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El debate en el Polo

Senador de la República Jorge Enrique Robledo, El Tiempo, Bogotá, febrero 26 de 2009 Como es natural que suceda, se discute sobre las decisiones que tomará el II Congreso del Polo Democrático Alternativo. Si se quitan ciertas infamias y astucias que ocultan el verdadero debate, la controversia se concentra en dos grandes temas: cómo actuar […]

Hace 9 años

Senador de la República Jorge Enrique Robledo, El Tiempo, Bogotá, febrero 26 de 2009

Como es natural que suceda, se discute sobre las decisiones que tomará el II Congreso del Polo Democrático Alternativo. Si se quitan ciertas infamias y astucias que ocultan el verdadero debate, la controversia se concentra en dos grandes temas: cómo actuar en las elecciones presidenciales del 2010 y qué hacer cuando no hay consenso.

Un sector bien escaso del Polo propone que aceptemos la propuesta de César Gaviria de escoger conjuntamente un candidato a la Presidencia. Las numerosas tendencias restantes pensamos que decirle sí nos resultaría autodestructivo, por razones de principios y de índole práctica.

El ex presidente ha dicho que su proyecto no es antiuribista, sino posuribista, juego de palabras cuyo significado se revela cuando explica: “Me parecen excelentes los logros” del gobierno “en mejorar el clima de inversión” (EL TIEMPO, 22-06-08), es decir, en la llamada ’confianza inversionista’ de Álvaro Uribe.

Consigna que resume el “libre comercio” que hace crisis en todas partes y que en Colombia, ¡tras 20 años de aplicación!, ha demostrado su incapacidad para poner la economía y a los colombianos en la senda del progreso. Y para que no queden dudas sobre el carácter del objetivo, el principal invitado a participar como precandidato es Germán Vargas Lleras, quien insiste en que en todo respalda a Uribe, menos en su propósito de reelegirse.

Aceptar esa alianza le significaría al Polo poner en duda su razón de existir, que consiste en modificar profundamente la desastrosa situación económica, social y política del país, de acuerdo con su programa de izquierda democrática. Y en la práctica amenaza su existencia, porque tan craso error seguramente llevaría a que lo abandonaran sus adherentes.

Además, se entiende que el ex secretario de la OEA intente reforzarse para paliar sus dificultades, pero el Polo es un partido joven, con más futuro que pasado, que en las elecciones presidenciales de hace tres años obtuvo 2,7 millones de votos, cifra que constituye una base excelente para triunfar en el 2010.

La inmensa mayoría del Polo está por escoger, entre nuestros dirigentes, un candidato presidencial para las elecciones de mayo del año entrante (para la segunda vuelta ya se verá) y por que ese candidato, con nuestras concepciones, encabece un gran proyecto de unidad nacional.

Las votaciones por Carlos Gaviria y Samuel Moreno demuestran que nuestras propuestas sí pueden ganar respaldos más allá de los polistas. Y también es falso que estemos por un Polo de puertas cerradas para quienes compartan su programa o que nos neguemos a llegar a acuerdos con otras fuerzas con las que existan coincidencias suficientes.

Por otra parte, tiene enorme respaldo en el Polo la posición de promover consensos para todas las conclusiones del II Congreso, pero también la de votar y decidir por mayorías en lo que no pueda coincidirse, según consagran los estatutos.

Y esto no significa atropellar a la minoría, cuyo vocero no ha debido intentar imponerse a las malas, incluso apelando a tergiversar los hechos y a utilizar decisiones suyas como mecanismos de presión para que se decida a favor de sus puntos de vista y hacerle daño así a la imagen del Polo entre los colombianos.

Pero, no obstante las diferencias, espero que el Polo salga unido de su II Congreso y que, nuevamente, se queden con los crespos hechos quienes, desde fuera del Partido, aúpan a que cambiemos de rumbo o nos dividamos.