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Condena al uribismo para absolver, contra toda evidencia, a Alvaro Uribe

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate sobre las declaraciones del comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, Plenaria del Senado, 6 de mayo de 2008. Graves problemas en el café y el agro. Por fin, revocada licitación de Carimagua. ¿Por qué el comisionado de Paz pide que se disuelvan los partidos uribistas? Casi […]

Política

Hace 10 años

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate sobre las declaraciones del comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, Plenaria del Senado, 6 de mayo de 2008.

Graves problemas en el café y el agro. Por fin, revocada licitación de Carimagua. ¿Por qué el comisionado de Paz pide que se disuelvan los partidos uribistas? Casi el 85% de los parapolíticos milita en los partidos uribistas. Cortinas de humo para tapar el cohecho revelado por Yidis Medina y para absolver a Uribe. La desvergüenza del tercer período.

Antes de entrar en materia, un par de comentarios breves. Tengo que lamentar que haya aún senadores que confunden a los campesinos paupérrimos que siembran coca obligados por las circunstancias con los carteles del narcotráfico, que siguen haciendo de las suyas como si nada estuviera pasando.

Y no puedo dejar de contarle al Senado que hay un drama cafetero de proporciones inmensas, no obstante los precios relativamente buenos o menos malos del mercado mundial. Hay una crisis cafetera muy grave provocada por las políticas internas y también un problema tremendamente doloroso de vías de comunicación en las zonas rurales. El país está regresando en materia de carreteras a unas condiciones muy parecidas a las de hace cincuenta y más años. Hoy, para poner un ejemplo, estuvo en mi oficina una delegación de reconocidos líderes cafeteros de La Unión, Nariño, y me cuentan ellos que su situación es absolutamente desesperada. Y lo mismo sucede en todo el sector agropecuario.

Celebremos sí que, por fin, el Ministerio de Agricultura haya decidido revocar la licitación de Carimagua. Por fin. Lo que sigo esperando es que el ministro Arias y los amigos del ministro le presenten algún tipo de excusa a Colombia, porque no puede ser que proclamen que tuvieron la razón aquí hace unas semanas cuando se hizo el debate y que ahora, cuando dieron vuelta de 180 grados, también sigan teniendo la razón. Habrá que estar vigilantes para que en este caso de Carimagua no salgamos de Guatemala para Guatepeor y que nos tenga preparada el Ministerio de Agricultura alguna sorpresa bien retardataria.

Restrepo confirma el parauribismo

Voy a referirme al tema que sin duda les interesa a todos los colombianos, el relacionado con las declaraciones del doctor Luis Carlos Restrepo, comisionado de Paz, el domingo pasado en el periódico El Tiempo, donde él pide que se disuelvan los partidos uribistas. No voy a repetir las palabras que utilizó para explicar por qué deben disolverse, porque sin duda hizo referencia a esas organizaciones políticas en los peores términos que sea posible concebir.

Pienso que se vuelve interesante hacernos una primera pregunta: ¿por qué el comisionado de Paz pide que se disuelvan los partidos uribistas? No todos los partidos, solo los uribistas. Hay que decir que, aun cuando es cierto que a los congresistas involucrados en la parapolítica, porque él se está refiriendo en su entrevista es a este lío de la parapolítica, se les aplica la presunción de inocencia, también es cierto que aquí hay responsabilidades políticas. Que el señor comisionado de Paz haya pedido que se disuelvan los partidos uribistas tiene una explicación de fondo, una explicación matemática. El 84,4%, casi el 85% de los congresistas elegidos en 2006, con uno u otro nivel de enredo en el asunto de la parapolítica, milita en los partidos uribistas. En este sentido, no resulta entonces una exageración que el señor comisionado de Paz diga que esos partidos deberían disolverse.

Se confirma así una palabra que yo usé hace poco más de un año y que me costó una andanada de calumnias e improperios por parte del ministro del Interior, Carlos Holguín Sardi, cuando apoyado en matemáticas parecidas a las de ahora expresé que aquí, más que parapolítica, lo que había era parauribismo. Bueno, eso es lo que está confirmando el comisionado de Paz: aquí, más que parapolítica, lo que hay es parauribismo y por eso hay que disolver los partidos uribistas. Volvamos a recordar que cuando hablamos de parauribismo, no estamos afirmando que cada partidario de Álvaro Uribe Vélez sea un parapolítico. No se trata de eso, sino de que un número supremamente grande de los dirigentes políticos encartados en estos gravísimos hechos son afectos al presidente de la República.

Cortinas de humo

Todo el mundo se está haciendo otra pregunta: ¿por qué sale precisamente el domingo pasado el doctor Restrepo a dar unas declaraciones bastante explosivas y que con razón tienen bien molestos a los partidos de la coalición de gobierno? Apenas obvio que estén molestos, porque los han puesto en la peor de las coyunturas en las que sea posible colocar a una organización política en Colombia. Hay quienes dicen que se trata de cortinas de humo para tapar la historia de Yidis y de Teodolindo, historia desastrosa que involucra en materia gravísima a dos ministros del despacho, al doctor Sabas Pretelt y al doctor Diego Palacios, al secretario General de la Casa de Nariño y al propio presidente, Álvaro Uribe Vélez. Esto último se ha mencionado poco, pero recordemos que la doctora Yidis Medina señala con el dedo acusador y reafirma que el garante de este delito de cohecho fue el propio presidente de la República, delito que además ella agrava cuando revela que ni siquiera le cumplieron las promesas de manera efectiva, sino que le pusieron conejo, por lo menos en parte, desenlace que no deja de ser algo gracioso, pero que tampoco dice bien de quienes hicieron los compromisos con ella.

Si aquí lo que hay es una cortina de humo para tapar el delito de cohecho con que se auspició la reelección del presidente de la República, estaríamos ante un caso de esos en que se salta de la brasa a la sartén. Porque saltar de cohecho a parauribismo no deja de ser más bien curioso.

En lo que sí parece haber claridad es en el hecho de que el comisionado de Paz está haciendo un esfuerzo grande por separar a Álvaro Uribe Vélez del escándalo de la parapolítica, responsabilizando a todos los partidos uribistas. Los culpabiliza, los sacrifica, les pide incluso que se disuelvan porque aparecen como una vergüenza de la política nacional, pero eso sí, el doctor Álvaro Uribe Vélez no tiene nada que ver y debemos por el contrario exaltarlo a un tercer período en el cual el doctor Uribe y su cúpula de amigos se sacrifiquen nuevamente por el progreso de Colombia.

¿Sí será que el doctor Álvaro Uribe Vélez es un inocentón que no sabe quién es quién en la política nacional? Una persona que hizo curso de manzanillo desde joven, que escaló todos los cargos del Estado en los que se compite a punta de manzanillismo, que detenta poderosísimos intereses en el departamento de Córdoba, ¿y no sabía quién era quién? ¿El único que entre los colombianos nada sabía? ¿El doctor Uribe? ¿Se le olvidó al doctor Uribe que la verdad, hoy condición ineludible en el proceso de paz con el paramilitarismo, la impuso la Corte Constitucional, porque, con la aquiescencia suya, ese punto no estaba incluido en la Ley de Justicia y Paz que aprobó el Congreso de la República? ¿Se le olvidó a Álvaro Uribe que cuando se hicieron las listas del Congreso en el 2006 ya había aflorado el escándalo sobre la parapolítica y que fue él quien se hizo el loco frente a lo que ocurría y nunca les exigió a los partidos uribistas que se depuraran como debían? ¿No les debe el doctor Uribe la reelección a esos que ahora somete al escarnio público? ¿Hubiera podido reelegirse sin el respaldo del Partido Conservador, para poner un ejemplo, sin el respaldo de Convergencia Ciudadana, el Partido de la U, Cambio Radical, los partidos que ahora deben disolverse de acuerdo con el comisionado de Paz? ¿No ha perseguido hasta la fatiga el doctor Álvaro Uribe Vélez a la Corte Suprema de Justicia, acusada del crimen, porque en Colombia eso se volvió un crimen, de cumplir con el deber y de destapar todo este horror de la parapolítica? ¿Y con quiénes gobierna usted, señor presidente? Le hago aquí una invitación cordial al doctor Álvaro Uribe Vélez para que nos muestre la lista de los altos dignatarios del Estado colombiano, ministros, viceministros y otros, y nos ponga al frente de cada uno a qué dirigente político representa en la estructura del Estado. Sería una manera de probar si él esta sancionando a los vinculados en la parapolítica dentro del aparato burocrático del Estado.

¿Restrepo es rueda suelta?

Hagamos una última pregunta: ¿el señor comisionado de Paz hace lo que hace como una rueda suelta? Difícil creerlo. Sería muy extraño que el doctor Restrepo estuviera diciendo lo que dice sin que el presidente Álvaro Uribe Vélez lo supiera. Pero hay una manera de probarlo, señores dirigentes de los partidos uribistas que el comisionado propone disolver. Una de dos, o que el presidente de la República respalde al doctor Restrepo, o que le pida la renuncia. Porque no es posible que un burócrata del nivel del doctor Restrepo pueda hacer acusaciones de ese calibre sin tener la aquiescencia del jefe del Estado y que se quede en el cargo. Aquí no se pueden hacer los locos. O el presidente de la República está en esa posición o no está y eso se lo debe decir él con franqueza a toda la nación.

La desvergüenza de otra reelección

Y por último, me parece el colmo de la desvergüenza que el doctor Álvaro Uribe Vélez, con el agua al cuello en estos dos casos, el del delito del cohecho y el de la parapolítica, intente reelegirse por segunda vez, para un tercer período. ¿De qué se trata, colombianos, de qué se trata? ¿Aquí puede pasar cualquier cosa y con el cuento del 84% atropellan cualquier principio ético o moral en la dirección del Estado? No sé que es peor, que las encuestas sean falsas o sean buenas. Porque si son falsas, gravísimo, y si son buenas, hay que sumarle a los cargos al jefe del Estado una capacidad de engaño que nadie había tenido nunca en Colombia y que hace que tanta gente buena esté respaldando una iniquidad tan vergonzosa como la que estamos denunciando.