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Que el Gobierno entre en razón y derogue los decretos que prohíben producción y comercio de gallinas campesinas

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en la plenaria del Senado, 2 de septiembre de 2008 I Aprovecho este importante medio de información de la vida nacional para invitar a todos los colombianos a observar dentro de ocho días el debate que con el senador Jaime Dussán le vamos a hacer al ministro del Interior […]

Café Huila

Hace 9 años

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en la plenaria del Senado, 2 de septiembre de 2008

I

Aprovecho este importante medio de información de la vida nacional para invitar a todos los colombianos a observar dentro de ocho días el debate que con el senador Jaime Dussán le vamos a hacer al ministro del Interior y de Justicia, doctor Fabio Valencia Cossio, debate que analizará todos los acontecimientos con los cuales el propio jefe del Estado persigue a la Corte Suprema de Justicia y a las actividades que la Corte realiza en cumplimiento de la Constitución y de la Ley.

Y vamos a explicar las razones por las cuales el doctor Fabio Valencia Cossio debe renunciar al Ministerio del Interior, porque pensamos que eso es lo que más le conviene al supremo interés del país, y dejar que otra persona, amiga del presidente Uribe, e incluso dirigente del Partido Conservador, ejerza sus funciones ante el hecho del impedimento político que le asiste al doctor Valencia Cossio para atender esa cartera, dadas las gravísimas acusaciones que median en contra de un hermano suyo por sus relaciones con poderosas organizaciones criminales. Entonces lo primero sea anunciar que dentro de ocho días vamos a hacer este debate.

II

Lo segundo tiene que ver con la crisis cafetera, señor presidente, que Usted, que es del Huila, bien lo sabe, está en un momento bastante complicado, aun cuando poco digan al respecto los medios de comunicación. Quienes tenemos que ver con las zonas cafeteras sabemos que hay una situación de pésimo precio interno en el propio momento en que está empezando a surgir la cosecha cafetera grande, lo que quiere decir que si no se corrige con rapidez ese problema, una parte muy importante de nuestros caficultores va a tener que vender su grano a precios inferiores a los que la rentabilidad del producto les demanda, lo que quiere decir que se va a seguir agravando esa crisis. En ese sentido, las gentes de la Unidad Cafetera, una organización independiente de caficultores, han venido insistiéndole al gobierno nacional que se deben atender tres puntos. Primero, asegurar un precio interno del café de por lo menos 550 mil pesos por carga, es decir, 55 mil pesos por arroba para que compense los costos de producción y alguna utilidad le ofrezca al productor. Y segundo, pide la Unidad Cafetera que se haga algo con respecto al precio de los insumos agrícolas. Los precios de los fertilizantes y en general de todos los insumos agrícolas, no solo en el caso del café han alcanzado unos niveles imposibles de cumplir para la casi totalidad de las actividades agropecuarias. Y tercero, caminan ya en las instituciones crediticias procesos de embargo o de remate contra 25 mil pequeños caficultores, campesinos casi todos ellos, incapacitados de pagar sus deudas bancarias. Y el gobierno nacional y el Ministerio de Agricultura no asumen el problema con la responsabilidad que debieran. Incluso tengo información de que en el informe de gestión al doctor Arias se le olvidó hablar de la situación de la caficultura, cosa que me parece lamentable.

Pero al punto al que quiero ir es a señalar que en el día de hoy el gobierno nacional ha sacado medidas que se supone son en respaldo de la caficultura colombiana. Quiero entonces dar una breve opinión al respecto, que es la misma que ha fijado la Unidad Cafetera, que califica las medidas como insuficientes y engañosas. Insuficientes, porque esas medidas que se toman hoy no atienden el problema de condonación de esas 25 mil deudas campesinas, ni atiende tampoco el problema de los altísimos costos de los insumos agrícolas, y ponen como precio mínimo, a partir del cual se disparará algún grado de intervención, 474 mil pesos por carga, que definitivamente es un precio muy bajo, doctor Hernán Andrade, como Usted muy bien lo sabe, porque allí apenas estamos en el nivel de los costos de producción, y resulta que, como se dice coloquialmente, nadie está en los negocios simplemente para que lo vean, sino para obtener algún tipo de rentabilidad, que no se obtiene en este caso, porque el nivel de precio deseable debería estar por el orden de lo 555 mil pesos. Unidad Cafetera considera además que es engañoso lo que ofrece el gobierno, porque está hablando de 1,4 billones de pesos de respaldo a los caficultores, pero cuando se mira en detalle el asunto tales dineros son para cuatro años, luego la suma resulta ser bastante más pequeña, y casi toda ella, senadores y colombianos, tiene origen en las contribuciones que reposan en el Fondo Nacional del Café, o sea, en la plata de los propios cafeteros, que así sacarían de un bolsillo unos recursos para echárselos al otro bolsillo, y por supuesto eso es bastante menos de lo que están recibiendo por parte del Estado colombiano otros sectores agrícolas. Yo respaldo por supuesto que sean apoyados, pero llamo la atención, como la llama la Unidad Cafetera, que a la caficultura no se la respalde como debiera. Y los recursos propios que aporta el gobierno nacional se acercan a sumas apenas del orden de 60 mil millones de pesos, para estos efectos supremamente pequeñas. Entonces dejo constancia de que todo indica que la crisis cafetera se va a seguir profundizando, que los cafeteros van a vender su cosecha principal a precios muy bajos, y que ese sector tan importante de la vida nacional va a seguir sufriendo lo indecible.

III

En tercer término, senador Andrade, un par minutos para mencionar otro caso más que hoy tratamos en la Comisión Quinta del Senado, que es la Comisión de asuntos agropecuarios, y sobre el cual quiero llamarle la atención al gobierno nacional. Acabamos de salir, por lo menos parcialmente, del pleito de la prohibición de la leche cruda que tanto daño le hacía al sector agropecuario. Y acabamos de enterarnos de que está por entrar en vigencia dentro de un año, y ya entró en vigencia otra norma hace unos meses, que le monta una auténtica perseguidora, senadores y colombianos, al negocio de la gallina campesina, al negocio de la gallina que engordan los campesinos colombianos, no solo para el autoconsumo, porque la mayoría de esas gallinas no van al autoconsumo, sino para vender en los mercados de los pueblos y en restaurantes. Son unas normas que le establecen, primero, a las granjas comerciales unas exigencias de todo índole, de agua potable, de tipo de utensilios, de controles sanitarios, de pavimentar los ingresos a las plantas, de distancias, de kilómetros, que los techos, en fin, unas normas dictadas por la Organización Mundial del Comercio, que ya para el caso de muchas granjas medianas resultan muy difíciles de cumplir. En Colombia, hay unas 175 plantas de tipo comercial inscritas y muchas de ellas están teniendo líos para alcanzar los niveles de exigencia sanitaria que les están poniendo.

Pero el punto más grave es que exigencias parecidas les están poniendo a los campesinos, tan onerosas que se les está volviendo imposible el negocio de la gallina campesina, una actividad que se ha convertido en una fuente de ingresos, sin duda pequeña pero fundamental, en medio de la gran pobreza de los hombres del campo. Vamos a hacerle entonces a esto un debate en la Comisión Quinta. Ya hemos citado al doctor Andrés Felipe Arias, y creo que también hay que citar al ministro de la Protección Social. Pero quiero llamar la atención al gobierno nacional, con cordialidad si ustedes quieren, en el sentido en que no se puede seguir legislando, el ICA tomando medidas, el Ministerio de la Protección tomando medidas, como si estuviéramos en Dinamarca y no en Cundinamarca, como si estuviéramos en un país europeo o en Estados Unidos, y no en el país de las pobrezas que es Colombia. Como si nuestros campesinos no estuvieran literalmente muriéndose de hambre, haciéndoles exigencias para el cuidado y el sacrificio de las gallinas con las que no cuentan ni las propias casas de los campesinos, que no pueden ofrecerles esas mínimas protecciones ni a sus propios hijos. Entonces llamo al gobierno nacional a que entre en sensatez y entienda que esa gallina campesina, que se comercia de mil maneras en Colombia y es parte por lo demás de la cultura nacional, parte del sancocho propio de nuestros territorios, y entienda que perseguir esa actividad, pretendiendo que se convierta en grandes plantas de sacrificio, tipo europeo o norteamericano, es una absoluta desproporción. Y quiero llamar la atención que en esta lógica que estoy mencionando hemos coincidido todos los miembros de la Comisión Quinta del Senado, donde suele haber divergencias como es natural cada vez que tratamos lo temas. Entonces, señor presidente y senadores y colombianos, dejo una constancia simplemente para insistir en esta llamémosla denuncia.