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LOS AGROCOMBUSTIBLES AUMENTARÁN EL HAMBRE DE LA HUMANIDAD

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate a los ministros de Minas y de Agricultura sobre agrocombustibles, Comisión Quinta del Senado, 1º de abril de 2008. Empiezo haciendo mención de un par de asuntos que sería imperdonable no mencionar. Malo el balance del agro también el año pasado, señor ministro. Sus proyecciones de […]

agro Agrocombustibles

Hace 10 años

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate a los ministros de Minas y de Agricultura sobre agrocombustibles, Comisión Quinta del Senado, 1º de abril de 2008.

Empiezo haciendo mención de un par de asuntos que sería imperdonable no mencionar. Malo el balance del agro también el año pasado, señor ministro. Sus proyecciones de que el agro iba a crecer al 5% no le salieron ni de lejos. La economía creció tres veces lo que creció el sector, lo que significa que seguimos con un desastre agropecuario. Esto hay que señalarlo con todos los números, y eso que el café le ha dado la mano al agro, no por la acción del gobierno, sino por los buenos precios internacionales. Mejor: buenos no, menos malos. Realmente es desastrosa la situación del agro nacional y pésimo su crecimiento.

En las condiciones que padece el sector, se van a necesitar mil años para salir de la miseria y la pobreza. La situación en parte tiene que ver con un hecho muy grave, que al gobierno le parece hasta bueno, que están disparadas las importaciones de productos agropecuarios. Pasaron de cerca de seis millones a más de ocho millones entre 2003 y 2007, es decir, aumentaron en más de dos millones doscientas mil toneladas, una barbaridad. Esa cifra se convierte en desempleo y mayor pobreza. En un país que tiene como política sustituir el trabajo nacional por el trabajo extranjero necesariamente les va muy mal a sus campesinos, a sus empresarios y a sus jornaleros.

Se disparó el precio de los alimentos importados

Cuando tramitábamos el TLC, el ministro Botero, hoy disfrutando en Washington de las mieles del Banco Mundial, nos decía que era bueno aprobarlo, porque los subsidios agrícolas de Estados Unidos se nos iban a convertir en comida barata. ¿Se acuerda, senador Serrano? La comida importada arruinaba el agro, pero era comida barata. Hoy ya ni siquiera es barata la comida. Entre el año pasado y este, las importaciones crecieron en 5%, pero los precios de las importaciones crecieron en 30%. Está disparado el precio de los alimentos de importación, cosa que se está convirtiendo también en hambre, no solo en las zonas rurales, sino también en las urbanas. Aquí enfrentamos un problema de extrema gravedad, el encarecimiento de los precios de los alimentos en Colombia y el mundo, y buena parte del presente debate va a dedicarse a examinarlo. El caso del trigo es escandaloso. Hace unos años se acabó el pan de $100. Bueno, le tocó el turno al pan de $200 y el pan más barato es el de $300. Están cerrando las panaderías, porque la gente no quiere comprar pan. Les parece, con toda justicia, demasiado caro.

Por revaluación, cafeteros pierden más de $2 billones

Mis amigos cafeteros, que tengo muchos, no cesan de llamarme: senador Robledo, diga algo del tema del café. Es un drama espantoso. En los últimos años, afortunadamente, los precios repuntaron, pero la reevaluación de la moneda que este gobierno ha agenciado de una u otra manera les ha sacado del bolsillo a los caficultores más de dos billones de pesos. ¿Cuánta hambre hay detrás de esa reevaluación en un sector compuesto por más de quinientas mil familias y en el que 95% tiene cafetales de menos de cinco hectáreas? Ministro, le voy a dar unas cifras que de pronto usted no tenga y que comparan lo que se podía comprar con el precio de una carga de café en 1989 y lo que se puede comprar ahora. Miren ustedes, colombianos, para que se aterren. En 1989 se podían comprar 1.250 kilogramos de fertilizantes, claves en el cultivo; en el 2000 ya no se podían comprar sino 550 kilogramos de fertilizantes y hoy, en el 2008, apenas se pueden comprar 300 kilogramos. Estamos hablando de una caída bárbara en la capacidad de compra. Con el ACPM pasa algo parecido: en 1989, con el precio de una carga de café se compraban 150 galones de ACPM y hoy apenas 65. En dos palabras, los costos están estrangulando a los cafeteros colombianos. Y el impacto de los fertilizantes y del ACPM no golpea tan solo a los cafeteros, sino a todo el sector agropecuario.

En defensa de los cruderos de la leche

Ministro, espero que ustedes entren en razón y que antes de agosto deroguen el decreto que prohíbe comercializar leche cruda en Colombia. Es un decreto profundamente retardatario, y si ustedes insisten en imponerlo van a arruinar a miles y miles de pequeños comerciantes de la leche, van a arruinar muchos negocios como el del pandebono y el quesillo y van a arruinar a un montón de pequeños ganaderos, los más pobres de Colombia, quienes se quedarán sin vender la leche cruda si los cruderos no se la compran, porque los monopolios no van a ir a esos rincones del país.

Lo que me parece detestable es que se agencie otra política de concentración de la riqueza con el pretexto de la salud pública. Algo parecido ocurre con los cierres de los mataderos municipales: Ciérrense los mataderos municipales con el pretexto de la sanidad para que se concentre la producción en dos o tres grandes mataderos. Y hay un decreto parecido, afortunadamente suspendido, en el caso de la panela, sector del que quieren sacar a muchos paneleros colombianos también con el pretexto de la sanidad. En conclusión, está realmente bastante mal la política agropecuaria colombiana.

Mejor agrocombustibles que biocombustibles

Entremos en materia. Los senadores que llevan aquí más de un periodo se acordarán de que este no es mi primer debate sobre el tema de los agrocombustibles. Y aprovecho para aclarar que prefiero llamarlos agrocombustibles que biocombustibles, porque ese “bio” tiene una connotación positiva. Significa vida y, como vamos a verlo, la cosa es bastante más complicada. Es más serio llamarlos agrocombustibles para que no haya sesgos ideológicos metidos de contrabando en el debate.

Recordarán que mi primer debate lo hice en 2003, quince días después de que el doctor Álvaro Uribe Vélez dijera que les había montado un gran negocio a los ingenios azucareros del Valle geográfico del río Cauca en la producción de etanol. Entonces aquí convocamos a un debate para mirar de qué se trataba el asunto. Dije en esos días que era uno de esos negocios que sonaba bien, porque, claro, cómo no va a sonar bien hacer una transformación productiva de bienes agrarios para convertirlos en combustible. Pero también dije: miremos con más detenimiento. Miremos primero que sin subsidios inmensos del Estado el negocio no opera. Dije también: ojo, porque las leyes que empujan a hacer los agrocombustibles permiten importarlos y sería el colmo que termináramos subsidiando la importación de agrocombustibles. Pregunté, como una preocupación: ¿podrá haber pequeños productores o todo es para los grandes ingenios Pregunté también: ¿les va a quedar parte del subsidio a los agricultores o se van a quedar con todo los industrializadores? Todas eran cuestiones razonables. Y también recuerdo que con el senador Serrano hicimos un debate en la plenaria del Senado en el que dijimos: hombre, nos parece muy feo que sea el ministro Mejía, de Minas, quien agencie toda esta política, pues casualmente él o su familia poseen una finca beneficiada por este negocio en el Valle del Cauca.

Una política del imperio

En esos días no estaba todo claro, porque, la verdad, teníamos una gran ignorancia del tema. Hoy ya ha sido aclarado algo que es bueno que se sepa: la política de agrocombustibles no es un invento del gobierno nacional, sino el reflejo de una decisión tomada por el gobierno de Estados Unidos. Washington se ha propuesto reemplazar las importaciones de hidrocarburos por producción interna, por un problema de geopolítica de estos asuntos de la guerra. No es reemplazar combustibles de origen fósil por combustibles de origen vegetal, sino reemplazar importaciones, por los enormes líos que enfrenta el Imperio con sus fuentes de abastecimiento. Dentro de la política de sustitución, los agrocombustibles son apenas una parte. Por ejemplo, se está poniendo mayor énfasis en las plantas de energía nuclear y en otras medidas a las que la humanidad y los colombianos debiéramos poner atención, y es que ante la crisis de la energía, hay que ahorrar energía y dejar de despilfarrarla como se viene haciendo. En ese sentido no me choca la idea de reemplazar bombillas de un tipo por otro, si eso genera realmente un ahorro en el consumo.

Pero sobre todo, esto de los agrocombustibles tiene origen en las necesidades de montar un nuevo negocio. Estoy enfatizando en que no es verdad que lo de los agrocombustibles se monte, como se dice, con el argumento de que vamos a salvar el medio ambiente del calentamiento global. Más adelante me voy a detener en el tema, pero por el momento digamos que esos son cuentos. En realidad aquí lo que hay es un propósito geoestratégico de Estados Unidos de producir internamente más combustibles y hay también detrás un negocio trasnacional. Como lo vamos a ver, se trata de negocios de ligas mayores de la economía y no de pequeños negocios.

Hay un gran debate a escala mundial

En esos días no se mencionaba, pero ahora sí. Diría que es la política a escala global que más se debate en el mundo de hoy, no solo entre los sectores de la izquierda, sino también en el Banco Mundial, en la OCDE, en la ONU, en las trasnacionales, en todas partes. Y esta muy en duda su continuidad o por lo menos hay serios reparos. Voy a explicar por qué. Al final vamos a ver que la inestabilidad que acosa a este negocio o que por lo menos podría terminar acosándolo le interesa a Colombia.

El primero de los reparos es el siguiente. Cuando en un mundo con recursos limitados sustraigo de la producción de comida una porción inmensa de territorio y de recursos para producir combustibles, por definición lo que sucede es que se disparan los precios de los alimentos. El señor Simon Jonson, director de Estudios Económicos del FMI, dice que a esto de los agrocombustibles se le puede atribuir un incremento importante en los precios. No es lo único que explica sus incrementos, pero pesa bastante. Dice el señor Jonson: “El impacto de los altos precios de los alimentos es directo y doloroso: (los pobres) tendrán que pagar más por comer”. La OCDE, la organización de los países más ricos de la Tierra, dice que en materia de agrocombustibles es “peor el remedio que la enfermedad”, porque harán subir los precios de los alimentos entre 20 y 50% en los próximos diez años. El señor Jacques Diouf, Director de la FAO, sostiene: “El auge de los biocarburantes supondrá un aumento de 9% del gasto global de importación alimentaria de los países en desarrollo”, y 10% es mucha plata para los pobres de un país. La revista Foreign Affaire afirma que esta política tendrá “consecuencias devastadoras para la pobreza y la seguridad alimentaria del mundo”. Jean Ziegler, relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación, dice: “La súbita y mal concebida carrera para convertir comida –como maíz, trigo y aceite de palma– en combustibles, es una carrera para el desastre”. Peter Brabeck, jefe de Nestlé, dice: “Si se quiere cubrir el 20 por ciento de la necesidad creciente de productos petroleros con biocarburantes, como está previsto, no habrá nada que comer”. Y agrega: “Otorgar enormes subvenciones para producirlos es inaceptable moralmente e irresponsable”. Fíjense ustedes que no cité a nadie que no fuera del establecimiento y podría quedarme aquí toda la mañana leyendo citas de todos los que mandan en el mundo. Quiero en ese sentido apelar a los senadores de la Comisión a que entiendan que este es un debate de verdad de extrema gravedad y de extrema profundidad. Estamos hablando de que en un país lleno de pobres, aumentar los precios de los alimentos a esos niveles significa que la gente se queda sin comer, se muere de hambre.

En entredicho los impactos medioambientales

Y entonces se me replica, bueno, senador, pero en impacto medioambiental vamos a ganar. No es cierto. Al fin no supe en qué terminó el documento Conpes aprobado anoche, pero en el borrador anterior, el propio Conpes decía que aún existen muchas dudas sobre los verdaderos efectos ambientales que pueda tener la producción de biomasa para combustibles. Cuál es el punto. Es cierto que si yo le introduzco alcohol carburante o incluso agrodiesel a las mezclas de gasolina y diesel, puede haber allí una pequeña reducción de la emisión de gases de efecto invernadero. Pero resulta que cuando hago los cálculos y la operación completa, y no miro el asunto solo en el vehículo, sino en su conjunto, lo que significa en costos y en gastos de energía de deforestar las tierras, hacer los agroquímicos, mover los tractores, transportar por el mundo entero los agrocombustibles, etc., entonces empiezan a aparecer unos casos de polución ambiental y de gases de efecto invernadero que empiezan a poner en duda el balance final. No voy a entrar muy en detalle, sino por lo menos a dejar abierta la duda. Lo que dicen cada vez más ambientalistas en el mundo es que el balance final es negativo si se tienen en cuenta todos los factores.

Voy a leer también algunas citas. Empiezo mostrando que apenas el 14% de los gases de efecto invernadero tienen origen en el transporte mundial. Miren ustedes, es increíble. El 41% son emisiones originadas en la agricultura. Un porcentaje inmenso de esta contaminación tiene origen en un fenómeno absurdo, y es que el mundo se la pasa moviendo de un sitio a otro productos iguales. Algún analista señalaba que España le exporta a Europa 3.500 cerdos diarios y los europeos le exportan a España otro tanto. Es una especie de locura gastar tanta energía llevando y trayendo cosas del mismo tipo. Miren ustedes lo de los automóviles: Europa le vende a Estados Unidos millones de automóviles y Estados Unidos le vende a Europa millones de automóviles. Ese hecho podrá tener su lógica para ganarse una plata, pero es muy discutible desde el punto de vista del medio ambiente. La OCDE afirma que en este sentido también es “peor remedio que la enfermedad”. El Informe se titula justamente así: “Peor remedio que la enfermedad” (El Tiempo, Oct.02.07). La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos hace énfasis en las presiones del etanol sobre el consumo del agua y señala como un problema ambiental grave que el etanol produce más ozono que la gasolina (El Tiempo, Nov.28.07). Dos estudios publicados por la revista Science muestran que los biocombustibles “despiden más dióxido de carbono en el aire del que pueden absorber las plantas cultivadas” (The Guardian, Feb.17.08). La Sección de Medio Ambiente del Parlamento inglés acaba de pedirle a la Comunidad Europea que aplace la producción o el consumo de los agrocombustibles porque ambientalmente no es sostenible. El Conpes destaca que los agrocombustibles producen unos óxidos de nitrógeno con un efecto invernadero 24 veces fuerte más que el CO2. Añade que se producen efectos tóxicos, algunos de ellos genotóxicos (que afectan los genes) y cancerígenos. Dice el Instituto Colombiano del Petróleo, que hizo los estudios del gobierno sobre el balance de contaminación, que si bien es cierto se reduce el consumo de CO2, no los óxidos de nitrógeno, que en el caso de Cartagena aumentan hasta el 43% y en el caso de Bogotá los incrementos pueden llegar hasta el 83%.

En resumen, lo que quiero señalar es que por definición no es cierta la teoría según la cual va a haber un gran beneficio ambiental para el mundo. Pero además ¿saben cuánto aporta Colombia a los gases de efecto invernadero? El 0,24 por ciento del total mundial. El fenómeno es un problema para Estados Unidos, que aporta el 21 por ciento, o para la OCDE, cuyos países miembros aportan el 50 por ciento. Pero en el caso de Colombia, el porcentaje es supremamente pequeño. Entonces argumentar que Colombia se debe meter en la producción de agrocombustibles por la ganancia medioambiental es bastante debatible y antes habría que analizar los costos y los beneficios.

Encarecimiento de los alimentos le resta competitividad global a Colombia

En el estudio ya citado, el FMI señala un asunto que guarda relación con el impacto del encarecimiento de la comida en la competitividad global de los países. ¿Qué dice el señor Jonson? Que cuando el precio de los alimentos sube se genera inflación, mayor en los países pobres que en los ricos, porque en los países pobres el gasto, proporcionalmente hablando, se dirige más a comida que en los países ricos. Y porque la comida propiamente dicha, sin contar los empaques y la publicidad y todas la demás cosas que la acompañan, participa más en los países pobres que en los ricos. Entonces ¿qué sucede? Lo que está sucediendo en Colombia: que los gobiernos, en una concepción neoliberal, deben subir la tasa de interés como una manera de intentar enfriar la economía para que la inflación se modere. Pero cuando se sube la tasa de interés, como está sucediendo exactamente en Colombia, aumenta el negocio especulativo de traer dólares conseguidos en el exterior con tasas de interés más bajas, lo que genera revaluación y le quita competitividad al país.

Este es un punto crucial en la discusión. El incremento de los precios de los alimentos les resta competitividad global a los países y particularmente a los países pobres, entre los que se encuentra Colombia. El señor Jonson dice: bueno, podrían salir ganando algunos de los habitantes de esos países, los que estén involucrados en esos negocios cuyos precios suben, pero añade que todos los urbanos pierden, y que también sufren todos los del sector agropecuario no vinculados al negocio de los agrocombustibles.

Sin estudios se embarcó al país en un negocio gigantesco

El problema es que en este caso, como en muchos otros, no hay estudios. Al país lo embarcan en estas cosas a sangre fría, como en una especie de tómbola a la loca a ver qué es lo que va a pasar. El país lleva siete años metido en el negocio y apenas ayer se aprobó un documento Conpes que analizó el caso y que dio recomendaciones. Es increíble. Siete años, con subsidios en plata que pasan de 220 millones de dólares al año y en el primer Plan de Desarrollo del gobierno de Álvaro Uribe Vélez ni se menciona el caso y en el segundo se menciona de manera secundaria. Y apenas ayer se aprobó un documento Conpes al respecto. Creo que ni las fincas de los jefes del gobierno se manejan con menos planeación.

Hay otro hecho importante. Este es un negocio de inmensos capitales, de inmensos monopolios y trasnacionales y de grandes hacendados, no un negocio ni de pequeños ni de medianos, diría incluso que ni de grandes de la talla de Colombia. Es un negocio en el que se integran la agricultura, la industria de la extracción y el comercio. Es un negocio en el que están metidos todos los grandes, Cargill, Archer Daniels Midland (ADM), British Petroleum, Mitsui, Petrobrás, Petro China, George Soros y todos los banqueros. Y es un negocio de especulación que no sabemos en qué va a terminar, porque ya en la década del 80 hubo un boom de la producción de etanol que terminó en catástrofes y en ruinas de sectores importantes de la economía.

Demos algunas cifras que ilustran el punto: Indonesia apunta a pasar sus hectáreas en palma africana de 6,4 millones de hectáreas a 26 millones. Malasia, cuya monarquía es tan de los afectos del ministro Arias, según supimos en estos días, acaba de concentrar tres de las mayores empresas de palma pertenecientes al Estado en una sola, con 526 mil hectáreas. Recordemos que en Colombia hay cerca de 300 mil hectáreas de palma en total. Y allí solo estas tres empresas tienen 526 mil. Empresas chinas acaban de meterse en negocios para plantar dos millones de hectáreas de palma africana en Malasia e Indonesia. El señor Robert Kuok, el más rico del Sudeste Asiático, posee 435 mil hectáreas y 25 refinerías en Indonesia, una refinería de un millón de toneladas de agrodiesel en Rótterdam, Holanda, y es el segundo mayor accionista de la primer empresa de agrocombustibles de Brasil.

El caso de Brasil es impresionante. Cuenta con 3,4 millones de hectáreas de caña solo en el negocio del etanol y están hablando de 22 millones de hectáreas más para introducirlas en el negocio de los agrocombustibles. Las plantaciones de caña abarcan 6,5 millones de hectáreas, cuando aquí estamos como en 250 mil, un área bien pequeña. El señor Soros compró una empresa en Argentina que posee 100 mil hectáreas de tierra. A partir de esa firma adquirió 27 mil hectáreas de tierras en Brasil para negocios de café y algodón y se asoció con la familia Vieira del Brasil para producir un millón de toneladas de caña de azúcar y ambos están construyendo en Estados Unidos una planta para procesar 50 millones de toneladas de maíz para etanol.

Aumenta la concentración de la tierra

El otro aspecto que vale la pena mencionar es el impacto sobre la tierra. Ya hemos visto lo fenómenos de concentración que no suceden porque sí. En los últimos años, en Brasil, 941 mil fincas de pequeños propietarios han pasado a engrosar fincas mayores. Y miren ustedes para que se sorprendan lo que dice el New York Times: “Ha estallado una guerra sobre los precios de las hectáreas, una guerra que los agricultores saben que perderán ante la especulación de los inversionistas.” (“¿La pesadilla del agricultor?”, en The New York Times, Editorial, Agt.10.07). El diario señala cómo la política de subsidios de Estados Unidos ha concentrado la tierra, pero precisa que el fenómeno va más allá: “Podemos estar presenciando el inicio del dramático momento en que la propiedad de la tierra cultivada pasa del agricultor hacia los gigantes industriales de la producción energética y agrícola”. Esto es grave, porque una de las razones por las que a mí me sonó este asunto inicialmente fue porque me dije: hay un negocio para los agricultores. Siempre he defendido el agro, pero aquí lo que estamos viendo es que el asunto empieza a tomar otros rumbos, con impactos que difícilmente pueden considerarse como deseables.

El otro fenómeno que hay que tener en cuenta es que, por lo menos en el caso de la palma y también en el de la caña, se trata de un negocio absolutamente dependiente del precio de la mano de obra. Se ha desatado entonces una feroz competencia mundial por aprovechar condiciones salariales espantosas. Los trabajadores de la palma en Malasia no tienen salario mínimo. En Colombia está en 238 y allí, donde casi todos los obreros son migrantes indios y de Bangladesh, pagan 92 dólares al mes. Lo de Brasil es escandaloso. Doce horas diarias de labores por 192 dólares y en condiciones de trabajo degradantes. Ha habido denuncias graves en contra de una de las mayores empresas productoras de etanol por trabajo esclavo. Una situación muy compleja, porque cómo estamos hablando de competencia global, el impacto sobre las malas relaciones laborales en el resto del mundo se deja sentir de inmediato. En Colombia, como todos sabemos, los ingenios de la caña están funcionando con cooperativas de trabajo asociado en unas condiciones laborales detestables. Además, aunque aquí se nos dijo cuando empezó esta política que se buscaba mantener los empleos en la zona cañera y ahora los ingenios están mecanizando el corte. Tengo informes de que el propósito es mecanizar hasta el 70% del corte de la caña de azúcar. Luego el empleo asalariado de los trabajadores de la caña, tras de malo, tendería a desaparecer.

Crecientes riesgos

Miren, senadores, lo que dijo Rudolf Hommes en Portafolio el 12 de noviembre del año pasado: “¿No estaremos embarcando a empresarios y campesinos en una aventura que puede terminar en una hecatombe (como se dice ahora)?”. Por qué se pregunta eso el señor Rudolf Hommes. En la década de los ochenta, cuando se dispararon los precios de los combustibles, hubo un auge del etanol, que desapareció sin pena ni gloria con grandes pérdidas para la sociedad.

El negocio presenta una serie de dificultades. De entrada, hay un riesgo tecnológico muy delicado. Como una especie de consenso, se dice que los actuales agrocombustibles serían como la primera generación tecnológica, porque son tremendamente ineficientes y costosos y las pérdidas de energía resultan inmensas. Hay grandes inversiones investigando para producir agrocombustibles de algas y de celulosa, de forma tal que no se utilice solo una parte sino toda la planta. Uno de los líos para los inversionistas es que si cambia la tecnología, qué pasa. Y la tecnología puede cambiar en cualquier momento. Wall Street Journal Americas (Nov.28.07), hablando de Estados Unidos, precisó: “Se han reducido sus ganancias (las de las destilerías), se han cancelado planes para nuevas plantas y los precios de las compañías ligadas al etanol están en sus puntos más bajos del último año”. Hay una crisis de la industria del etanol en Estados Unidos, así haya al mismo tiempo grandes inversiones. Dicen también que el etanol alcanzó allí un techo a la mitad del año 2006 al llegar el galón a 5 dólares y que a noviembre se estaba vendiendo a 1,50 dólares. En el mismo sentido se expresa Iván Duque, Consejero de Colombia en el BID. En resumen, es un problema que hay mirar con todo detenimiento. Qué va a pasar con este negocio, hasta dónde van a llegar las cosas y cómo se está reflejando en Colombia. Lo que uno puede demostrar es que en Colombia la mayor parte de los inversionistas se están preguntando: y qué vamos a hacer.

Los precios de los alimentos en Colombia

Qué va a pasar en Colombia con los precios de los alimentos. Lo que dice el FMI va a pasar en todas partes y es que están disparados. También en Colombia. Por ejemplo, los precios de las importaciones de leche y productos lácteos crecieron 55%, los cereales 37%, el trigo 36%, la cebada 48% y el maíz 46% (SAC, Portafolio, feb.27.08). Está llegando comida más cara que ya no se produce en Colombia. El nuestro es un agro tan postrado, tan arrinconado, que ya los agricultores ni siquiera son capaces de responder a los mejores precios. Y si aparecen, con ellos se quedan las trasnacionales del negocio y no se los trasladan a los productores. Ese es el fenómeno que termina sucediendo. ¿Qué va a pasar en Colombia con el encarecimiento de los precios de la comida? Que sufren todos los habitantes urbanos, porque no son productores de alimentos, y podemos estar hablando de cerca del 85% de la población. Sufren también todos los obreros agrícolas, que viven de un jornal, y todos los campesinos pobres, que finalmente son semiproletarios. ¿Cuáles son los productores que pueden beneficiarse si los cereales se están importando porque en Colombia no se producen, pues prácticamente los liquidaron y no veo cómo van a volver a levantarlos? Pueden beneficiarse los trabajadores del negocio de los agrocombustibles, de la caña y la palma, unos 90 mil, suponiendo que les lleguen los aumentos de los salarios, aunque la cosa está siendo organizada para que lo anterior no suceda.

Se da un caso escandaloso, el de Procaña. Procaña asocia en el Valle del Cauca a los empresarios agrícolas que producen caña para venderle a los ingenios, pero que no son dueños de ingenio alguno. Y no han podido que los ingenios azucareros, que están haciendo inmensas ganancias con los subsidios del Estado, les trasladen una parte adecuada, senador Serrano, sino que los siguen tratando en las condiciones anteriores, cuando el etanol no se producía. Formulo una pregunta: ¿no es inaudito que el Estado colombiano subsidie la producción de alcohol carburante y que ese enorme subsidio no se refleje ni en los salarios de los trabajadores ni en los ingresos de los agricultores que suministran la caña? Y hago otra pregunta que nadie me ha explicado: ¿les están trasladando las extractoras de aceite a los campesinos cultivadores de la palma africana lo que les deberían transferir? Cuando entren en el negocio de los agrocombustibles, que va a ser subsidiado por el Estado probablemente con sumas mayores que las brindadas a los productores de etanol, ¿las extractoras de aceite van a trasladarles a esos campesinos o a esos pequeños empresarios parte del negocio o se van a quedar con todo, como sucede en todo el mundo? ¿Qué es lo que sucede? Que los intermediarios industriales y comerciales se quedan con una parte importante de las utilidades de los agricultores. El derecho del Estado de observar tiene que ver también con que es la plata del Estado la que allí se está poniendo.

Un negocio que depende de los subsidios del Estado

Cómo es lo de los subsidios. Ustedes saben que soy amigo del agro y defiendo la producción agropecuaria y no me impresiona que haya subsidios. Es más, sé que si no hay subsidios en el agro, el agro se acaba, aquí y en cafarnaún. Y no solo el agro, sino prácticamente todo. El capitalismo sin subsidios entraría en una crisis pavorosa. O si no, miren lo que está pasando con la crisis en Estados Unidos, si no es el Estado gringo el que está medio haciendo sobreaguar la economía. Lo que se le opone a la intervención del Estado en el capitalismo no es el neoliberalismo, sino el caos, y todavía más en las épocas de crisis. Pero cuando se trata de los recursos públicos, hay derecho a mirar un montón de factores. ¿A quiénes se les entregan los subsidios? ¿En qué monto? ¿Son indefinidos los subsidios? ¿Están bien utilizados los subsidios o estarían mejor utilizados en otro renglón? Aquí hay todo un debate que en Colombia no se ha hecho porque el gobierno se ha negado y no dan los datos. Para conseguir cifras de parte del gobierno, lo dije en el debate en la Plenaria, casi hay que someter a tortura al doctor Arias y al doctor Martínez. Les pregunto: ¿saben ustedes cuántos son los subsidios de este negocio? ¿Tienen las cifras a la mano? No solo los subsidios directos por la exención del IVA, la sobretasa y el global en los precios de los combustibles, sino los subsidios por la disminución en el impuesto de renta, por las zonas francas especiales, por el no pago de aranceles a las importaciones de las maquinarias, en síntesis, ¿cuánto le está costando al Estado colombiano producir los agrocombustibles? Debiera ser una información para tener todos aquí encima de la mesa, pero la actitud del gobierno es que el Senado no tiene derecho a conocer la información sobre lo que pasa en Colombia, mientras ellos se gastan la plata como se les da la gana y asociándose con quien se les da la gana. Y no dan la información que debieran dar, así haya subsidios inmensos, del orden de 220 millones de dólares al año al etanol. Y si amplían el área, porque no está cubierto todo el país, y si entra la palma africana, va a crecer aún más esa cifra. Repito, no tengo una posición de principios contra los subsidios, pero sí tengo el derecho a que me los expliquen. En el Senado de la República no somos unos pintados en la pared ni unos entrometidos, como pareciera pensarlo el gobierno. ¿Dónde están las cifras, ministro, y dónde están las sustentaciones, pero serias. Es decir: cojan ese subsidio y preséntenlo, pero aplicado al maíz o al arroz o a la ganadería, qué pasaría, para no salirnos del sector agropecuario. Explíquenme que ese subsidio sí está bien gastado en el sector, que es donde más rinde, cómo se lo han gastado en las flores o en el café o en lo que sea.

Agrocombustibles y TLC

Esta decisión tomada por el gobierno nacional contiene un elemento que me mortifica mucho y es que se ha utilizado para ocultar el desastre de la negociación del TLC. El único producto en el que Colombia podía barrer a los gringos se llama azúcar. Los podríamos barrer, y Colombia podría venderles más azúcar en medio millón de toneladas o en más. Pues bien, lo he preguntado aquí varias veces: ¿cuál es el único producto de toda la industria y todo el agro nacional que nunca tendrá aranceles de cero por ciento en el Tratado de Libre Comercio? Se llama azúcar. En lo único que podíamos ganarles, los genios del gobierno nacional de Colombia se les sometieron a los gringos y no habrá nunca desgravación arancelaria en azúcar. También la negociación de soya es malísima. Con el TLC va a desaparecer la poca soya que queda en Colombia y va a haber pérdidas graves en aceite y en palma africana. Las pérdidas grandes en aceites están documentadas por estudios cuidadosamente realizados y con cifras precisas. Van a ser sustituidos por importaciones de soya y de canola y de otros productos traídos de Estados Unidos. Y entonces nos dicen que sí, que se van a perder, pero que la solución es el agrodiesel.

Miremos entonces la otra cara de la noticia. ¿Va a haber exportación de agrocombustibles? Porque aquí todo el tiempo esto se ha movido con la insinuación de que va a haber grandes exportaciones de agrocombustibles. Miremos los precios, ministro, porque esto es con precios en la mano, a ver si es verdad que va a haber exportaciones de agrocombustibles. Los únicos agrocombustibles que se pueden producir en Colombia son los que van al mercado interno sobre la base de inmensos subsidios del Estado colombiano. ¿Va a haber exportaciones de agrocombustibles? Ojalá. Quisiera que las hubiera. No tengo nada en contra de que se exporten agrocombustibles, pero lo que pasa es que no puedo creer en esas maravillas porque las cifras no cuadran. Les voy a dar unas cifras: del borrador del documento Conpes, el mismo que les he venido citando, un documento de este gobierno. Miren lo que dice: los costos para Colombia del etanol son 92% superiores a los de Brasil. Son palabras mayores. Lo dice el Conpes, no yo. ¿Cómo se va a superar esa desigualdad? Dice también el Conpes que en costos en aceite de palma, no de agrodiesel, de aceite, los de Colombia son superiores en 37% frente a los de Malasia y en 110% frente a los de Indonesia. El Ministerio de Agricultura me dio unas cifras hace unos días y las voy a citar, aclarando que esto de las cifras tiene una dificultad, porque que son cálculos y análisis de diferentes fuentes, y no es lo mismo. Entonces voy a citarlas: Colombia, etanol, datos del Ministerio, de 1,78 a 2,09 dólares/galón; Brasil 1,26; Estados Unidos 1,77, pero ya hoy, les acabo de decir, están negociando a 1,50 dólares/galón. Agrodiesel: Colombia entre 1,97 y 2,03 dólares/galón; Brasil 1,36 dólares/galón. Pero además hay otros elementos. El presidente Bush vino a América Latina a buscar negocios de alcohol carburante y agrodiesel y no pasó por Colombia. No. Se fue a Brasil. Todo el mundo sabe la potencia agrícola que es Brasil, entre otras cosas porque tiene tierras de sobra, salarios paupérrimos e inmensos subsidios de todos los órdenes del Estado. La competitividad de los indonesios y los malayos en estos negocios de la palma es toda. Están apareciendo competitividades nuevas, por ejemplo, asociaciones de grandes inversionistas del mundo entero y brasileños para sembrar este tipo de bienes en África. Mejor dicho, si la mano de obra no vale nada en Malasia, en África lo que suben o bajan no son los salarios, sino los latigazos que les dan a los trabajadores. Sumado a todo están las tierras absolutamente nuevas.

Que no resulte entonces que terminemos importando a Colombia etanol y agrodiesel, porque las leyes que aprobó la mayoría del Congreso dejaron abiertas las puertas para que se den estos subsidios a combustibles importados. Inaudito. Supe que en Codazzi estuvieron produciendo alcohol con maíz importado, pero ocurrió que con la disparada de los precios del maíz tuvieron que salirse del negocio y están en otra cosa. (Interpela el senador Julio Manssur y afirma: “Con maíz de contrabando”). Con maíz importado o de contrabando, lo que sea, pero maíz extranjero, porque aquí lo que finalmente importa es si es nacional o importado. Aquí parte del discurso del gobierno es que estas cosas las vamos a hacer para reactivar el agro nacional y el maíz importado o contrabandeado no estimula el agro nacional.

El 14 de marzo pasado la Federación Nacional de Biocombustibles le envió una carta a la directora de Planeación Nacional sobre el borrador del documento Conpes del que estamos hablando. Miren lo que dicen los que están en el negocio, no la oposición ni el Polo ni el senador Robledo. Dicen: “El Documento (Conpes) desfasa el pivote de política que actualmente se centra en el consumo interno a otro que pretende orientar el negocio hacia las exportaciones”. Y la carta es de protesta por el documento Conpes. La Federación le pide al gobierno que no vaya a aprobar ese documento porque se tira el negocio. Y se lo tira porque, dice la Federación, quieren pasarlos de producir para el mercado interno a producir para la exportación. Es obvio que si se pasan a producir para la exportación, si las condiciones los empujan en ese sentido, terminan arruinados, porque no pueden competir. Dicen en la misma carta que no les cambien las reglas del juego a los inversionistas que confiaron en que su negocio era el crecimiento del consumo interno de los biocombustibles. Eso están diciendo los que están en el negocio, o sea, están reconociendo que no son competitivos. Dicen que de pronto más adelante sí, pero que por ahora no. Y también abrigo muchas dudas, porque no veo los elementos de cambio.

Las nuevas plantas no aparecen sino en el papel

Estos negocios están funcionando hace mucho rato y no montan las plantas. El ministro Arias y los medios de comunicación hablan todos los días de las nuevas plantas y no aparecen sino en el papel. Montaron unas hace unos años los cañeros del valle del río Cauca porque ya tenían su negocio montado, para reemplazar exportaciones a bajo precio por etanol a alto precio, y entonces, con unas inversiones relativamente menores, pasaron una parte de su caña a etanol. ¿Pero cuántos son los nuevos negocios que han aparecido desde entonces? En los Llanos Petrotestin anunción que estaba montando una planta y suspendieron el montaje de la planta. Aquí un día hice una ironía. Dije que hay un pueblo de Boyacá adonde ha ido el presidente Uribe a poner tantas primeras piedras para una planta de etanol que allí lo que van a terminar montando es una cantera. Uno oye decir de todo. En estos días leí un informe del Ministerio de agricultura según el cual se va a montar una planta de 300 mil galones con remolacha azucarera en Boyacá. ¡Puras fábulas! ¡Un país que nunca ha producido remolacha azucarera y de repente va a venir un inversionista extranjero a montar una planta para después sembrar una remolacha que no se sabe si puede producir! A uno no lo pueden tratar así. Lo menos es que nos den la información como es, dónde están las plantas, cuántas son, cómo se están montando. Porque lo que me están diciendo los del negocio es que las plantas no aparecen.

Miren una reflexión que hace la directora ejecutiva de Procaña, Marta Lucía Betancourt. Dice que cómo van a aparecer plantas si para el alcohol carburante les están pagando la tonelada de caña a $42.200 y para panela a $60.000. Dice el señor Jorge Bendeck, director ejecutivo de la Asociación de Biocombustibles, que hacen falta estudios para que los inversionistas tengan “criterios para evaluar los proyectos”. Es que el titular de El Tiempo al respecto fue clarísimo: “Atraso en expansión local de etanol”. No supe al fin cómo quedó el documento Conpes, porque lo anunciaron anoche, aunque todavía no aparece publicado. Curioso, ministro, que justo la víspera del debate salga el boletín de prensa sobre el documento Conpes, pero no lo publiquen, por lo que no sabemos qué es lo que dice. Realmente no sé que es lo que dice, pero sí leí lo que dijeron los de los biocombustibles. El negocio tiene un problema grave de estabilidad, y voy a insistir en que cómo es posible, ministros y senadores, que al país lo embarquen en un negocio de este tamaño, con subsidios del orden de 200 ó 400 millones de dólares al año en etanol y agrodiesel, sin un documento Conpes, cómo es posible que el documento Conpes haya aparecido apenas anoche. Cómo es posible que en el primer Plan de Desarrollo del gobierno nacional los agrocombustibles no figuren. Aquí los gobiernos cogen la plata del Estado y se la van gastando a ojo, sin estudios previos, y tienen el país embarcado en un asunto que falta ver cómo va a terminar, porque, por lo que he mencionado, se ciernen sobre él muchas dudas y muchas preocupaciones. Está en discusión hasta la conveniencia.

Y ahora resulta que es una genialidad importar soya gringa y aceite de soya gringa para reemplazar la palma africana y coger la palma africana para ponerla a producir ACPM subsidiado. Ese es el negocio que nos están proponiendo. Que el país se llene de soya extranjera que desplaza al aceite de palma y ese aceite lo ponemos a hacer ACPM, pero subsidiado. Y todo esto no les ameritó un documento Conpes ni un análisis ni absolutamente nada.

Conclusiones

Esta es una discusión a escala global en la que Colombia debiera participar. Supongo que ahora me van a salir con que lo de global ni se discute. Lo planteo, porque la lógica de estos gobiernos es que somos parte de la globalización para someternos a lo que sea, no para opinar cómo quisiéramos nosotros que fuera la tierra. ¿Y qué tenemos, en conclusión? Nada en medio ambiente, porque no es cierto que se pueda sostener esta política en medio ambiente. Dos, es un negocio de las grandes trasnacionales y el gran capital financiero del mundo, no de los agricultores. Tres, se encarecen los alimentos, lo que es extremadamente grave, porque significa hambre. Cómo no va a ser grave que quien se gana 400 mil pesos y se gasta más del 40% de sus ingresos en comida y que no haya pan de doscientos sino de trescientos. Y cuatro, enfatizo en los riesgos del negocio si se caen los precios del petróleo, que se pueden caer, nadie sabe, dependiendo de la crisis en Estados Unidos, muy grave si se convierte en una crisis global, o si hay cambios tecnológicos y las empresas quedan convertidas en chatarra.

Es claro que en esa ecuación de siembras para de agrocombustibles con encarecimiento de alimentos Colombia es a mi juicio perdedora, como todo el mundo al final. Y el agro colombiano es perdedor, la gente del agro colombiano es perdedora. Podrán ganar unos cuántos del agro, pero si los meten al negocio, y serán unos pocos y perderá el resto del sector agropecuario que no está en ese negocio.

Se lesiona la competitividad nacional. También grave, porque nos dicen que lo importante es competir ante el mundo, pero si le sube la tasa de interés y si además se le revalúa la moneda, cómo compite. Esos son datos de los amigos del doctor Arias en el Fondo Monetario Internacional, y espero que a ellos sí les crea, ministro.

Es un negocio de procesadores y no de agricultores. Inmensos subsidios que no se explican detalladamente sobre los cuales no nos convencen, ni nos persuaden de que sean positivos. Que los recursos, que son escasos en Colombia, vayan ahí y no a otro renglón por lo menos amerita que se discuta. Como también que empuje a un país a sembrar cuatro millones de palma para agrocombustibles. Lo informa el periódico El Tiempo de ayer, bueno, ministro, tres millones, le regalo el millón: eso descompensaría la economía nacional en unas proporciones que no quiero ni imaginarme. Con la cantidad de recursos que tendría que ir allí, ¿qué le pasaría el resto de la economía nacional?

Las importaciones. ¿Vamos a terminar importando agrocombustibles? Bueno, ya importamos maíz para hacer agrocombustibles. ¿Será que mañana vamos a importar los propios agrocombustibles? Esperemos que no, pero podría suceder. No hay nada para exportar. Mientras no aparezcan nuevas cifras, no creo en eso, no creo que Colombia esté montando un negocio para exportar. No es capaz de hacerlo y hoy no está exportando, ni un galón. Todo apunta a ocultar el fracaso del TLC. Lo ha utilizado el ministro Arias con mucha habilidad en ese sentido, hablar y hablar para endulzarle el oído a la gente con este cuento y generar expectativas, pero nada de eso resiste análisis.

Y por último, no corrige los problemas estructurales del agro colombiano de la sustitución del trabajo nacional por trabajo extranjero, de la pobreza rural, de tantas cargas que pesan sobre el agro nacional. Luego en esas circunstancias, y salvo mejores opiniones que voy a oír con toda atención, no veo por dónde se pueda defender esta política, ni a escala global ni a escala nacional. Por donde la miremos no resiste análisis, no nos pueden convencer de que sea algo realmente positivo. Repito: 220 millones de dólares en subsidios al año para etanol, otra suma parecida o mayor para palma africana, y estamos hablando de 400 millones. El propio documento Conpes, y esa es una de las cosas que no les gusta a los de los biocombustibles, dice con no poca razón: ¿es que estos subsidios son para siempre? ¿Cómo se va a ganar competitividad? Y hago otra pregunta: ¿se puede ganar competitividad con el tipo de estructura que tiene este país? ¿O habrá que traer mano de obra asalariada de alguna parte que trabaje al 60 ó 70 por ciento de lo que están dispuestos a trabajar los jornaleros colombianos? Concluyo diciendo que cada cosa que uno mira de este gobierno con algún detalle, pasando por encima de los titulares de la prensa, la ve funcionando supremamente mal.

RÉPLICA DEL SENADOR CITANTE A LA INTERVENCIÓN DEL MINISTRO DE AGRICULTURA, ANDRÉS FELIPE ARIAS

Mire, ministro, pienso que usted y yo tenemos muchas diferencias, pero le voy a decir que la mayor no es tanto en términos de ideología, ya de por sí muy grande, sino esta otra: usted es capaz de decir cualquier cosa, así usted sepa que no abriga la razón. Usted es una persona capaz de hacer afirmaciones que aun entre sus pares no encuentran recibo y estoy seguro de que ellos le llaman la atención: ministro, no diga esas cosas. En cambio yo, por ganar una discusión, no soy capaz de ser incoherente ni de faltar a mi propia lógica. Esa es la diferencia grande que tenemos no solo con usted, sino también con este gobierno. Por conseguirse unos votos, el doctor Álvaro Uribe Vélez fue capaz de negar que fuera a haber recorte de los recursos de transferencias. Y se la pasan el día soltando cosas que no son ciertas o haciendo ruidos con boberías. Usted, ahora, dijo una cosa satanizante: el senador Robledo habló de Apocalipsis. No, ministro, yo no usé esa palabra, la usó usted. Pero sí expuse algunos hechos que usted no rebatió. Ahora, si lo que yo afirmé no es cierto, usted ha debido probármelo.

Realidades irrefutables

Entre los riesgos de los agrocombustibles, afirmé que, en la década del 90, los negocios en algunos países se arruinaron porque cayeron los precios. ¿Eso es mentira? No. Afirmé también que los costos de Colombia eran demasiado altos en la competencia internacional y aporté cifras, cifras que ustedes mismos me han dado, porque no tengo cifras propias. Cité incluso al Conpes y al Ministerio de Agricultura y demostré que adolecemos de una falta de competencia abismal frente a Brasil o a Malasia. ¿Eso es mentira? No. Pero usted me despacha el argumento prometiendo que vamos a mejorar y que vamos a vencer esas enormes diferencias, aunque no dice cómo. Usted lanza incluso aseveraciones que sabe que no son ciertas. Cómo me va a desconocer que Brasil está entrando con aranceles bajísimos al mercado de agrocombustibles de Estados Unidos, si usted bien sabe que ellos están exportando a Las Antillas y a Centroamérica, para de allí deshidratar el agrocombustible y exportarlo a Estados Unidos, ganándose el arancel de 0% de que disfrutan los países de Las Antillas. Por esta vía, Brasil le está exportando a Estados Unidos una cantidad grande de agrocombustibles. Colombia, en cambio, no les exporta ni este vasito, porque no tiene cómo, no es competitivo. No es culpa mía, son las realidades.

Afirmé que este es un negocio de los pesos pesados de la Tierra. ¿Eso es mentira? No. Y a usted le parece una astucia refutarme diciendo: no, senador Robledo, aquí también hay unos pobres y me habla de Marialabaja. Claro, pero yo no estaba hablando de eso. Sin pobres el mundo no funciona, eso es una obviedad. Cuando le hablo de los peces más grandes de la Tierra, lo que quiero mostrar es que esos son los competidores a los que el país debe vencer con escalas de producción que multipliquen por diez o por veinte la actual escala de producción de Colombia. Nuestros competidores son unas empresas que tienen unas economías de escala absolutamente incomparables, lo que en parte explica un fenómeno que usted silencia. Usted llama todo el día y todos los días a la inversión extranjera. Que venga a salvarnos la inversión extranjera. Bueno, y si el negocio del etanol está tan bien como usted dice, por qué no llega, por qué el negocio sigue absolutamente paralizado, por qué tenemos las mismas cinco plantas desde hace cinco años. Esas son las realidades. ¿Han crecido en una sola planta? ¿Por qué Manuelita se fue a invertir a Brasil? ¿O por qué otros inversionistas colombianos se fueron a invertir a Texas?

Usted hace una afirmación. Increíble que la diga y que después me monte a mí un pleito cuando yo afirmo que la cosa es grave. Usted dice que el futuro de los agrocombustibles es a partir de la celulosa. Eso lo dije yo. Si Estados Unidos y Europa logran desarrollar tecnologías que les permitan sacarlos de la celulosa, el riesgo de una crisis profunda en toda la producción de agrocombustibles del tercer mundo sería descomunal. Y si lo logran producir de las algas, nos pasa lo mismo. Entonces, cuando mencionó el hecho, usted, en vez de refutarme, asegura que esas son cosas que no pueden suceder. Una de los líos que enfrenta esta industria es que es muy joven, no está aún madura tecnológicamente. Aquí pueden entonces saltar liebres de todo tipo. Ese es el hecho al que yo hacía referencia y que usted quiere despachar arguyendo que soy apocalíptico.

Sí estoy afirmando que hay riesgos inmensos, y tan los hay, que los inversionistas no le invierten a la Hoya del Suárez, como usted mismo lo reconoce. Desde hace cinco años he venido advirtiendo que los inversionistas no invierten en la Hoya del Suárez porque allí las condiciones estructurales no lo permiten, así usted vaya cada seis meses a hacer demagogia. Con subsidios, probablemente terminen montando una plantica, y ojalá creciera y se desarrollara, no me opongo. A mí lo que me molesta es que le echen cuentos a la gente y que hayan inaugurado no sé cuántos proyectos que nunca se han realizado. No es serio, ministro, que ustedes salgan hasta con una reina europea a prometer que van a montar una industria descomunal en Boyacá sobre remolacha azucarera, planta que en Colombia no conocemos ni en las fotos. Usted va a Europa y echa ese cuento y los inversionistas salen corriendo, ministro, porque dirán, este señor nos va meter en un timo, una inversión de 30 millones de dólares con remolacha azucarera en Boyacá. ¿Donde hay un boyacense que conozca una mata de remolacha azucarera? ¿Cuánta lora no dieron con el cuento de la yuca? Lo dijimos desde el principio el senador Serrano y yo: no echen paja, que no funciona. Y metieron a una gente allá en Codazzi a montar un entable grande con la tal yuca y se quebraron. Esos fueron los mismos productores que tuvieron después que hacer importaciones de maíz para fabricar alcohol carburante y que ahora se debieron pasar a otro negocio.

No le echen cuentos a la gente. Porque todo lo montan con las cuentas de la lechera, es increíble. Me recuerda la historia de Manolito, que vendió una empanada, y después pensó en diez, en cien, en mil, en diez mil, en cien mil, en un millón, en cien millones, en mil millones y se dijo, me volví rico. Lo mismo es el ministro. Ya va en cuatro millones o en tres millones de más hectáreas de palma. Y cuando uno pregunta, cómo es eso, lo acusan de que uno no es optimista y que no quiere suficientemente a Colombia, a diferencia del ministro, quien todas las mañanas se levanta preocupado por esto. No. Seamos realistas: el alcohol carburante que está produciendo Colombia se produce porque es para el mercado interno con inmensos subsidios, y así cualquiera hace agricultura y monta negocios. Si al peor negociante del mundo yo le regalo un dinero a fondo perdido para que monte un negocio, ¿será que va a negarse? Pero pregunto ¿eso es economía? ¿Vamos a terminar exportando ganado no sobre la base de que seamos eficientes o que aumenten las exportaciones o que entremos en nuevos mercado, sino porque el gobierno nacional les regala todos los años mil millones de dólares a los ganaderos para que puedan exportar? Eso no puede ser así. Es exactamente lo que estamos haciendo con los alcoholes carburantes, un negocio sostenido sobre inmensos subsidios. Cuando usted me dice entonces que vamos a exportar, yo le pregunto: ¿vamos a exportar sin subsidios? No, es con subsidios, o sea, que les vamos a regalar a los gringos la plata que le debiéramos dar al pueblo colombiano para desarrollarse.

Lo que se subsidia en el agro y lo que no se subsidia

Son estos los asuntos de fondo en el debate, y no me vengan con salidas populistas acusándome de no estar por el progreso del agro colombiano. No, es demostrando que el negocio sí es viable sin subsidios, o demostrando, cómo se lo pedí, que esos subsidios están bien gastados. Porque les hago otra pregunta: por qué no subsidiamos el maíz para no importarlo, donde también hay empleo, y por qué no subsidiamos el trigo para no importarlo, donde también hay empleos, tantos productos que hoy se están importando y que no habría ni siquiera que subsidiar, pues bastaría con subir los aranceles. O es que cuando pierden el empleo los campesinos boyacenses y nariñenses del trigo y la cebada, eso no les importa un pepino. O son ciertos empleos, ciertas actividades, las que solo les interesan. Bueno, puede ser así, pero susténtemelo, ministro, déme una explicación bien fundada. No me dé como explicación que usted escoge al arbitrio un sector al que sí le da la plata, mientras que a los demás, cuando la piden, les mete una vaciada por ineficientes.

Ahí acaban de bajarle nuevamente los aranceles al maíz para ver si entran 600.000 toneladas más a Colombia, y ya vamos a llegar a tres millones, y con eso se mueren de hambre esos campesinos cuya foto mostró usted en el debate de Carimagua.

Interpela el ministro Arias: Senador, lo que no dice usted con esto que acaba de mencionar del maíz, es que esas 600 mil son por subasta, condicionadas a compra de cosecha nacional. Y también le quiero decir otra cosa. Usted solo puede entrar esas 600 mil si compra cosecha nacional y comparte la mitad del arancel con el agricultor, lo cual no sucede cuando no hay aranceles. Y le quiero decir que vamos a impulsar un plan de siembra de maíz en Colombia. Eso lo vamos a anunciar próximamente.

Usted dijo otra cosa. Dijo que no le demostré la forma de ser competitivos y yo sí se lo demostré. Le comparé la distancia entre Malasia y Estados Unidos, y entre Colombia y Estados Unidos. El arancel.

Senador Robledo: No me diga eso, ministro, porque queda mal

Ministro: No, no quedo mal.

Senador Robledo: Queda mal porque usted sabe cómo operan los fletes del transporte marítimo. Vale menos traer una tonelada de aceite de Malasia, que llevarla de Barrancabermeja hasta Barranquilla. Vuelvo y le digo, no se meta por ahí porque queda supremamente mal, y en un auditorio equivocado. Mejor escoja universidad y hacemos un debate sobre el tema en cualquier facultad de economía. Cómo me va a argüir que va a resolver con fletes marítimos la falta de competitividad en productos en los que Colombia es el doble de costosa. No diga eso, ministro, que usted sabe que no hay nada más barato en el mundo que los fletes marítimos, así hayan subido sus precios. Y hay muchos otros factores: mano de obra, productividad de la tierra, costos del capital. Lo cierto es que no me demostró nada.

Sobre el maíz, dice que se condiciona la importación a tener que comprar la cosecha nacional. Pero si hay cosecha, porque si siguen importando, ya no va a haber cosecha nacional. Y además, cómo creerles que a ustedes sí les importa la cosecha nacional cuando han aumentado las importaciones en dos millones de toneladas en los dos últimos años. Eso no es coherente ni consecuente. Ustedes no están protegiendo la agricultura colombiana de ninguna manera.

Y evade por completo el tema de los subsidios cuando afirma que benefician al consumidor. Pues sí, si yo de pronto a alguien le regalo una plata, pero ese no es el caso. Aquí lo que está sucediendo es que el país está gastando unos combustibles más caros de lo que valen, como lo admitió el ministro de Minas, a quien le saludo la franqueza. Esta política (dijo el ministro de Minas) no obedece a que haya problemas de energía, porque el argumento no resiste análisis, ni a que se quiera incrementar el empleo.

Lo de la panela, ministro. Ahora me llamó un panelero y me dijo, dígale al ministro que es verdad que los precios de la panela han subido, pero más los costos, que están altísimos y que por eso estamos reventados. Si hubiera buenos estudios en el Ministerio de Agricultura, seguramente descubrirían que los precios de la panela han subido no tanto por el problema del alcohol, pues ahí siguen derritiendo azúcar –lo acaba de denunciar aquí un senador uribista: los persiguen pero no los cogen, entonces qué sacamos–, sino más bien porque han mejorado un poco los ingresos de las cafeteros, porque nadie consume más panela en Colombia que los cafeteros, proporcionalmente hablando, y allí hay una reactivación. Esto es importante que no se pierda de vista.

Si usted quiere tanto el empleo, dejemos de importar lo que se está importando al sector agropecuario. Y si quiere tanto a los palmeros, por qué les firmó el TLC, que va a llenar el país de aceite de soya y de otros productos y va a bajar los precios del aceite de palma. Aquí hay que ser coherente, porque no pueden ustedes andar diciendo que quieren mucho a los pobres, pero les dan palo todos los días y cuando nosotros nos quejamos, nos acusan de estar estimulando el odio de clase. No. Es que usted los detesta, yo no tengo la culpa, esa es una realidad también demostrable.

La parte más desastrosa de su intervención, porque le afecta su credibilidad como economista, es esa en que usted niega que se vayan a incrementar en Colombia los precios de la comida por los agrocombustibles, aduciendo que aquí tenemos unas hectáreas de tierra que nos sobran. Ministro, esté seguro de que Rudolf Hommes, Caballero Argáez, cualquiera de sus amigos, le va decir, Andrés Felipe, no diga eso, por favor, porque queda mal. Pero si es que son ustedes los que están en el cuento de la globalización y Colombia está importando ocho millones de toneladas de alimentos. ¡Se acabó el pan de 200! Pues sí se van a incrementar y, así le moleste, le voy a citar a dos altos funcionarios del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, que dicen que el alza sí va a suceder. ¿Por qué los cito? Como usted a mí no me cree, a ver si les cree a ellos. Uno de ellos debió de haber sido su patrón en el Fondo Monetario Internacional. (El ministro dice algo). Es que estoy intentando convencerlo, no pierdo la esperanza, ministro, de que lo pueda convencer. El señor Simon Jonson, ya lo cité aquí, es enfático en señalar: “Los agricultores que producen (bienes que se encarecen por los agrocombustibles) suficiente para ellos y el mercado pueden beneficiarse, pero los pobres de las zonas urbanas y algunos —yo diría que casi todos— de las zonas rurales llevarán las de perder” en el mundo. Y miren esto, publicado en Portafolio. La señora Pamela Cooks, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina, dice: “Es un hecho que entre más tierra destinada a comida se use para ese propósito —y la de la ganadería también está destinada a comida, ministro— se van a afectar los precios relativos”. Esto qué es lo que quiere decir. Que no es cierta la afirmación suya cuando aduce que Colombia va a quedar eximida del fenómeno. Ahí están las cifras, ahí está la inflación, vinculada a los precios de los alimentos en una parte fundamental y son ustedes los que la miden.

Usted pone un tonito soberbio cuando me dice: senador, este es un debate que lleva muchos años y usted debiera modernizarse. Sí, le admito que el debate lleva muchos años y gente como usted lleva también muchos años en él y debiera modernizarse, porque no es posible que hagan las cosas tan mal durante tanto tiempo y los hechos no los eduquen. Yo a usted le aceptaría el reclamo si usted fuera un ministro de Suiza, Suecia o Noruega y tuviera un país decente del cual pudiera enorgullecerse por los ingresos, el empleo, la educación, la salud, pero en este país de las desgracias, donde los pobres se mueren de hambre, donde el empleo es un milagro, donde a las mujeres las dejan morir como perros en las puertas de los hospitales porque no tienen con que pagar, es una desproporción, ministro, que usted me reclame a mí porque yo quiero cambiar este país. Lo menos es que sepa en que país vive y si se va a ufanar de las cosas que está haciendo, pues demuéstrelas con los hechos. Ahora, que le bajó la tasa el desempleo, sí, probablemente un campesino le echó unos granos de maíz a una gallina y como en Colombia está empleado el que trabajó dos horas durante la semana anterior, pues ese campesino no le marcará en los índices de desempleo. Pero realmente, la gente del campo se está muriendo de hambre, como lo muestran las estadísticas. Entonces modestia, ministro, que el país anda bastante peor de lo que parece y no desde ahora, no, lo que usted viene haciendo lo hicieron otros antes. Usted hubiera podido ser ministro de Cesar Gaviria de haber estado ahí. No eche entonces quines para ese lado. Porque usted coincide con todo lo que se hizo en ese momento, como coinciden Rudolf Hommes y los demás de la capilla neoliberal. Usted estuvo de buenas porque le tocó un año de auge de la economía mundial, o el país estuvo de buenas, o el presidente Uribe estuvo de buenas. Pero mire, en medio del auge de la economía mundial, su sector fue el de peor crecimiento de toda la economía colombiana. No me venga a decir entonces que esto está bien manejado. Porque ni cuando hay vientos que inflan las velas, su cartera funciona como debiera funcionar.