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EN RESPALDO A LAS CANDIDATURAS DE SAMUEL MORENO A LA ALCALDÍA DE BOGOTÁ Y DE AURELIO SUÁREZ AL CONCEJO DISTRITAL

Palabras del Senador Jorge Enrique Robledo, Bogotá, mayo 16 de 2007 Nos reunimos hoy aquí para anunciar el respaldo del MOIR y de toda la tendencia que yo represento dentro del Polo Democrático Alternativo (PDA) a la precandidatura a la Alcaldía de Bogotá de Samuel Moreno Rojas y a la candidatura de Aurelio Suárez Montoya […]

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Hace 11 años

Palabras del Senador Jorge Enrique Robledo, Bogotá, mayo 16 de 2007

Nos reunimos hoy aquí para anunciar el respaldo del MOIR y de toda la tendencia que yo represento dentro del Polo Democrático Alternativo (PDA) a la precandidatura a la Alcaldía de Bogotá de Samuel Moreno Rojas y a la candidatura de Aurelio Suárez Montoya al Concejo de la capital de la República.

La ocasión es propicia, entonces, para hablar del país de los horrores en el que está convirtiendo a Colombia Álvaro Uribe Vélez, de los avances del Polo, de las cualidades de nuestros candidatos y de las concepciones con las que los miembros del Partido actuarán como candidatos y una vez electos.

En esta semana, dos hechos de importancia marcan la vida política nacional: la medida de aseguramiento que la Corte Suprema de Justicia les dictó a cinco congresistas signatarios del llamado Pacto de Ralito, cuatro de ellos partidarios de Álvaro Uribe Vélez, quien así cuenta ya con 13 de sus parlamentarios tras las rejas o prófugos, cifra que representa el 92 por ciento de los encarcelados o en fuga y que comprueba que el calificativo de parauribismo para designar a la parapolítica no es un insulto sino una precisión respaldada por las cifras. Y también son uribistas casi todos los asegurados por los mismos hechos por la Fiscalía General de la Nación.

El otro suceso es la caída de la cúpula de la Policía originada en la interceptación ilegal de un gran número de teléfonos, hecho que lleva a concluir que no se sabe qué es peor: si el delito en sí y la investidura de sus ejecutores o los interrogantes que lo rodean. Porque, primero, se sabe que la actividad criminal se desarrollaba desde hace más de dos años, cubría a la oposición política y a otros sectores y contaba con la complicidad de agencias secretas extranjeras. Todavía no se conoce quién dio la orden de cometer el ilícito ni quién utilizaba la información, aunque es seguro que las grabaciones se efectuaban para el provecho de alguien con poder. Pero más preguntas genera que haya sido Álvaro Uribe el que dio la orden de cortar cabezas en la Policía, el mismo que con toda desfachatez se ufanó por la televisión de tener “pruebas de inteligencia militar y policiva” contra congresistas del Polo Democrático Alternativo. Con toda autoridad preguntamos: ¿las sanciones las ordenó porque las intercepciones telefónicas eran ilegales? ¿O fue porque se las hicieron a paramilitares beneficiados por la ley de justicia y paz? ¿O porque, una vez conocidas por la opinión pública, no tuvo alternativa diferente a actuar como actuó? Que el Presidente asuma la responsabilidad política que le corresponde. Pero cualquiera sea la respuesta a los interrogantes, es indudable que en la Colombia del uribiato suceden cosas siniestras, de Estado policiaco, y, lo que es más grave, ocurren en medio de la indiferencia de muchos colombianos que, víctimas de la manipulación oficial, hoy asumen posiciones de las que mañana se arrepentirán.

Digamos, de paso, además, que estos acontecimientos, más las declaraciones del Vicepresidente Santos sobre los 30 o 40 congresistas que él considera están en cola para terminar encanados, al igual que las últimas acusaciones de los paramilitares, tienen conmocionada a la opinión pública, e incrementan el descrédito de Álvaro Uribe en el exterior. Y como es obvio, estas noticias no le dan la vuelta al mundo porque las diga el Polo Democrático Alternativo. Son los hechos, los tozudos hechos, sobre los que Uribe aún no ha dado ninguna explicación satisfactoria, los que en todas partes lo persiguen a él y a la cúpula uribista.

De otra parte, y como bien lo explica Daniel Samper Pizano en El Tiempo de hoy, “desde los lejanos tiempos en que fuimos colonia española no vivíamos una situación de sometimiento ante un poder extranjero tan ignominiosa como la que hoy padecemos frente a Estados Unidos”. El último pasaje de esta relación indigna son las súplicas de Álvaro Uribe en Washington para que le indiquen qué más debe hacer para que le aprueben el TLC, tratado que culminará la obra neoliberal empezada en 1990 con el propósito de concentrar la riqueza entre los monopolistas, y especialmente entre los extranjeros, al costo de arruinar o anquilosar el aparato productivo nacional y empobrecer todavía más a los colombianos.

Entre las muchas dificultades que asedian a Álvaro Uribe y a sus prácticas plutocráticas y de manipulación extrema, resalta la consolidación del Polo Democrático Alternativo, la organización unitaria por la que hemos luchado todas las concepciones de la izquierda colombiana, pues sin fuerza política suficiente no podrá avanzarse en la profunda transformación económica y social que requiere Colombia, cambio que está en nuestro programa, el Ideario de Unidad, y que plantea la defensa de la soberanía, la producción, el trabajo y la auténtica democracia.

Nuestro respaldo a la precandidatura de Samuel Moreno tiene como primer pilar la militancia en el mismo partido, con su programa y sus normas estatutarias, coincidencia que es la que también explica por qué respetaremos las reglas de juego definidas por el Polo para escoger el candidato único a la Alcaldía de Bogotá. Pero nuestra decisión igualmente se origina en que lo hemos conocido en estos últimos cuatro años echándose al hombro el proceso de unidad de la izquierda, poniendo el peso de su influencia a favor de superar las naturales dificultades de una experiencia como esta y cumpliendo cuando se definió que el candidato único del Polo a la Presidencia sería Carlos Gaviria, ese fenómeno de la política nacional que tanto estimula la conocida capacidad de enredar y calumniar de Álvaro Uribe Vélez. Con Samuel ganaremos la consulta del 8 de julio y, luego, en octubre, todo el Polo lo elegirá alcalde de Bogotá. Sentaremos, así, otra base para que la izquierda democrática, aunque irrite a la derecha de todos los pelambres, obtenga una resonante victoria en las elecciones de 2010.

Mi llamado a los bogotanos a que voten por Aurelio Suárez es lo más parecido que pueda encontrar para llamarlos a votar por mí, por Jorge Enrique Robledo, porque todas mis luchas políticas y sociales las he dado hombro a hombro con él. Primero, participamos en la Universidad de los Andes en el más importante movimiento estudiantil de la historia de Colombia. Luego, el azar nos llevó a la misma región como “descalzos” del MOIR, Aurelio a Risaralda y yo a Caldas, donde compartimos esfuerzos en la defensa de nuestras convicciones por cerca de 30 años, y en especial a favor de los caficultores y las gentes del agro. Es bien difícil encontrar algún asunto de importancia de mi vida política, incluida la electoral, en el que Aurelio no haya estado siempre a mi lado, nutriéndome con sus estudios y análisis, su gran vitalidad y entusiasmo y su ejemplar honradez y espíritu de entrega a la causa de los débiles, propósito al que le dedicó el ciento por ciento de su existencia. Pero también es virtud de Aurelio saber actuar no solo entre los campesinos, indígenas y trabajadores más humildes. ¡Cómo se desempeña de bien en cualquier medio, nacional o internacional, por complejo que este sea! Inolvidables han sido sus labores como diputado en la Asamblea de Risaralda, miembro de la junta Directiva de Fenalco de Pereira, profesor universitario, articulista del diario La Tarde y dirigente de Unidad Cafetera y Salvación Agropecuaria, porque todo lo hace con esa pasión constructiva propia de quienes promueven la búsqueda de un país y un mundo mejor. Y en sus labores también le ayuda mucho que, además de su sentido práctico, sea un intelectual de alto vuelo, como lo atestiguan sus libros y publicaciones, así como sus restantes actividades académicas en la segunda etapa de su vida en Bogotá. Pongo mi mano en el fuego porque Aurelio Suárez en el Concejo de Bogotá, como ha ocurrido por donde ha pasado, dejará fecundas huellas, entre ellas los valiosos aportes que estoy seguro le hará a la excelente bancada que el Polo elegirá a esa corporación.

Celebremos, por último, las decisiones del Comité Ejecutivo Nacional del Polo Democrático que señalan que todos los militantes suyos, como candidatos o una vez electos, actuarán como miembros del Partido, defenderán sus propuestas y concepciones y le responderán a la organización y a sus electores por cada uno de sus actos. También es un acierto la determinación de incluir, en las campañas electorales locales, los análisis de los asuntos del país, pues resulta evidente que los principales problemas del pueblo de cada ciudad obedecen a causas del orden nacional y que los poderes locales deben servirles a los propósitos nacionales de la organización. Y más atinado es aún que se haya establecido que quienes resulten elegidos, incluidos alcaldes y gobernadores, deberán, desde sus cargos, participar en la lucha política por transformar a Colombia –enfrentando el neoliberalismo, las privatizaciones y el TLC, por ejemplo– y no limitarse a actuar como honrados y eficientes administradores de los recursos públicos, mientras Uribe y los mandatarios uribistas promueven las ideas y políticas retardatarias desde cada uno de sus cargos. Son decisiones como estas las que ponen en evidencia que el Polo sí es de izquierda y promueve una organización al servicio, no de sus dirigentes, sino del pueblo colombiano.

Amigos y amigas, compañeros y compañeras, hagamos nuestros mejores esfuerzos para que Samuel Moreno y Aurelio Suárez alcancen las metas que nos hemos propuesto.

Muchas gracias.