Generic placeholder image
Generic placeholder image

LA FALACIA DE QUE TODO LO DEL POLO ES ROBADO

Jorge Enrique Robledo, Bogotá, julio 13 de 2007 El título de este artículo se deriva, como es obvio, del dicho que señala que todo lo del pobre es robado, el cual resume la posición de los sectores retardatarios que les niegan a las gentes del pueblo cualquier virtud y que cubre con el manto de […]

Polo

Hace 10 años

Jorge Enrique Robledo, Bogotá, julio 13 de 2007

El título de este artículo se deriva, como es obvio, del dicho que señala que todo lo del pobre es robado, el cual resume la posición de los sectores retardatarios que les niegan a las gentes del pueblo cualquier virtud y que cubre con el manto de la duda cualquier éxito que logren alcanzar. Esa lógica, dirigida contra el Polo Democrático Alternativo, fue la que usaron no pocos analistas del régimen para juzgar las consultas de los partidos en las que se seleccionaron parte de los candidatos para las elecciones regionales de octubre.

Lo primero que llama la atención es la voluntad de cargarle sólo al Polo Democrático todos los costos de las consultas, como si en ellos no estuvieran los gastos de las votaciones de otros partidos, como si la ley que establece ese mecanismo no la hubieran decidido las fuerzas del establecimiento y como si su aplicación (número de tarjetones, puestos de votación y urnas) no fuera de su resorte. ¿Sabe la ciudadanía que apenas el 10 por ciento de las consultas realizadas fueron del Polo?

Para hablar del “fracaso” de las consultas por “lo escaso de los votantes”–y de las del Polo, que son las más criticadas– se ha caído en la falta de seriedad de desconocer lo aprendido en el preescolar acerca de que no pueden compararse papayas con aguacates. Por ejemplo, señalan el potencial electoral de 26 millones, cuando se sabe que en Colombia en las elecciones generales la abstención siempre ronda por el 60 por ciento y que en las consultas de los partidos –por su propia naturaleza, inevitablemente y en todo el mundo– participa menos gente. Por ejemplo, en las elecciones para escoger el candidato presidencial del Partido Socialista Francés participaron 178 mil personas, en un país en el que votan 45 millones, y en las del Partido Demócrata de Estados Unidos votaron 15 millones, cuando el total de los electores llega a 200 millones. Que por Carlos Gaviria, también alegan, votaron más que en la consulta del Polo en Bogotá, pero silencian que el mismo Gaviria calculó en 100 mil los votos esperados el 8 de julio pasado (y fueron 108 mil), cifra que no era difícil de anticipar, porque en noviembre de 2006 por el Polo sufragaron 95.000 afiliados en la ciudad. ¿No es el colmo que supongan resultados sin ningún respaldo en la realidad, y luego los usen para sacrificar a quienes no los alcanzan, y ni siquiera los soñaron?

La otra argucia que montaron para descalificar el triunfo de Samuel Moreno en Bogotá es decir que la consulta fue de afiliados al Polo y no abierta a todos los bogotanos. Tiraron la teoría indemostrable de que las consultas “buenas” son las “abiertas” y las “malas”, las “cerradas”, porque, supuestamente, son más “participativas”. Basuras ideológicas para pescar incautos. Pero luego no han dicho ni pío acerca de por qué en la consulta del Polo en Bogotá –la única cerrada del partido en toda Colombia, porque así lo definió la Registraduría– fue en la que más ciudadanos participaron. Y criticaron el resultado de la consulta del Polo en la que se escogió a Bruno Díaz como candidato a la alcaldía de Cali, pero ocultan que los mismos votos por el sí obtuvieron los conservadores de esa ciudad en la pregunta que le dio el pase a la candidatura de Kiko Lloreda, favorito de Álvaro Uribe y la plutocracia caleña.

Los seudoanálisis uribistas también sostienen que hubiera sido “mejor”, para el Polo, el triunfo de María Emma Mejía que el de Samuel Moreno en Bogotá, a pesar de que este casi la triplicó en votación. Curiosa manera de razonar: según ellos, a la hora de competir con votos están mejor dotados los que obtienen menos que los que sacan más. Esta falacia también se explica por el justo nerviosismo de los partidarios de Peñalosa sobre lo que pasará en octubre –cuando por Samuel Moreno votarán no solo los afiliados al Polo, sino sus simpatizantes y amigos y el resto de los sectores progresistas de la ciudad– y confirma que es ingenuo creer en la buena fe de la derecha cuando le da consejos a la izquierda sobre lo que más les conviene a sus asuntos.

Es inaceptable la explicación de Datexco sobre por qué sus encuestas para El Tiempo dieron a Samuel Moreno perdiendo por el doble, y ganó casi por el triple. Otro caso en que el encuestador, antes que auscultar la opinión, fracasó junto con sus patrocinadores en crearla.