las desgracias.

Presidencia y Gran Pacto Nacional

Hablemos un poco del tema de la Presidencia. Qué es lo que venimos planteando. Es hacer la campaña, ganar y gobernar en medio de un Gran Pacto Nacional. Hoy todo el mundo habla en Colombia de pactos. Dejo la constancia de que en mi caso lo planteé el 20 de enero del año pasado y ahí está el titular del artículo, Por un gran pacto nacional. ¿La diferencia? El nuestro es un pacto que no está concebido para engañar. Aquí en Colombia siempre ha habido unidades nacionales, entendidas como unas roscas muy diversas que se montan con distintos sectores políticos para gobernar en beneficio de sí mismas, a fin de que a ellos les vaya tan bien y al país tan mal, que incluso dejen de parecer colombianos. Así han sido varios de los acuerdos nacionales que se han hecho, para gobernar y aprovecharse. Es el tipo de pacto nacional que ha predominado.

El pacto que nosotros estamos planteando no es para eso. El nuestro es un Pacto Nacional para sacar a Colombia adelante y para que quienes estamos en este proyecto sigamos siendo los mismos que somos, hoy o antes. Y hemos dado el ejemplo. Llegamos al Senado de la República hace muchos años y no cambiamos de amigos ni de convicciones ni nos enchapamos en oro ni en nada que se parezca. Y con el mismo criterio de servidores públicos es como queremos llegar a la jefatura del Estado.

El Pacto Nacional del que estamos hablando es entonces de verdad, genuino. Hagamos unos acuerdos sobre cómo poner a funcionar mejor a Colombia, sobre cómo prosperar. Y el pacto tendrá que constituirse como la integración de muchos pactos parciales. Habrá que hacer pacto en industria, pacto en agro, pacto en educación, en salud, en todo. Porque de lo que se trata es de unir al país alrededor de unas ideas correctas que nos den la fuerza suficiente para ganar y para gobernar. Porque los enemigos nuestros, cuando lleguemos a la jefatura del Estado, van a intentar impedir que gobernemos acertadamente, porque quienes han gobernado a Colombia son, en general, un poco de rosqueros.

Y si alguno quiere moverse hacia este lado, bienvenido, es un proyecto de puertas abiertas, pero necesitamos ese gran pacto para ganar y gobernar correctamente. No agotaré el tema hoy y voy a explicar solo unas cuantas ideas fundamentales para ilustrar de qué se trata.

Qué no será mi gobierno

La primera parte del pacto implica aclarar qué no será mi gobierno, en dos aspectos. Los quiero dejar claros, porque en el mundo del trumpismo, de la mentira, el fraude, la maña y la trampa como manera de gobernar, uno tiene que dejar antes los perros amarrados, como se dice, para que los contrarios no mientan o para que por lo menos quede la constancia. El de mi gobierno no será un pacto que se proponga estatizar la economía. No lo será. Que nadie albergue esa preocupación, entre otras cosas, por una idea de fondo y fácil de entender. No resulta factible concretar un pacto nacional si la primera propuesta consiste en estatizar la economía, porque se van a oponer a ella todos los que serían víctimas de la estatización. Se cae de su peso, estatización y pacto nacional no pueden coexistir. Pero el Estado sí promoverá el desarrollo económico, el Estado sí intervendrá en la economía. Es lo que se llama capitalismo de Estado, lo que hoy están haciendo todos los países del mundo frente a la pandemia, porque de otro modo la economía de mercado entra en el caos.

El Estado nuestro promoverá el desarrollo económico de muchas maneras, incluido reducir la desigualdad social, por razones de elemental sentido democrático con los más débiles. Pero también por lo que ya expliqué. Si la gente fortalece su capacidad de compra, mejorará el funcionamiento de la economía y el aparato productivo y el campesino venderá más y el indígena venderá más y el empresario, el comerciante, el transportador, todo el mundo, venderán más. Estamos hablando entonces de una economía de mercado que cree más fuentes de empleo, más fuentes de empleo, más fuentes de empleo, más riqueza, más riqueza, más riqueza, y que distribuya mejor la riqueza.

Al mismo tiempo, y acorde con lo anterior, hago énfasis en que nada se dirige aquí contra la propiedad privada. No se imaginen al presidente Jorge Enrique Robledo parado por ahí en alguna esquina de Colombia señalando con el índice los negocios y preguntando a los gritos, eso de quién es, ¡exprópiese! Son prácticas en las que no incurriremos. No es responsable siquiera plantearlas y, además, resulta absolutamente inconveniente. Y aquí hago una advertencia para que los neoliberales no sigan lanzando demagogia. Nadie ha destruido más propiedad privada que los neoliberales en los últimos 30 años. O se nos olvidó ya cuánta gente perdió sus apartamentos y sus casas en la crisis de 1999. O se nos ha olvidado cuántos campesinos y empresarios han perdido sus tierras en la crisis agraria, y cuánta gente ha visto reducida su propiedad privada en el resto de actividades. Nosotros estamos proponiendo es que haya más desarrollo de la economía y más propiedad privada, porque aquí lo que ha habido es la gabela para que solo crezca la propiedad privada de las trasnacionales. ¿Cuántos tenderos se han quebrado en Colombia víctimas de las grandes cadenas trasnacionales, financiadas por los banqueros del mundo, que han irrumpido en los barrios populares a arrasar con los precios y con la gente? ¿Cuántos transportadores pequeños y medianos se han quebrado y se están quebrando en razón de la competencia desigual que les imponen los Tratados de Libre Comercio? Que no nos vengan con demagogias. Les insisto, vamos a promover el desarrollo de la economía privada, tanto de la pequeña y la mediana como de la grande. De todas las formas de economía.

Monopolio del Estado sobre la fuerza

El otro punto, garantizaré el monopolio del Estado sobre la fuerza. Colombia no puede seguir siendo el país en donde a alguien se le ocurre una idea, se arma y sale a imponerla a tiros. Toda mi vida llevo oponiéndome a la violencia, toda mi vida. Cumplo cincuenta años de andar en estas luchas, y entré a ellas con la idea de que no íbamos a promover la violencia para transformar a Colombia. La decisión quedó planteada desde el principio y nos opusimos a la lucha armada, una violencia que, como dijo el padre Francisco de Roux, “no arregló nada y lo empeoró todo”. Por ello también respaldamos el proceso de paz, porque a pesar de sus debilidades y sus fallas, fue una manera de sacar de la lucha armada a unos doce mil combatientes.

Monopolio del Estado sobre la fuerza, contra toda violencia, contra todo delito. No hay asesinatos malos y asesinatos buenos, colombianas y colombianos, no hay robos malos y robos buenos, porque toda actividad delictiva destruye a Colombia. Y mi gobierno mirará con todo cuidado qué hacer con el llamado delito menor. También deberá ser atendido. La señora del barrio de estrato seis o del uno no tiene por qué sufrir que le roben el celular, no tiene por qué ser maltratada de ninguna manera. Y aquí no se puede alegar que la gente está desempleada y pobre. No puede ser excusa para proceder de esa manera.

Estoy hablando del monopolio del Estado sobre la fuerza, pero en un Estado democrático, sometido a las leyes y a la Constitución, un Estado garantista. No creo en el Estado que asesina a quien  asesina, roba a quien roba, o secuestra a quien secuestra, no es de lo que estamos hablando. Hablamos del monopolio de la fuerza de un Estado democrático, garantista, con todo lo que significa.

Cero tolerancia con la corrupción

Un gobierno también contra la corrupción, con dos ideas. La primera, habrá que cambiar unas normas desde la jefatura del Estado, cambiar las normas que facilitan la corrupción electoral, las normas que facilitan la corrupción tributaria, las normas que facilitan la contratación pública. Ahí hay que hacer unos cambios importantes. Pero lo principal es que somos nosotros los que vamos a llegar a la jefatura del Estado, es Jorge Enrique Robledo quien va a llegar y a gobernar con los mejores, con los honrados, que son infinidad, y vamos a ponerle el cascabel al gato a los corruptos, por poderosos que sean. Cero tolerancias con la corrupción. Mis funcionarios tendrán que ser honrados y parecerlo, no nos va a temblar el pulso para hacer lo que haya que hacer. Personalmente, crearé un comité de primerísimo nivel al que atenderé personalmente y que definirá la estrategia anticorrupción.

No promoveré una Justicia de bolsillo

Seré también un gobierno respetuoso de la Justicia. No será mi gobierno uno en el que, como ha venido pasando en los últimos años, la primera viveza del presidente sea tomarse la cúpula de la Justicia para montar desde allí lo que denunciara en estos días un ex fiscal con nombre propio, y fue haber montado una especie de negocio que él llamó de “sicariato judicial”, consistente en conseguir funcionarios de la Justicia para lo que sea. Abrigo la convicción de que la mayoría de la gente de la Rama Judicial es gente honrada, pero el ex fiscal hablaba de conseguirse unos cuantos que actuaran como sicarios judiciales, figura que quiere decir que absuelven a los bandidos y condenan a los inocentes. Háganme el favor, hasta dónde hemos llegado. Tampoco será mi gobierno uno que promueva construir unos organismos de bolsillo de la Justicia para defender a los funcionarios públicos.

Crear y crear fuentes de empleo y riqueza

Crear y crear fuentes de empleo implica exportar. Vamos a exportar más, está bien exportar más, la exportación es una fuente el desarrollo, inclusive puede promover productos de complejidad que signifiquen modernizar al país, no tengo la menor duda de que está bien. Pero al mismo tiempo vamos a promover una política de sustitución de importaciones. No me vengan a mí a decir que es una genialidad destruir el arroz, la leche, el trigo, la cebada, las oleaginosas, metiéndonos la mentira de que así vamos a exportarle una uchuva a un japonés o un aguacate a un gringo. Lo menos que ha de haber en el debate político y económico es un mínimo de respeto y no meternos los dedos a la boca o en baboserías, que no contribuyen en nada.

El desarrollo de la producción y el aparato productivo, empezando por la industria y el agro, supone exportar y a la vez sustituir importaciones. Si importamos tanto, es apenas de lógica y de mínima inteligencia plantear que debe producirse aquí parte de lo que se está trayendo y que tiene consumidores. Lo entiende cualquier demócrata y cualquier patriota.

Reducir el costo país

Una política en tal dirección nos exige disminuir el costo-país. Aquí hay que ver qué pasa con las tasas de interés de los créditos, con el acceso a los créditos, con los costos de la electricidad, con los costos de los peajes, con los costos de los insumos, de los impuestos. Colombia no acertará a competir en el mundo global si nuestros costos de producción siguen siendo tan superiores a los de muchos otros países que nos están venciendo en la competencia.

Renegociar TLC y aumentar aranceles y gasto público

Renegociar los tratados de libre comercio. Aumentar los aranceles con algunos países, porque de otra manera es imposible. Al mismo tiempo, y en relación con la actual crisis, aumentar el gasto público, gasto público, gasto público para promover la recuperación, de otra manera no es posible. Con la cicatería de Duque y de Carrasquilla no es posible reconstruir nada.

Los trabajadores también deben ser ganadores

Y ojo con esta idea: en el Pacto Nacional que estoy proponiendo han de ser ganadores los trabajadores. No nos dejemos meter más el cuento de que Colombia se va a volver competitiva envileciendo las condiciones laborales, rompiéndole a la gente la estabilidad laboral, quitándole sus derechos, pagándole cada vez menos. No. No es así como se construye una economía de mercado. Y necesitamos a los trabajadores para el Pacto Nacional y para defender los tantos cambios que hay que hacer. Y además los necesitamos lo mejor pagados que podamos para que contribuyan a la producción nacional con el mercado interno y con las compras.

Reforma democrática a la salud

Otras reformas. En el tema de la salud. No voy a estatizar el sistema de salud, que quede claro, no se va a estatizar. Como es un servicio público, habrá cambios de signos democráticos, particularmente dejar muy bien establecido legalmente que quienes gocen de la prerrogativa de administrar la plata pública, llámense EPS o de otra manera, no pueden hacer lo que se les dé la gana. El administrador de los recursos públicos trabaja al servicio de la salud y no el sistema de salud al servicio de quien hace la intermediación financiera con los recursos del Estado, trabaja al servicio de la gente y no al de esos banqueros que se ponen batas blancas en las propagandas. La prioridad es fácil establecerla, los pacientes primero que nadie, como también los trabajadores de la salud y las IPS, privadas y públicas. No vamos a estatizar las IPS privadas, por el contrario, las defenderemos, pero habrá al mismo tiempo un énfasis en fortalecer la red pública hospitalaria. Y claro, habrá cambios en el modelo, enfatizaremos en la prevención, como lo indican los mejores cánones en la actualidad.

Educación pública y la privada

No voy a estatizar la educación privada, debe quedar claro. Pero también abrigo la convicción de que es la educación pública la que mejor puede desarrollar un país, porque es la única capaz de ofrecerle a la totalidad de los habitantes la mayor y más alta calidad. Es del abecé de las economías de mercado, porque necesitamos educación universal, para todos y de alta calidad, una meta muy costosa, y si no la costea el Estado, quién. Claro, seguirá habiendo educación privada, pero al mismo tiempo nos esmeraremos por fortalecer la educación pública. Y vamos a ver cómo mejorar la calidad de educación privada, que es un servicio público. Y fortaleceremos la calidad de la educación pública, a cuyos profesores trataremos con todo respeto, porque se han ganado un sitio en la historia del progreso de Colombia. Ustedes se imaginan lo mala que sería la educación en Colombia si no hubiéramos tenido unas maestras y unos maestros luchando como lo han hecho ellas y ellos por el progreso del país. Aquí también entonces, Pacto Nacional.

Pactar también propuesta ambiental

El tema del ambiente me interesa particularmente, un problema grave en Colombia y en el mundo, por los gases de efecto invernadero, por el cambio climático, por el calentamiento global, por la transición energética, problemas reales y con base material. Lo que pasa es que la solución es bastante más compleja de lo que piensan quienes creen que esto es soplar y hacer botellas y todo se resuelve con un acto de magia. Miren el lío que tenemos de por medio: el problema ambiental es el resultado de una contradicción objetiva y que ha de resolverse favorablemente, así no sea fácil hacerlo. ¿Por qué? Porque si no transformamos la naturaleza, no seríamos lo que hoy somos como sociedad, con los avances de los que disfrutamos, y estamos obligados a seguir transformando la naturaleza para lograr mayores avances en un mundo cada vez más lleno de gente y poder prosperar y que nos permita a nosotros meternos en la primera fila de los países. Pero, al mismo tiempo, si no cuidamos la naturaleza, si la transformamos mal y la destruimos, los seres humanos ya no podremos vivir en ella, porque somos parte integral de la naturaleza. Esa es la contradicción. Con otro lío. Es que en la economía de mercado lo que está al mando es la ganancia. Entonces hay quienes dicen, no, a mí me va mejor destruyendo la naturaleza, ahí me gano una plata. ¿Ven ustedes cómo las cosas aquí son bien complejas?

La solución exige altos niveles de comprensión científica, no resulta un tema tan fácil de entender y de explicar. No se dejen meter el cuento de los que creen poseer la fórmula mágica y sabérselas todas y en 30 segundos nos presentan la salida perfecta. No es así, mis queridos colombianos y colombianas. Y la atención correcta exige además altos recursos para combatir las causas de los problemas ambientales, pero también los efectos. A ratos veo yo más entusiasmo que comprensión y muchas veces incluso charlatanería. Entonces si en algún campo va a haber un pacto nacional es en torno al tema ambiental. Desde ya anuncio que llegaré a la semana de pascua a hacer esfuerzos por constituir un comité científico de alto nivel que nos ayude a construir una propuesta nacional, pero repito, con todo el rigor y la seriedad científica. No puede ser un tema de politiquería, porque es especialmente complejo y especialmente grave lo que está pasando.

Mejorar el crédito

Qué hacemos con el sector financiero. No se va a estatizar. Pero también es un servicio público y ahí también tenemos problemas qué atender. Enfrentamos dos problemas muy graves. Partimos de que el apalancamiento financiero es clave desde hace siglos en el desarrollo de los países. Sin él no funcionan bien y se entorpecen el desarrollo económico y el empleo. El primer problema, evidente, es el de una cantidad inmensa de colombianos sin acceso al crédito formal, lo que los empuja hacia la informalidad del crédito donde priman las tasas de usura y pasan cosas terribles. El otro son las tasas de interés muy altas, tanto en el mundo del crédito formal como del informal. Aquí hay incluso créditos formales con un límite pegado con lo que llama el Estado tasa de usura. Es increíble. Alguien me llamaba la atención en estos días, cómo es posible que casi no haya separación entre la tasa ilegal de usura y la tasa máxima permitida por la ley en algunos créditos. Trabajar entonces también allí en un pacto nacional para lograr que el crédito irrigue mejor la economía y a costos menores, porque está ligado a la capacidad del país.

Defender también a los transportadores

En el transporte hay mucho por hacer. En el sector están montando otra vez su imperio los monopolios y las trasnacionales, con políticas diseñadas para crear sobreoferta en el transporte de carga y arruinar a los más débiles. Y lo que está pasando con el taxismo es inaudito. Cómo así que el Estado se ha dedicado a promover la ilegalidad y la corrupción simplemente porque una trasnacional se aparece en Colombia y de inmediato le otorga el Estado la potestad de hacer lo que se le dé la gana.

Contra el maltrato a las mujeres y demás agredidos

Un último punto está relacionado con la discriminación y el maltrato y la violencia. Es otra de las cosas monstruosas hoy en Colombia y el mundo. De lo mejor del mundo, queridas amigas y amigos, es la diversidad, es ser diversos. Todos los climas, todas las aves, todas las especies, todos los paisajes, todas las comidas, todas las culturas, todas las músicas, es lo que nos hace más grata la existencia. Pero en un mundo tan mal gobernado desde hace milenios y además tan maltratador, tan canalla, si ustedes quieren, han aparecido prácticas y teorías que convirtieron en un crimen la diversidad, un crimen ser distinto y un crimen hacer parte de los sectores más débiles. En el mundo y en Colombia se volvió entonces un crimen ser mujer, para poner un ejemplo, un crimen el color de la piel, un crimen pertenecer a una determinada etnia o mostrar una cierta orientación sexual o padecer por problemas de discapacidad, o ser niño o ser viejo. Y los poderosos los volvieron crímenes para aprovecharse abusivamente de los más débiles y atentar contra el progreso de Colombia y de la democracia.

Nosotros somos de esta lucha, Dignidad es de toda esta lucha, porque es parte esencial de la democracia el mejor vivir entre los colombianos. Mi gobierno la acogerá como una de sus banderas. Habrá que avanzar entonces en las normas, aun cuando la lucha social de las comunidades afro, de las distintas organizaciones de mujeres, ha logrado avances legales muy importantes. De cuando yo era un niño a esta parte, los triunfos han sido inmensos. Pero el rezago en la cultura sigue siendo muy grande. La ley les consagra la igualdad, pero en la vida no son tratados como iguales, inclusive los asesinan por el simple hecho de su condición. Entonces habrá que trabajar en normas y en políticas concretas. Lo que está haciendo Claudia López en Bogotá con algo que se ha dado en llamar la economía del cuidado, una serie de garantías a las mujeres para atender el cuidado de niños y ancianos a su cargo, y una serie de reformas relacionadas con la familia, me parece una política correcta y digna de ser defendida. Mi gobierno la promoverá en todo el país. Y haremos esfuerzos porque en las alcaldías y en las gobernaciones asuman la economía del cuidado como una política de Estado. Pero al mismo tiempo vamos a hacer un esfuerzo de cuatro años, cada día de los cuatro años, de una inmensa batalla en el terreno de la cultura, del pensamiento, de las ideas, a fin de reducir el número de los colombianos que no entienden los cambios. Intentaremos hacer de los colombianos más buenas personas cuando termine el cuatrienio, que vean a alguien con un color de piel diferente y no lo odien ni le teman ni lo desprecien, que respeten a la mujer por el simple hecho de ser otra persona y otra ciudadana colombiana, que no tomen las diferencias como algo horrible que debe ser maltratado y perseguido. 

También defenderemos la cultura

Cuatro años trabajaremos en el tema de la cultura. Faltan temas, claro, y me estoy limitando a esbozar una serie de propuestas orientadoras, unos mojones para el Gran Pacto Nacional, que tendrá que dotarse con un conjunto de pactos parciales y construidos entre todos a fin de integrarlos después a uno solo.

La meta, cimentar cambios democráticos pero profundos en la vida del país, no para montar una rosca de aprovechados y cambiar simplemente las caras de los pasajeros en los vehículos oficiales. No. Es para hacer cambios importantes. Para actuar con dignidad con la idea de hacer de Colombia un país más digno, unas relaciones más dignas. La palabra dignidad, dignidad, dignidad, es esclarecedora para anunciar lo que queremos, un país digno, unas relaciones dignas, una lucha democrática digna.

Este país si tiene arreglo y el sol debe brillar para todos

Por dos razones de fondo, termino diciendo, la primera porque este país sí tiene arreglo. Faltan a la verdad los mismos con las mismas cuando le dicen a uno, no, senador Robledo, no se meta en tanto lío, acomódese, aquí hay cama para todos, esto no lo arregla nadie. Es una retórica que nos echan todo el día para corromper nuestras conciencias, para desmoralizarnos, para que nos acomodemos en las distintas pandillas. Pues no. Este país sí tiene arreglo, este país sí puede salir adelante, este sí puede ser un gran país, por supuesto, si lo construimos entre todos con la lucha democrática.

Y el faro orientador de qué es lo que hay que hacer, qué es lo democrático, qué es ser demócrata de verdad, consiste en inspirarnos con la idea de que necesitamos una Colombia en la que el sol brille para todos y para todas. Que no haya colombiano en este suelo o visitante o extranjero con ganas de vivir en Colombia que no se sienta con un sitio de honor y con un sitio digno bajo el sol de Colombia. Es la propuesta que estamos haciendo, es la propuesta, mis queridos compañeros y compañeros de Dignidad, con la que vamos a ganar la jefatura del Estado para empezar las transformaciones que necesita Colombia.