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ENTREVISTA CON ROBLEDO: LA CONCIENCIA CRÍTICA

Entrevista del periódico virtual Con-fabulación Nº 11, octubre 16 de 2007 En esta entrevista exclusiva para Con-Fabulación, el Senador del Polo Democrático, Jorge Enrique Robledo, uno de los más carismáticos líderes de la Izquierda colombiana, se mantuvo fiel a su precisión argumental, a su lucidez reflexiva y a su posición humanística que lo ha hecho […]

Política Polo Democrático Alternativo TLC

Hace 10 años

Entrevista del periódico virtual Con-fabulación Nº 11, octubre 16 de 2007

En esta entrevista exclusiva para Con-Fabulación, el Senador del Polo Democrático, Jorge Enrique Robledo, uno de los más carismáticos líderes de la Izquierda colombiana, se mantuvo fiel a su precisión argumental, a su lucidez reflexiva y a su posición humanística que lo ha hecho famoso en los debates en el Congreso de la República.

¿Es tan malo el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos? Sí. E incluso puede ser peor. Porque no es posible prever todas las consecuencias negativas que se darán con el tiempo. Con franqueza tengo que decir que a pesar de que yo fui uno de los colombianos que advertimos en contra de la primera etapa del libre comercio iniciada en Colombia en 1990 –en esos días llamada neoliberalismo, apertura y privatización–, sus efectos superaron mis peores advertencias. No perdamos de vista que el TLC convierte a Colombia en una especie de colonia de Estados Unidos, condición que facilitará que el día de mañana la Casa Blanca le imponga nuevos tratos aún más leoninos al país, atentados que se facilitarían por el mayor poder económico y político de los colombianos a sueldo de las transnacionales o asociados con ellas en condiciones de inferioridad. Pero aunque este peligro no se concretara, el Tratado condena, y para siempre –para siempre, repito–, al país al subdesarrollo, con lo que, en el mejor de los casos, seguirá igual de mala la desastrosa situación de atraso productivo, pobreza, desempleo y demás lacras que martirizan a tantos compatriotas.

¿Qué opina del enfrentamiento de Álvaro Uribe con la Corte Suprema de Justicia? Es de lo más grave que ha ocurrido en Colombia. Porque empeora la situación de la llamada democracia colombiana, la cual, la verdad sea dicha, tiene aspectos democráticos pero no es realmente democrática. Y la empeora porque, según la Constitución, la democracia nacional incluye como uno de sus elementos fundamentales la separación e independencia de los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), con lo que si el Presidente de la República somete o intenta someter a los otros dos se convierte o intenta convertirse en dictador. Es evidente que Uribe quiere que la Corte Suprema de Justicia no decida con independencia sino sometida a sus concepciones, con el agravante de que la viene presionando a punta de brutales agresiones verbales a través del empleo abusivo de los medios de comunicación. A ratos suena como llamando a los colombianos a linchar a los magistrados. Y también quiere amaestrar del todo a la prensa, otra actitud típica del despotismo.

¿ Logrará el presidente imponer su ley a favor de la parapolítica? No es fácil adivinarle el pensamiento a nadie. Pero hay hechos que orientan, además de su conocida naturaleza despótica y retardataria. La contradicción empezó porque la Corte no interpretó una ley de manera que pudieran salir de la cárcel los parapolíticos presos. Y ello ocurrió cuando ya el Presidente había expresado su voluntad de sacarlos. Entonces, si Uribe insiste en liberarlos mediante la aprobación de una nueva ley –propósito que ha expresado en más de una ocasión, pero al cual le teme por la reacción de la opinión pública nacional e internacional– corre el riesgo de quedarse con el pecado y sin el género, es decir, con el descrédito de haber intentado liberar otra vez a los parapolíticos, pero sin la ley necesaria, porque se la tumbaría la Corte por inconstitucional. Es obvio que el riesgo desaparece si logra arrodillar a los magistrados. Además, no debe olvidarse que casi todos los parapolíticos en la cárcel, y los que hacen fila en esa dirección, son uribistas. Pero en todo caso, sea cual sea la razón de Uribe para agredir a la Corte Suprema, incluso la más benévola, sus ataques han puesto en duda la integridad de la Corte, cosa que debe tener de fiestas a los parapolíticos encartados y que en otro país que no estuviera tan descompuesto como Colombia tendría tambaleando al Presidente. Y los uribistas se preguntan del porqué del descrédito internacional de Uribe. Como si no fuera obvio que la Corte debería contar con todo el respeto y el respaldo del jefe del Estado, dada, además de las consideraciones constitucionales ya mencionadas, su innegable actitud de valor civil al haber abordado con toda decisión nada menos que el problema de los vínculos entre el paramilitarismo y una gran porción de los dirigentes políticos del país.

¿Cómo va la campaña electoral del Polo? Muy bien. Avanzamos en el proceso de consolidación del Partido. Inscribimos listas de concejo en 641 municipios y de diputados en 27 departamentos, vamos a elegir un número importante de dirigentes a las diferentes corporaciones y obtendremos triunfos de importancia nacional, como el de la alcaldía de Bogotá, donde Samuel Moreno le ganará a Peñalosa.

¿Pero no está dividido el Polo? Cuentos de la extrema Derecha uribista que siente pasos de animal grande, porque sabe que los colombianos descubrirán tarde o temprano sus marrullas, y porque también sabe que ese día empezará el cambio que requiere Colombia. Lo que ella busca es un Polo que no le genere ningún riesgo, por lo que lo necesita dividido o cooptado por las concepciones regresivas. De otra parte, es natural que en cualquier organización de los seres humanos haya matices, énfasis, estilos, y de allí no se deduce que todas estén divididas. Recuerde la consulta entre Navarro y Gaviria. O que yo, por ejemplo, le esté haciendo fuerza a la elección de Aurelio Suárez como concejal del Polo en Bogotá, de donde no puede deducirse que carezca de coincidencias fundamentales con los otros candidatos que tenemos a esa corporación.

Vemos muchas carencias en las propuestas de todos los candidatos en lo relativo a la cultura. ¿Será posible algún día soñar con la cristalización de una ley que proteja a los artistas colombianos? Es cierto que la cultura suele ser la cenicienta de los programas políticos. Es probable que esto pueda explicarse por la concepción, equivocada a mi juicio, de que su importancia es menor en un país con tantos problemas. En el Ideario de Unidad del Polo (su programa) la consideramos y es de mí interés, por mi formación y vida profesional y porque le interesa a la tendencia a la que pertenezco en el Polo. La revista Deslinde acaba de abrir una sección especializada sobre cultura y Aurelio Suárez viene promoviendo un grupo de bogotanos interesados en este tema, con el propósito de unificar ideas y propuestas al respecto, de forma que pueda promoverlas desde el concejo del Distrito. De otra parte, algún día en Colombia se tomarán decisiones positivas de todo orden –y no sólo leyes– en beneficio de la cultura y de los demás aspectos de la vida de la nación. Pero ello únicamente ocurrirá, y no como un asunto marginal, cuando hayamos cambiado de la dirección del Estado a una minoría que carece de cualquier proyecto de progreso nacional. Mientras ello no se logre habrá que luchar para conseguir, en medio de un ambiente adverso, conquistas parciales de tipo democrático, pero ellas sólo serán posibles si las respaldan vigorosas movilizaciones ciudadanas en las que los dirigentes, entre ellos los congresistas, aportaremos nuestro grano de arena.