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Por qué es una desgracia la reforma tributaria

Jorge Enrique Robledo Bogotá, 18 de abril de 2021. Transcripción

Hace 6 meses

$31 billones, casi todos a pobres y clases medias / No es cierto que pocos paguen todos los impuestos / Fuerte concentración de las utilidades / La corrupción tributaria / Impuestos progresivos e impuestos regresivos / La falacia de los impuestos “verdes” / Por tasas progresivas en renta / A encarecer la comida / A importar más / Más impuestos a todo / Más impuestos a los salarios / También contra los pensionados / Impuestos y carne de urna / Impuestos contra el crecimiento económico / Aviones y gobierno derrochón / Por un acuerdo nacional sobre impuestos / No más engaños tributarios / El paro nacional del 28

Video (39m): https://youtu.be/dD3hoiyrOZ0

Me es muy grato estar con ustedes, colombianas y colombianos, saliendo otra vez por estos medios a explicar asuntos de importancia nacional. Vamos a hablar hoy de la nefasta, de la horrible reforma tributaria que el presidente Duque nos está imponiendo, no proponiendo, porque realmente lo que está es haciendo todo el esfuerzo por imponerla. Vamos a entrar en detalle sobre un asunto de una gran importancia.

Antes de entrar en materia, invitarlos a que nos cuidemos en serio. Esto de la pandemia es muy complicado, inclusive quienes nos hemos vacunado tenemos que seguirnos cuidando. Y bueno, y ojalá todo el mundo a vacunarse. Hay que seguir pendientes y atendiendo las recomendaciones de la ciencia.

Entramos en materia. Colbert, el ministro de Hacienda del rey Luis XIV de Francia, y suelo repetirlo mucho en tiempos de reforma tributaria, decía que una reforma tributaria es el arte de desplumar al ganso sin que chille demasiado. Y la actual reforma sí que lo ilustra de una manera bien clásica, porque Duque y Carrasquilla están muy dedicados a la desplumada, pero sin que la gente chille demasiado, bregando a engañarnos y faltando a la verdad.

Con el representante a la Cámara, Jorge Gómez, le interpusimos una acción disciplinaria al presidente de la República, a Iván Duque, porque él, ante los medios de comunicación y faltando a la verdad, dijo que no se trataba de una reforma tributaria. ¡No podemos seguir tolerándoles a quienes nos gobiernan que mientan descaradamente! No se puede seguir abriendo camino el mensaje de que ser vivo paga, que ser astuto y mañoso y engañador paga. Y aquí la ley habla de la moralidad administrativa y de la buena fe con la que tenemos que actuar los servidores públicos.

31 billones, casi todos a pobres y clases medias

Cómo va a ser lo que ellos apuntan a sacarnos. Las cifras dan un total de 31 billones de pesos, es por lo que van de entrada, un monto repartido así: impuestos indirectos, o sea, IVA y los llamados impuestos “verdes”, que son un fraude, 10.3 billones de pesos, millones de millones. E impuestos a las personas naturales, 17 billones de pesos.

Aquí es muy importante aclarar que el 88 por ciento de estos impuestos van a pobres, por el IVA y demás impuestos indirectos, y a las personas naturales, no a las empresas. De los 31 billones de pesos, por lo menos 27.3 van dirigidos a pobres y a clases medias. Es el enfoque principal de dónde va a salir la plata, no de los más adinerados, sino de los sectores populares.

No es cierto que pocos paguen todos los impuestos

Debatiendo yo un día con un dirigente duquista, él me dijo, lo que pasa, senador, es que los impuestos en Colombia solo los pagan mil empresas, entonces hay que lograr que otros colombianos también pongan plata. Yo lo refuté, le dije, no es cierto. Y les voy a mostrar a ustedes cómo no es cierto. Son datos de la DIAN los que les voy a dar. Los impuestos indirectos, como el gravamen a los combustibles, como el IVA, como los aranceles, etcétera, aportan el 53 por ciento de los tributos. Aquí ya se ve entonces que el cuento de que mil empresas pagan todos los impuestos es paja. 53 por ciento lo ponen los sectores populares y las clases medias, los golpeados por los impuestos indirectos. En el impuesto de renta, el que grava ganancias o ingresos, los grandes contribuyentes, unas 1.500 empresas, aportan el 28 por ciento del total del recaudo nacional No es cierto entonces que mil empresas pagan todos los impuestos.

Las pequeñas empresas, supremamente débiles, pagan el 7,5 por ciento y las personas naturales, incluidas las asalariadas y las que reciben ingresos por recursos de capital o negocios, aportan el 9 por ciento. En resumen, no es verdad que unas pocas empresas poderosas paguen todos los impuestos. La mayor parte, por lo que acabo de leerles, la pagamos entre los pobres y las clases medias. Es un hecho incontrovertible.

Fuerte concentración de las utilidades

Voy a darles otras cifras para que el debate se entienda mejor. Jorge Espitia, uno de los investigadores que más saben del tema tributario, afirma que de las 25.500 empresas registradas en la Superintendencia de Sociedades, apenas 1.119 se llevan el 75 por ciento de las utilidades y solo 166 empresas, de esas 25.500, obtienen el 50 por ciento de sus utilidades antes de impuestos. Como se aprecia, tenemos un sistema de economía empresarial fuertemente concentrada, un país con utilidades empresariales muy concentradas. El Índice Gini de utilidades es 0.81, lo que quiere decir que unas muy pocas empresas se quedan con una parte inmensa de las utilidades. Hay una enorme desigualdad. No debe sorprendernos entonces que estos grandes contribuyentes hagan un aporte significativo, del orden del 30 por ciento, pero es porque las utilidades están muy concentradas y el impuesto de renta grava son ganancias o ingresos, incluso en el caso de los de los sueldos.

Luis Jorge Garay ha entrado a detallar otras cifras. Una cosa son los impuestos nominales y otra los impuestos reales. Igual que pasa con las tasas de interés. Una es la tasa nominal que a uno le cobra el banco y otra la real, siempre más alta. En impuestos pasa al revés. Lo que aquí tiende a suceder es que el impuesto real es bastante más bajo que el nominal.

Para el caso de las empresas, Garay y Espitia lo resumieron así: el 10 por ciento de las empresas más ricas paga como tasa efectiva del impuesto de renta el 4,54 por ciento, cuando debería estar aportando del orden del 32 por ciento, de acuerdo con las tasas nominales. Otro 1 por ciento, el de las empresas todavía más ricas, paga el 3.93 por ciento. Y el 0.1 de las empresas, las súper-súper ricas, paga el 3.68 por ciento.

Y con las personas naturales pasa algo parecido. Las más adineradas aportan el 2.58 por ciento de tasa efectiva de renta. Y el 0.1 por ciento, las más, más, más adineradas, el 2.26 por ciento. Es la cruda realidad tributaria, bien distinta a la que nos muestran por los medios presentando apenas las tasas nominales. Colombia es un país donde la realidad tributaria es muy lejana de lo que dice la teoría tributaria. Tasas nominales y tasas reales, completamente distintas.

La corrupción tributaria

También explica en parte la diferencia el hecho de que en Colombia hay por lo menos 300 billones de pesos de colombianos en paraísos fiscales, o más bien antros fiscales, países como Panamá o Luxemburgo, muchos sitios en las Antillas, Delaware, un estado norteamericano, sitios adonde la gente adinerada esconde ganancias y recursos económicos grandes. ¿Para qué? Para evadir impuestos. Bueno, además para actos delictivos, porque por ahí se mueven las platas del narcotráfico, de la trata de personas, de la venta de armas, del contrabando, de lavado de dineros, etcétera, etcétera.

Cuando estalló en Colombia el escándalo de los llamados Panama Papers, los Papeles de Panamá, un antro fiscal, ahí aparecieron un poco de notables. Y en el debate que le hicimos las fuerzas de la oposición a Carrasquilla por los bonos del agua, explicamos cómo el hoy ministro de Hacienda era uno de los que tenían empresas radicadas en Panamá y en estas jugarretas. Por donde uno lo mire encuentra que Carrasquilla es indigno para estar en el cargo. No nos debe sorprender que sea él quien esté auspiciando una reforma tan retardataria.

Demos unos ejemplos de cómo realmente la gente más adinerada no paga lo que debería pagar. Por estos días el diario El Espectador explicó cómo un senador de la República de Colombia que recibe dividendos por 600 millones de pesos, distintos de sus sueldos como senador, no paga un centavo de impuestos sobre esos 600 millones. Algo debería pagar. Y está el caso de otro senador de la República, con un patrimonio de 150 mil millones de pesos y que apenas paga por impuestos 178 millones de pesos en el año, una suma supremamente baja para un patrimonio de tal categoría. Entonces, aquí hay un problema de evasión tributaria. Una puede ser ilegal, otra puede ser, no la llamemos evasión, descuentos tributarios que hacen parte de la legislación, porque las reformas tributarias suelen darles un trato preferencial a ciertos sectores de la vida nacional, de forma tal que, aun siendo muy adinerados, no pagan los impuestos que deberían para aportarle al progreso nacional.

No olvidemos que todos aquel que sea adinerado en Colombia, y no es un crimen serlo, ha hecho su fortuna apoyándose en todo lo que el país le brinda en educación, infraestructura, salud, servicios. Nadie construye una fortuna en Colombia si no es apoyándose en la realidad del país. Entonces lo mínimo que estamos obligados a hacer las personas con algunos recursos es aportarle al desarrollo del país. ¿Y cómo? Con impuestos.

Impuestos progresivos e impuestos regresivos

Echemos un poquito de teoría sobre el asunto. Cuáles son los impuestos progresivos y cuáles, los regresivos. Antes del capitalismo, antes de la modernidad, antes de la economía de mercado, todos los impuestos eran indirectos. Quería decir que solo pagaban impuestos de verdad los pobres. En la Colonia, predominaban los aranceles a las importaciones, pagados principalmente por los pobres y las clases medias, o el estanco al tabaco, al aguardiente o a los naipes, o la alcabala, los pontazgos y demás.

Uno de los aspectos progresivos de la Revolución Industrial y de la modernidad y de las economías de mercado es que se empezó a gravar a las personas de acuerdo con su riqueza cierta. No sobre teorías. Y aparecieron los impuestos directos. Hay entonces impuestos directos e indirectos.

La Constitución Política, en el Artículo 363, establece que los impuestos en Colombia, entre otras características, deben ser progresivos. ¿Qué quiere decir progresivo? Que paga más el que más tiene y menos el que menos tiene y no debería pagar nada quien nada tiene. Apenas obvio. Es que la persona adinerada paga los impuestos reduciendo un poco su fortuna, mientras que los sectores populares y las clases medias los cancelan es dejando de consumir, renunciando a comida o a salud o a vestuario o a recreación o a educación para la familia. Entonces fíjense cómo es falso el cuento de que todo el mundo debe pagar lo mismo porque todos somos iguales. No. No es cierto desde el punto de vista de la democracia tributaria.

Detallémoslo, porque vale la pena. Entre los indirectos, uno clásico, muy conocido, es el impuesto a los combustibles, al galón de gasolina o de ACPM. Como el impuesto es de mil pesos, digamos, entonces a uno le dicen que se trata de un gravamen muy democrático, porque lo mismo paga el carro del rico que el carro del pobre. Bueno, precisamente ahí es donde salta a la vista que no es democrático ni progresivo. Porque para un magnate, mil pesos resultan una suma despreciable, pero para una persona pobre sí es una suma importante, y apenas en un galón de gasolina. Y cuando miramos el transporte público y vemos que son millones y millones de personas las que se transportan a diario, entonces vemos que el impuesto a los combustibles golpea principalmente a los sectores populares y a las clases medias.

La falacia de los impuestos “verdes”

Qué sucede en el transporte de carga cuando se le pone un impuesto a la gasolina o al ACPM. Lo primero, no son impuestos verdes, es una demagogia barata para engañar a la gente. Cuando al dueño del camión que carga panela le cobran un gravamen carísimo por el combustible, él se lo traslada a la panela, al consumidor. Los llamados impuestos verdes, como el de los combustibles, son en últimas impuestos a la comida, a la papa, a la panela, a la ropa de las gentes sencillas. Entonces, fíjense ustedes en que aquí hay un debate bien interesante sobre qué es lo democrático, que no lo es. ¿Por qué es tan importante hacer la diferencia? Porque la Constitución, norma de normas, ordena expresamente que en Colombia los impuestos deben ser progresivos. ¿Qué es un impuesto progresivo? Lo que les estoy explicando.

Los impuestos indirectos, como el IVA, son en cambio, por definición, regresivos, reaccionarios, retardatarios. Lo decía hace muchos años en Manizales el doctor Fernando Londoño Londoño, sí el padre de Fernando Londoño Hoyos. Hablando de unos impuestos al café, explicaba que eran gravámenes “inicuos y detestables, porque caían con la misma fuerza sobre quien tenía mucho y sobre quien no tenía nada”. Cuando la señora más pobre del barrio más pobre de Bogotá paga un IVA por una barra de jabón o por un desodorante está pagando el mismo impuesto que paga la persona más adinerada de Colombia. Un hecho tributario profundamente regresivo, profundamente retardatario, profundamente inicuo, profundamente detestable.

Por tasas progresivas en renta

La misma lógica se debe aplicar al impuesto de renta. No debe ser igual la tasa de renta de una gran trasnacional o de gran banco a la que se le pone a una empresa pequeña o mediana. Algunos congresistas, junto con la Acopi Bogotá-Cundinamarca, hemos presentado en las tres últimas reformas tributarias una serie de propuestas encaminadas a que haya tasas más altas para las empresas que más ganan, pero vayan bajando para irse adecuando a las realidades, porque no es lo mismo una empresa con una utilidad de escasos 20 millones de pesos al año, que otra que percibe cientos de miles de millones. Opera aquí el mismo criterio de la progresividad.

Es tan inconstitucional el actual régimen tributario, que hace dos años interpusimos una demanda exigiendo que la Corte Constitucional ordene que en Colombia los impuestos a las empresas tengan que ser progresivos, al tenor de la norma establecida expresamente por la Carta. Y es bueno recordarles a los señores magistrados de la Corte Constitucional que hasta hoy nadie nos la ha respondido.

Por esta reforma tan retardataria, Duque y Carrasquilla están pasando a la historia de Colombia como el peor presidente y el peor ministro. Que ya es mucho decir, porque los hay por miles.

A encarecer la comida

Lo primero, la reforma aumenta los precios de la comida. Ellos dicen que no, porque no tiene IVA, pero están es haciendo una maniobra, pasando ciertos bienes de exentos a excluidos. En el caso del agro, no gravando con IVA el bien final, la papa, sino los insumos para la producción de la papa. Y es así como se le termina encareciendo el bien al consumidor.

Entonces van a aumentar los precios de todas las carnes, de res, de cerdo, de pollo, pescado, todas. La leche, el queso, los huevos, cebollas y tubérculos, papas de todos los tipos, tomate, lechuga, hortalizas, frutas, café, cebada, avena, arroz, maíz, azúcar, cacao, panela, pan y sal, y además, inaudito, antibióticos, medicinas, vitaminas, artículos médicos como gasas y vendas, abonos, preservativos, anteojos, lápices y colores. Y tampones higiénicos, lo que me duele bastante porque en una reforma tributaria logramos ganar que no se le pusieran IVA a las toallas sanitarias ni a los tampones que usan las mujeres. Bueno, una de las hazañas de Duque y de Carrasquilla es asestarles un duro golpe a las mujeres colombianas, por el solo hecho de serlo. Absolutamente inaudito, porque, repito, fue un gran triunfo del movimiento femenino en la última reforma tributaria.

También por la misma vía se van a encarecer el almacenamiento de los productos agrícolas, los bienes de capital como palas, picos, barcazas, trozos para maderas, el algodón y los derivados del algodón, insecticidas, raticidas, herbicidas e inhibidores de germinación, en producción agrícola, y el encarecimiento se le traslada al consumidor. Inevitable. Aunque Carrasquilla y Duque falten a la verdad, sí le van a aumentar los impuestos a la comida de la gente de la calle.

Con una carambola, y es que en la medida en que se aumentan los precios de los alimentos, se encarece también la producción, porque, al disminuir el consumo, se golpea a los productores, sean campesinos, indígenas o empresarios.

A importar más

Hay otro asunto que hace parte del secreto de la carrasquillada y es que, como en el exterior no se pagan los mismos gravámenes, se van a abaratar las importaciones agrarias y se seguirá desplazando la producción nacional por producción extranjera. Ahora, no se hagan ilusiones pensando que como el importador importa más barato, venderá también más barato. No, es al revés, se clavan a la gente hasta el alma. Aquí puede ocurrir lo que pasó con la cebada. Nos la acabaron las importaciones, y la cervecera continuó vendiendo cara la cerveza, como la han vendido toda la vida.

Más impuestos a todo

Voy a mencionar otros artículos afectados, entre ellos, páneles solares, IVA de 5 por ciento, bicicletas eléctricas, motocicletas, monopatines, antes excluidos. Empiezan a pagar IVA los servicios de cirugías estéticas, el teléfono local después de los primeros 325 minutos para estrato 3, los servicios funerarios y de cremación, el alquiler y mantenimiento de tumbas y mausoleos, las licencias de software para desarrollo comercial, el suministro de páginas web, los servidores hosting.

El IVA a la gasolina y al ACPM pasa de 5 a 19 por ciento, otro golpe a los pobres. Van a meterle un golpe duro de impuesto al carbón con el que producen las térmicas, que estos cínicos presentan como un impuesto verde. Ningún impuesto verde, porque sube el precio de la electricidad. Qué tiene de verde. ¿Es que los pobres de Colombia y las clases medias no están obligados a pagar luz mes tras mes? No, que no nos vengan con más cuenticos, porque la gente tiene que seguir consumiendo electricidad. ¿O porque el impuesto es verde, entonces la familia apaga todos los bombillos de la casa? No sean tan politiqueros ni tan demagogos.

Otro impuesto indirecto duro, a los vehículos, que al transporte le va a dar durísimo. Es sobre el valor del vehículo, un gravamen importante entre el 1.5 y el 3.5, a todos, incluidas las motos. ¿Puede haber alguien más pobre que un motociclista? En motos se desplazan hoy al trabajo los sectores populares. Pues bueno, se las van a gravar, y los camiones también.

Los servicios públicos y el internet. En el caso de los servicios públicos, agua, luz, gas, electricidad, IVA de 19 por ciento a los estratos 4, 5 y 6, que abarcan el 24 por ciento de las familias de Colombia. Aquí al del estrato 4 lo graduaron de súper rico de Colombia. Háganme el favor. Porque el cuento es que son impuestos que dizque a los ricos, 4, 5 y 6, al 24 por ciento de las familias de Colombia, un país donde la riqueza está concentrada en unos pocos. Y en la conexión y acceso a internet, bienes hoy de primera necesidad, la reforma coge desde el tercero, el 3, el 4, el 5 y el 6. ¡Y en plena pandemia! Muchas actividades se están hoy adelantando por Internet y Carrasquilla Duque aprovechan para subirles los impuestos.

Ojo, transportadores y colombianos propietarios de vehículos. Se autorizan peajes urbanos en las capitales y peajes en las vías terciarias, simples trochas. El peaje es un típico impuesto indirecto. 

Más impuestos a los salarios

Qué va a pasar con el impuesto de renta. Duque y Carrasquilla van a coger a los asalariados a que paguen impuesto de renta desde 2.4 millones de pesos de ingreso real al mes. Claro, frente al que se está muriendo de hambre, la suma sonará como un montón de pesos, pero es supremamente baja. Y para el 2023 será desde 1.6 millones. Es el colmo de los desalmados.

No olvidemos que cuando se analice a la clase media, si bien es cierto que el integrante gana un poco más que el más pobre, pues supera el mínimo y no se dedica a las actividades informales, también así son sus compromisos, sus costos, sus deudas de vivienda. Por lo común, han de pagar educación privada, porque el Estado no da la educación pública como debería. Y si el de la clase media es media-media o media-alta, también tiene más necesidades. ¿Qué tendrán que hacer estos compatriotas cuando les suban los impuestos? Reducir su nivel de vida, recortar necesidades que les resultan básicas. Otro impuesto a la clase media, un impuesto del 10 por ciento sobre sueldos mayores de 10 millones. Otra vez el cuento de que esos son los ricos y los súper ricos. Cosa que, por supuesto, no corresponde con la realidad. 

También contra los pensionados

Duque y Carrasquilla empiezan a gravar a los pensionados, su otra gran hazaña, una tronera que están abriendo. Las centrales obreras, que han estado muy pilas, lo han rechazado. Desde 4.8 millones de pesos mensuales, van a gravar las pensiones de la clase media. Me detengo un poco a explicar quién es un pensionado. Porque nos los quieren presentar como unos hombres y unas mujeres privilegiados. ¿Quién es un pensionado? Una persona que a lo largo de su vida y laborando a diario logró cotizar durante muchísimos años para pensiones. Cotizó lo que le dijeron en el Estado que cotizara, cumplió numerosos años sirviéndole al país y se logró pensionar, con un ingreso bastante más bajo del que percibía. Ya ahí su calidad de vida se le recortó. Como le suben su pago en salud, vuelve y se le recorta el ingreso. Y sigue teniendo las mismas o más necesidades de antes. Y entonces ahora Duque y Carrasquilla se están inventando el cuento de que esos son los ricos.

Entonces les clavan impuesto a quienes reciban desde 4.8 millones de pesos hacia arriba de mesada pensional, una tronera que abre la puerta en la próxima reforma tributaria, que seguro tiene en mente la OCDE, a gravar pensiones desde más abajo.

El IVA empezó en Colombia hace muchísimos años con un porcentaje, ya no recuerdo bien, como del 2 o el 4 y sobre muy pocos bienes y con ese cuento nos lo metieron. Y miren dónde vamos ya.

Impuestos y carne de urna

La reforma tributaria tiene además otro secreto. Parte de ella es para financiar algunos pesos que el gobierno les da a unos pobres, no a todo. ¿En qué consiste la maniobra? En que Duque y Carrasquilla les sacan una plata a todos los pobres para dársela a unos pocos y volverlos carne de urna. Hay de por medio mucho de politiquería. Con buena parte de las platas es con las que se compran los votos y hacen corrupción para arriar electores a las urnas y después gobernar mal y aprobar reformas tributarias una tras otra.

Me detengo un poco sobre los impuestos verdes. Ya lo he mencionado, pero quiero ratificar. ¿Bolsas plásticas, impuesto verde? No, otra carga sobre los pobres, obligados a echar unas papas entre una bolsa plástica o sobre el agricultor, que necesita transportar sus productos. Impuesto al carbono, impuesto a los combustibles, la misma cosa, impuestos regresivos por definición. Lo que el gobierno haga al final con la plata que recaude no es el aspecto principal de la discusión.

Impuestos contra el crecimiento económico

La estructura tributaria que se viene montando contra los pobres y contra las clases medias es profundamente retardataria por otra razón que normalmente la gente no ve, como tampoco los empresarios, los comerciantes, los transportadores, los restaurantes, los industriales, los agricultores. Muchos no la ven. Es que si el Estado les saca a los pobres y a las clases medias 31 billones de pesos del bolsillo, una parte muy grande de la plata no se convertirá en compras. Y si la gente compra menos, pues los productores venderán menos, venderá menos el de la industria del agro, el del restaurante, el de trasporte, el de la recreación, todo el mundo.

Unas reformas tributarias tan duras contra los consumidores también son entonces retardatarias porque golpean el aparato productivo y económico. Y si la industria y el agro no prosperan, habrá menos empleo, por razones obvias. Y si hay menos empleo, habrá menos ingresos para las gentes sencillas y menos capacidad de compra. Se monta así una especie de círculo perverso, un círculo vicioso que lesiona la economía nacional. Es bien importante que lo entendamos. A Duque y a Carrasquilla les deberían dar el Premio Nobel de Economía por sus aportes a la ciencia económica. Se están inventando una economía de mercado sin compradores, una economía de mercado sin mercado, porque el mercado lo que entraña son compradores. Se están inventando una economía de mercado que no tiene mercado. Como ellos no están pensando en el país, en el progreso de Colombia, sino apenas en unas pequeñas roscas, principalmente en las trasnacionales, y como a ellas les va bien y a ellos y a los Carrasquillas y a los Duques les va bien, entonces ya les parece que le va bien a todo el mundo.

Aquí hay que recordarle a la gente seria la frase de un dirigente gremial muy importante del país, hace muchos años, Fabio Echeverri Correa dijo, en una situación diferente de la actual. Decía, la economía va bien, pero el país va mal. ¿Qué estaba diciendo? A mis agremiados, a quienes yo represento, les está yendo bien. Pero al resto de Colombia le está yendo mal. Es lo mismo que nos está pasando hoy. Al sector financiero le fue súper bien el año pasado, aquí a un poco de gente le fue súper bien el año pasado y a nivel mundial ni se diga, las recontra utilidades, la excesivas utilidades de los más ricos del mundo en un año de pandemia han sido una locura. No sólo las farmacéuticas, los de las vacunas, sino también otros cuantos.

Aviones y gobierno derrochón

Y resulta que llega la reforma tributaria es a caerle a la gente sencilla, a los más débiles, con una visión profundamente retardataria. Y agreguémosle que el de Duque y Carrasquilla es un gobierno derrochón, el más derrochón de todos, porque en plena pandemia andan en vueltas para gastarse 14 billones de pesos en 24 aviones de guerra internacional que Colombia no necesita, 14 billones de pesos que hay que empezar a pagarlos desde ya y en aviones que llegarán dentro de varios años. Ese gasto no dinamiza la economía nacional, porque se hace en Estados Unidos, son F-16. Es lo más absurdo que uno pueda imaginarse. Lo primero, hacer una reforma tributaria contra la gente en plena crisis de la pandemia, cuando lo que necesita el país es que la gente tenga recursos. Y lo segundo, despilfarrar 14 billones invirtiéndolos en otro país que no le genera ningún beneficio a Colombia. Alguien dijo de una manera muy gráfica que lo único que justifica el negocio son las comisiones allá y aquí. Y andan solapaditos y calladitos y no han querido salir al debate. Doctor Duque, explíqueles a los colombianos lo de los aviones. Cómo es que se va a gastar usted 14 billones de pesos. Habla una hora al día en la televisión y se le comieron la lengua los ratones para estos efectos. Estamos esperando el debate. Salga a defender la compra de los F-16 y hagamos un debate democrático al respecto.

Por un acuerdo nacional sobre impuestos

Estoy proponiendo unos acuerdos nacionales sobre el agro, sobre la industria, sobre la salud, sobre la educación, unos acuerdos sociales entre los colombianos, buscando fórmulas para convertirlas en gobierno y en política de Estado. Y el tema tributario debe ser objeto de un acuerdo. Entonces, mi invitación muy cordial a todos los colombianos es a que lo miremos con detenimiento. Y a los propios empresarios, e incluyo a los más grandes, les llamo la atención. Todos vamos en el mismo barco. Unos en mejores camarotes que otros, pero todos vamos en el mismo barco. Y si este barco se hunde, aquí puede naufragar todo el mundo. Mi llamado muy cordial es a que busquemos coincidencias que vayan más allá de pensar solo en el interés particular. No se puede construir un país si cada uno piensa única y exclusivamente en su interés personal. 

Aquí necesitamos crear un proyecto colectivo de nación. Es una de las razones por las que yo me opongo a esa pelea de perros y gatos que nos montaron, porque ya no se puede ni hablar. Sobre el tema debemos acordarnos y lo primero que hay que hacer es sincerar las cifras. Yo le digo a los medios de comunicación con toda franqueza, ustedes tienen el deber de contribuir con el debate. Aquí no pueden seguir poniendo cifras y tasas que no son ciertas.

Pero como puede haber desacuerdos al respecto, reitero una propuesta que estoy haciendo desde hace diez años, para quienes arguyen que el senador Robledo no hace propuestas. Una propuesta obvia: que el Estado colombiano, en asocio con los gremios, la academia, las universidades, los especialistas, nos presenten a los colombianos un cuadro real de cómo son los impuestos en Colombia y quién los paga de verdad. No los nominales, los reales. Qué tanto paga el uno, qué tanto paga el otro. Y a partir de esas cifras, iguales para todos, hagamos un debate sobre qué se sube y qué se baja, ¿dependiendo de qué? Del interés nacional, del interés del barco en el que vamos todos, del interés de todos los pasajeros del barco. Es la propuesta que estoy haciendo desde hace más de diez años.

Invito a los medios de comunicación a promover el debate democrático, que brille la verdad para que todos manejemos las mismas cifras. Es el colmo que todavía hoy unos esgrimen unas cifras y otros replican con otras. No, las cifras, como el termómetro de la temperatura, tienen que ser iguales para todos. Si el termómetro marca 20 grados, es igual para todos, y después discutimos si el clima está muy frío o muy cambiante la habitación. No puede ser que cada uno disponga de un termómetro del bolsillo y se invente una cifra a su amaño. He propuesto que las cifras sean iguales. No se les ha dado la gana hacerlo.

No más engaños tributarios

¿Por qué? Porque el primer criterio del actual sistema tributario colombiano es engañar, mentir, manipular, no contar la verdad, una mala práctica que le hace daño al progreso de Colombia, incluso a los propios sectores a los que les va bien. Una de las razones por las que Colombia padece un producto por habitante miserable de 6.500 dólares, una economía de mercado subdesarrollada, atrasada, que explica en buena parte nuestros problemas, es que las cosas no se debaten con altura y rigor.

No hay que hacerse ilusiones. Ya están en la demagogia de siempre, ¿qué es cuál? Que ahora sí los amigos del gobierno van a arreglar el país. Ya salieron los hijos de un expresidente de la República a reunirse con Duque y ellos son los que van a dar la solución. No se dejen engañar, es el mismo sainete de siempre. El gobierno presenta una reforma tributaria horrorosa, a la que después sus compadres le hacen dos o tres retoques, y sigue siendo igual de horrorosa, pero ellos sacan pecho y piden que les pongamos la Cruz de Boyacá. No nos dejemos engañar de nuevo.

El paro nacional del 28

La única esperanza de que esta reforma no pase es la lucha social, el reclamo social, civilizado, pacífico, democrático. Y las centrales de trabajadores están planteando un gran paro nacional el 28 de este mes. No me sorprende que lo estén planteando. Es que los hechos son de una gravedad inaudita, insisto, una gran movilización que tiene que ser pacífica, civilizada, democrática, sin ninguna violencia. Y yo diría no es para menos. Hay indignación en Colombia, no es un cuento. Inclusive entre las propias agremiaciones empresariales ya hay voces que salen y dicen, oiga, pero esta vaina qué es. Lo que pasa es que no se les antoja pasar a la acción, en últimas, porque se trata de una orden.

La reforma tributaria no es cocina criolla, es cocina extranjera, son órdenes que nos vienen desde afuera, de trasnacionales residenciadas en las grandes potencias económicas, las mismas de las vacunas, potencias a las que les importa un pepino la suerte de Colombia. Y si este país se hunde, me imagino que dirán, les vendemos salvavidas y les cobramos el rescate, así como hoy nos cobran la vacuna a precios exorbitantes.

Pero los colombianos sí tenemos un deber con el progreso de nuestra nación.