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Redes y gran manipulación política

Lo nuevo con las redes es la amplísima escala del fraude, su bajísimo costo y la facilidad con la que los engañados caen en las trampas de quienes los estafan, además del anonimato que generalmente cubre a los tramposos.

#CambridgeAnalytica #Facebook

Hace 6 meses

Por: Jorge Enrique Robledo

Entre las primeras cosas valiosas que comprendí en mi vida política fue que el desarrollo científico-técnico es la base de todo progreso, en el entendido de que este se fundamenta en el avance del conocimiento. Si algo ha motivado mi lucha por cambiar a Colombia, es su profundo atraso en estos asuntos, subdesarrollo que desnuda el fracaso de los gobernantes colombianos para liderar la modernización nacional. De ahí que cuando en 1985 conocí un Computador Personal, me impuse el deber de conseguir uno, decisión que me convirtió en uno de los primeros en entrar a ese mundo en el país. Y desde entonces he sido activo en el empleo de las redes como medio del debate político y social. Lo cuento para salirle al paso a algún filisteo, como los fletados por Uber, que de seguro abordarán el debate sobre la corrupción en las redes con habladurías de cínico y falso amor a la tecnología.

El actual escándalo mundial con las redes confirma que hay poderosos que actúan como el Rey Midas pero al revés, pues de este se dice que todo lo que tocaba lo convertía en oro, en tanto estos otros todo lo que tocan lo vuelven… Porque la trasnacional Cambridge Analytica se hizo con fraude a 50 millones de cuentas de internet y con ellas indujo a incontables norteamericanos, engañándolos, a votar por Trump, maniobra que contó con el favor de Facebook, en últimas movida solo por la insondable codicia de su propietario. Debe saberse que Cambridge Analytica afirma haber respaldado la pasada campaña a la Alcaldía de Enrique Peñalosa y que el miedo como arma de manipulación fue de amplio uso en el plebiscito del sí y el no. Un buen resumen de estas historias lo hace Yohir Akerman (enlace 1).

La manipulación con Facebook consiste en que se usa para conocer los perfiles económicos, sociales, políticos y sicológicos de cada uno de sus millones de miembros. Y para, una vez identificados, enviarles mensajes personalizados y calculados para inducirlos a pensar de una determinada manera, pero, eso sí, presentados con el cuidado de que no parezcan lo que son en realidad: verdaderos lavados de cerebro generados a punta de tergiversaciones, mentiras, calumnias y lo que sea, creándoles el mundo que se les dé la gana a sus manipuladores, mundo que debe generar mucho miedo y rabia en contra del que sea, porque nadie es más fácil de engañar que quien está fuera de sí por el espanto y el odio. Fascismo puro, que inevitablemente lleva a pensar en la propaganda nazi. Parecido ocurre con twitter, con sus incontables cuentas falsas, los computadores que disparan trinos por miles y los mercenarios contratados para que machaquen y machaquen a las víctimas escogidas. Y con las cadenas de Whatsapp, que para los tramposos tienen el encanto de que sus miembros inocentes se retroalimentan sus lavados cerebrales entre ellos mismos, llenándose de pavor y de ira.

Un día, en la puerta de un ascensor, un joven y exitoso profesional a quien no conocía me dijo: “Sergio Fajardo hizo una buena Alcaldía en Medellín y una buena Gobernación en Antioquia. También creo que es una gran persona”. Pero, nervioso, agregó: “¿Usted está seguro de que no es castrochavista?”, desproporción tramposa que otro engañado o un corrupto le insufló. Y a propósito, luego de que las Farc obtuvieran apenas 52.532 votos al Senado, el 0,29 por ciento del total, ¿no tienen excusas que pedir quienes sistemáticamente asustaron al país con la falacia de que el proceso de paz les entregaba el poder a los exguerrilleros?

Lo nuevo en Colombia no es la mentira ni el engaño en política, y menos con el predominio, público y privado, del “todo vale”. Lo nuevo con las redes es la amplísima escala del fraude, su bajísimo costo y la facilidad con la que los engañados caen en las trampas de quienes los estafan, además del anonimato que generalmente cubre a los tramposos.

No sé, apreciado lector, qué pensará usted sobre este escándalo que sacude a todos los poderes de Estados Unidos, a Europa y el mundo entero, dada la gravedad de sus implicaciones. Pero en lo que a mí respecta, además de exigir que se tomen medidas que enfrenten a quienes usan las redes con lógica criminal, aumentaré mi vigilancia a todo lo que me llegue por ellas, y por cualquier otro medio, porque la verdad es que toda información y análisis expresa intereses que deben poder juzgarse con la mayor objetividad.

Bogotá, 30 de marzo de 2018.