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Debe derogarse la resolución 4287, que destruye el negocio de las gallinas campesinas

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo sobre las normas sanitarias del Ministerio de Protección Social y el Ministerio de Agricultura, Comisión Quinta, 30 de septiembre de 2008 Lo primero es lamentar que no estén los ministros. Aun cuando los debemos hacer de todos modos, estos debates pierden importancia si no están los ministros. A propósito, […]

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Hace 9 años

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo sobre las normas sanitarias del Ministerio de Protección Social y el Ministerio de Agricultura, Comisión Quinta, 30 de septiembre de 2008

Lo primero es lamentar que no estén los ministros. Aun cuando los debemos hacer de todos modos, estos debates pierden importancia si no están los ministros. A propósito, no sé si hubo alguna excusa al respecto.

Antes de entrar en materia, unas cuñas muy breves. Así no sea el tema específico de esta Comisión, quiero insistir en mi constancia de que el doctor Fabio Valencia Cossio (ministro del Interior y de Justicia) debe renunciar a su cargo. Pienso que le hace daño al país ese empecinamiento en sostenerse como ministro, cuando todos sabemos que tiene un hermano en gravísimos problemas por acusaciones criminales (1). Lo mejor para el país, para el Partido Conservador, para el uribismo, sería a mi juicio que Valencia Cossio renunciara a su cargo.

En segundo término, la semana pasada se nombró aquí una comisión para mirar el paro de los corteros de caña de azúcar en el Valle del Cauca. Con franqueza les digo que poco o nada pudimos hacer. Mientras los trabajadores asumieron una actitud positiva de atendernos, lo cierto es que los ingenios organizados en Asocaña no nos devolvieron ni las llamadas o por lo menos a mí, no sé si a alguien de aquí. Entiendo que siguen refractarios hasta a sentarse con los trabajadores. Pienso que es un estilo indeseable no atender a unos delegados de la Comisión Quinta del Senado, como también me parece indeseable el estilo de no reunirse con los trabajadores cuando hay conflictos, así sea para decirles que no, pero que por lo menos se tenga la gentileza de reunirse con ellos.

Hay un hecho que me preocupa todavía más y que quiero repudiar de plano. Los ministros de la Protección Social, de Agricultura y el propio presidente de la República han estado dando declaraciones que intentan presentarles a los colombianos el conflicto de los trabajadores de la caña, un conflicto colectivo de gente honrada de este país, que trabaja en unas condiciones espantosas, como si fuera un fenómeno de terrorismo, pretendiendo descalificarlo, desvirtuarlo de plano. Me parece una actitud tremendamente retardataria, que tengo que repudiar de manera muy enfática. No puede ser esa la actitud del gobierno nacional para atender los conflictos sociales, la de satanizarlos, criminalizarlos, tratarlos como si no fueran conflictos sociales sino otra cosa, porque uno termina preguntándose: si las formas de la lucha civil tampoco se aceptan y no se pueden tramitar, ¿entonces qué tipo de país es este? Quiero repudiar particularmente una conducta que se ha vuelto sistemática, la agresión permanente del gobierno nacional, del propio presidente de la República, contra un senador del Polo, el doctor Alexander López, a quien se le quieren inventar cargos criminales simplemente porque es solidario con los trabajadores. Todo el Polo es solidario con los trabajadores, con los sindicalistas, con los reclamos laborales. Y sería bueno que el gobierno nacional dijera con claridad si en Colombia se pueden tramitar las diferencias laborales y si las luchas civiles también las van a volver actos de terrorismo. Esta es una actitud profundamente retardataria, particularmente viniendo del ministro del Trabajo, que se supone es el de la Protección Social. Es el colmo y tengo que rechazarlo de manera enfática.

Las normas sanitarias están afectando la producción

Hoy lo que vamos a mirar es un lío que sigue habiendo, a pesar de que se han tomado medidas, sobre la posibilidad que tienen los campesinos colombianos de criar y sacrificar gallinas en sus predios para vender la carne. Quiero recordarles aquí, porque estos problemas se nos volvieron uno solo, que las normas sanitarias están afectando el conjunto de la producción agraria. Ya enfrentamos el problema grande de la prohibición del comercio de la leche cruda para hervir, problema aún no resuelto, pero aplazado en buena hora ante la oposición de comerciantes y productores. Ahora, no me extrañaría que fuéramos más adelante a otro conflicto, porque no veo al gobierno aportando soluciones.

En el caso de los paneleros, está ahí caminando una presión para que se tecnifiquen en proporciones que ellos no pueden asumir. Los reclamos son muchísimos, porque si el Ministerio se empeña en imponer esa norma, va a terminar arruinando a miles de paneleros colombianos en beneficio de los grandes ingenios azucareros del valle geográfico del río Cauca. Es un reclamo que a uno le llega todos los días. Aprovecho para decirle, señor viceministro de Agricultura, para que le cuente al ministro Arias, que el precio de la panela cayó al orden de 60 ó 70 mil pesos por carga y hay un problema gravísimo en las zonas paneleras que se debiera atender. Porque, preciso, cae el precio en el momento en el que algunos paneleros contrajeron deudas para modernizarse y entonces los coge el desplome del precio con la guardia en el piso. Hay crisis en la zona panelera.

Lo de los mataderos. Teníamos la razón cuando advertimos lo que iba a pasar con la decisión de imponerles a los mataderos normas sanitarias imposibles de cumplir. Está ocurriendo lo que dijimos. No se están tecnificando, los están cerrando. Hasta hace dos meses iban 352 mataderos cerrados y en estos últimos días cerraron los de Lérida y Armero-Guayabal, en el departamento del Tolima, y me informan en Lérida, donde estuve el sábado pasado, que el precio de la carne les aumentó en mil pesos la libra. Este es otro problema social grave, en un país lleno de pobres, con una economía temblando por los efectos de la crisis internacional. Insisto en preguntarles a los Ministerios de Salud y de Agricultura: ¿es buena una política que hace que los colombianos coman menos carne, qué hace que haya menos empleo? Qué es lo bueno para la salud pública: que se tracen normas de fomento para modernizar en verdad los mataderos, a lo que en verdad nadie se opone, o que suceda lo que va a terminar sucediendo, que la gente acabará sacrificando las reses a las orillas de las quebradas y debajo de los cafetales o en sitios escondidos.

Quiero insistir en que aquí hay una política sanitaria mal planteada, y es la que vamos a discutir hoy en el caso de los pollos o de las gallinas campesinas. Esto no quiere decir que me oponga a que se cuide lo sanitario. Es obvio que se trata de un problema que debe ser atendido, se cae de su peso y no es esa la discusión. Lo que se plantea es cómo se hace el proceso, cómo se atienden las realidades nacionales. Y ojalá se siguiera el ejemplo que les voy a poner de Estados Unidos. A ustedes es probable que les parezca raro que yo lo cite, pero me sirve muy bien para mostrarles cómo asumir una actitud lógica. En Estados Unidos, como en muchos países, surge un problema sanitario con el comercio de aves vivas. En general, la movilización de seres vivos, no solo de gallinas y de aves sino también de seres humanos, suele generar problemas sanitarios. Miren entonces lo que dice el doctor Roberto Guzmán, un veterinario asesor del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, que estuvo aquí en Colombia hace unos días, en entrevista publicada por la revista Avicultores, de Fenavi, el gremio de los grandes avicultores. Dice el señor Roberto Guzmán, ciudadano norteamericano: “Es un trabajo muy complejo, porque estamos frente a un hecho cultural, hay demanda permanente de gallinas, a muchos les gusta comprar el animal vivo para que se lo sacrifiquen ahí mismo. Ahora, si esto no se regulariza, la gente lo va a seguir haciendo de manera clandestina”. Y mire lo que nos dice, viceministro de Salud, este mismo especialista norteamericano de cómo tratan el caso en Estados Unidos: “En Estados Unidos el comercio de aves vivas en las grandes ciudades es un asunto relevante –estamos hablando de Nueva York, Detroit, Los Ángeles, San Francisco, etc.– debido a la gran demanda que existe de patos, gallinas, codornices, gansos, etc., por parte de infinidad de culturas allí asentadas. Frente a esto el Departamento de Agricultura, convencido de que el mercado de aves vivas va a seguir funcionando, en vez de tratar de cerrarlo lo que hizo fue montar en 2003 un sistema de vigilancia muy fuerte en coordinación con los productores que los abastecen, así como con los operadores de los mismos”. O sea, reconocen la existencia de un problema, pero también unas realidades culturales, económicas y comerciales. Y qué es lo que dicen los místeres, y estamos hablando del país que más aves produce en el mundo, si no estoy mal, y probablemente de la avicultura más tecnificada y el país con normas sanitarias de estándares más altos, y miren cuál es la actitud que asume el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. ¿Cuál, en resumen? La de que miremos el problema con sensatez. La de que reconozcamos que aquí hay unas realidades culturales y busquemos cómo mejorar las condiciones sanitarias, pero a partir de las realidades. Los países no empezaron ayer. Le decía ahora al director del ICA: si en Colombia fueran a traer la primera gallina la semana entrante, uno podría inventarse unos protocolos sanitarios especialísimos, pero es que nosotros llevamos 500 años con aves de corral, y eso impone unas realidades que están allí y que deben ser atendidas. O sea qué: avanzar en las normas sanitarias, pero sin causar tal estropicio que produzcan hambre y más pobreza o que, incluso, resulten peores porque lo que se introduzca sean formas clandestinas, desesperadas, como lo previene la Secretaría de Agricultura de Estados Unidos, donde además hay muchos más policías que aquí.

La recomendación de la FAO

Miren lo que dice la FAO, la organización mundial que vela por los asuntos alimenticios de la humanidad. Y miren la importancia que les concede a las gallinas, que aquí llamamos gallinas campesinas o de pequeña producción. Dice la FAO: “La avicultura rural es como un vestido que está de moda y que tanto puede lucir solo como combinado con otros. En efecto, la avicultura puede asociarse a casi todas las actividades que realizan los pequeños agricultores”. Este concepto es clave. La avicultura campesina no es una producción especializada, sino que aparece asociada con cultivos de café, maíz, etc. “Solamente un programa avícola adaptado a las condiciones locales conseguirá satisfacciones a sus participantes. La producción avícola rural contribuye a mejorar la seguridad alimentaria en muchos países en desarrollo al generar ingresos a los agricultores pobres en particular a las mujeres”.

Aquí la FAO precisa además que las familias no crían las gallinas o los pollos en el campo simplemente para comérselos. Están hablando de que con ello aumentan los ingresos de los productores pobres, en particular de las mujeres. Otro asunto clave. Es el tipo de faena en que el pequeño propietario rural, el esposo, puede jornalear una parte del año, y la cría de gallinas es más una actividad propia de las mujeres, como sucede también en buena medida con el comercio de la leche cruda. “Esta actividad utiliza con eficiencia los recursos locales, requiere pocos insumos y hace importantes contribuciones de carácter económico, religioso, social y cultural, al mejoramiento de las condiciones de vida de los hogares campesinos. Las aves de corral presentan numerosas ventajas, en particular, cuando son criadas en los sistemas de producción diversificados. Son pequeñas, se reproducen fácilmente, no requieren grandes inversiones y ellas mismas pueden procurarse, al menos en parte, su alimentación, son capaces de alimentarse con los desechos de cocina, granos de descarte, gusanos, caracoles, insectos y vegetación y algo de concentrados”. Estamos hablando de una actividad tremendamente eficiente en lo económico. Es probable que la rentabilidad de un pollo o de una gallina criada en una parcela campesina sea superior a la de un pollo o una gallina criada en una granja tecnificada, precisamente por estas características que estoy mostrando. No imita la racionalidad de la granja del millón de aves, pero no por ello es irracional. Tampoco es un absurdo económico ni social. Simplemente, presenta otra racionalidad. Cómo no va a exhibir una racionalidad inmensa un animal que no tiene que alimentarse al ciento por ciento con concentrados producidos en muchos casos con importaciones, sino que es capaz de comerse un grillo o un desperdicio de cocina. Y en ese sentido, llega a tener una eficiencia bien grande, que le permite incluso competir con las granjas más tecnificadas de Colombia. Si hay tantas gallinas campesinas, y ahora voy a mostrar cuántas, es porque son eficientes y competitivas a su manera, que es distinta de la manera cómo producen otro tipo de productores sus gallinas o sus pollos o sus huevos, porque finalmente el problema es el mismo. Hablamos de gallinas campesinas, pero en general estamos hablando de todo un proceso en el que hay huevos, pollos, de todo. Entonces resulta que las ponedoras, como sucede en las granjas tecnificadas, una vez cumplen su ciclo, se convierten en animales para el sacrificio y para utilizarles la carne.

Un renglón muy importante en la economía

Qué tan importantes son en la economía nacional es otro aspecto que debe mirarse cuando los Ministerios de Agricultura y de Salud tomen medidas. Porque no es lo mismo que en Colombia se produzca a pequeña que a grande escala. Les doy este detalle: Fenavi y Dane, del año 2002, y es un lío que tenemos porque no hay estudios recientes, contabilizan 29 millones de ejemplares: 12 millones de gallinas y 17 millones de pollos. Además, mil millones de huevos, todo salido de la producción tradicional, campesina. En mi oficina hicieron unos cálculos aceptando que este tipo de producción aumentó en el mismo porcentaje en que lo hizo el conjunto de la avicultura nacional, y hoy podemos estar hablando de 24 millones de pollos, 843 mil gallos y 17 millones de gallinas, para un total de 41 millones de aves anuales. Es un renglón muy importante para la economía nacional. Y si lo miramos por el lado del PIB, es más importante el porcentaje, porque agrega mucho más valor a la hora de la verdad que lo que pueden agregar las granjas tecnificadas que importan casi todo el alimento de estas aves. La otra idea que quiero dejar clara es que este sector de la producción de gallinas campesinas es vital en la economía de esos campesinos. Sin él, muchos no podrían sobrevivir. Simplemente, se arruinarían, porque no cuentan con otras opciones.

Voy a mirar también con algún detenimiento el problema de la pobreza rural. Este me preocupa cada vez más en los debates con el gobierno. El ministro Arias se molesta cuando lo digo, pero insisto en decir: ¡no estamos en Dinamarca, estamos en Cundinamarca! Es una manera de señalar que las normas internacionales no se pueden aplicar en Colombia a rajatabla, porque hacen unos daños descomunales. No es lo mismo tomar decisiones sanitarias en Francia, Estados Unidos o Italia, y, sin embargo, miren ustedes cómo en Estados Unidos son cuidadosos para tomarlas. Entonces no puedo menos de protestar cuando veo que se traspasan casi mecánicamente normas sanitarias a Colombia. He citado mucho el caso de la norma sanitaria que prohíbe producir la panela con las uñas pintadas, una norma traída de no sé dónde, como es obvio. Cuántos campesinos paneleros se pintarán las uñas y sin embargo, sigue ahí la prohibición de hacer panela con las uñas pintadas.

Les voy a dar unas cifras para intentar ilustrar un poco cómo es la pobreza rural. A veces pienso que los que estamos en política sí conocemos esta realidad, pero a mí a ratos se me ocurre que la alta burocracia estatal no conoce la pobreza rural. Ustedes pensaran que sí, porque de pronto los domingos salen en giras al agro, pero en esos días los atiende el alcalde, los acomodados del pueblo, y probablemente se aparecen los campesinos menos empobrecidos. Pero si uno se va al agro profundo, no al de las orillas de las carreteras troncales, a donde campesinos que viven a cuatro, cinco y diez horas del primer sitio urbano de cierta importancia, nos encontramos con pobrezas realmente escandalosas. Voy a dar unas cifras para ilustrar de qué es de lo que estoy hablando. Menos de una hectárea, propiedades rurales en Colombia, 1.380.000, es decir, 35% de las propiedades rurales en Colombia tienen menos de una hectárea. De una a tres hectáreas, 868.000, de tres hectáreas hacia abajo está el 58% de la propiedad rural colombiana. Esto es hambre y pobreza a la lata, como se dice, y esos son los campesinos de estas gallinas de las que estamos hablando. Concentración de la tierra en Colombia, índice de GINI, 85%, creo que de los peores del mundo, porque cuando se acerca a cien, y estamos en 85, es ya el peor índice, o sea que uno superior no existe sino en la teoría. Esto es pobreza también. 68% de los trabajadores rurales ganan menos de un salario mínimo, el 35% gana menos de medio salario mínimo, y estos son los que crían estas gallinas que llaman de traspatio, gente que tiene una casita y un patio y cinco o diez gallinas.

La pobreza rural es escalofriante

Miren el Producto Interno Bruto per cápita, el general del país, 4.390 dólares, malísimo. En Estados Unidos o en Europa pueden estar en 40 mil dólares. El per cápita rural promedio, 1.522 dólares. Pero si el promedio es mil quinientos, es porque hay gente de trescientos, de cuatrocientos y de doscientos. Les doy una cifra de la que ustedes se van a aterrar: el per cápita en Colombia es de 1.522 dólares, el del Congo es de 1.540 dólares. Los del campo colombiano son ingresos per cápita de país africano. El de Sri Lanka, en Asia, que es uno de los países más pobres de la tierra, ese país al que todos los años llegan los ciclones y lo inundan y lo destruyen hasta el arrasamiento, es de 1.540, y el agrario colombiano es 1.522, menos que el de Sri Lanka. Claro, incluye allí las áreas urbanas.

Otros datos. La pobreza en toda Colombia es de 49%, la rural es 73%, son cifras del Dane y del Departamento Nacional de Planeación. La indigencia: el promedio nacional es 14%, el rural es 27%. La desnutrición crónica en las áreas rurales, para menores de cinco años, 17%; de 5 a 9 años, 18%; de 10 a 17 años, 24%. En los muchachos de quince, dieciséis, diecisiete años, la desnutrición crónica es de uno por cada cuatro. Escalofriante.

Miremos el caso de los cafeteros, porque la estadística aquí es malísima y uno entonces no tiene cifras. Ojalá uno pudiera decir en panela tanto, pero son muy malas las cifras en Colombia. Miremos el caso de los cafeteros, que tienen fama de ser uno de los sectores del agro nacional con menos dificultades, pero miren las cifras y ustedes se van a aterrar. El 95% de los cafetales tiene menos de cinco hectáreas, el 88% menos de tres hectáreas, el 62% menos de una hectárea, esos son los cafeteros de estas gallinas de las que estamos hablando, muchos ahí en las goteras de Manizales y que me buscan porque el gobierno los está persiguiendo. Claro, no están al lado de la carretera pavimentada. A esos compatriotas hay que buscarlos en la parte más profunda de la cañada. En el café, 63% no tiene acueducto, 94% carece de alcantarillado. Y las normas que les exigen los obligan a tener alcantarillado para poder matar una gallina. La miseria en el café, 28%. Ahí estuve la semana pasada reunido en Ibagué con los campesinos del Comité Municipal de Cafeteros del Tolima, y aprovecho para mandarle el mensaje al ministro Arias. Están reventados, porque, además, las vías se acabaron en Colombia, no hay vías en las zonas rurales. Sacar un bulto de naranja se volvió una hazaña.

De 27 mil trapiches paneleros que hay en Colombia, 12 mil son con tracción animal, sin un motor ni de ACPM ni eléctrico, de tracción animal, y ojalá alguien hiciera la estadística y estoy seguro de que se encontrará con algunos que son de tracción humana. He conocido en Colombia trapiches sobre la base de que los empujan los dueños del trapiche. Este es el país del que estamos hablando. Sé que no logro trasmitir lo que quiero: el drama rural colombiano. No es que la ciudad esté bien, pero enfatizo el asunto.

Miremos un último hecho antes de entrar específicamente a analizar las medidas que se han sacado. Y aprovecho y lo dejo como constancia en el debate. Es viendo tal estado de pobreza por lo que afirmo que no deben subir los gravámenes a los avicultores. Les van a hacer un aumento como del 75%. El recaudo de la contribución parafiscal avícola, que recauda o gasta Fenavi, va a pasar de unos seis mil millones a doce mil millones. Es contra el hambre que se gira. El huevo es prácticamente la única forma de proteína animal que consumen los pobres de Colombia. Se ha vuelto normal en los barrios pobres de las zonas urbanas que para el almuerzo se compra una taza de arroz y cuatro huevos y se hace un plato que es arroz cocido con huevo, bueno, y un poquito de suero en la Costa, que también está al borde de que lo persigan con los decretos de la leche cruda. Cuando a mí entonces me dicen que le van a subir un peso a la contribución, por supuesto no puedo estar de acuerdo con que pongan gravámenes que toquen a los pobres de un país paupérrimo como este. Y ojo con esto, señores del gobierno y senadores, me temo, ojalá me equivoque, pero la empobrecida que se va a pegar este país en los próximos años no va a tener nombre. Los tiempos de las vacas gordas de la economía nacional en los años pasados poco o nada le llegó al pueblo. Y vienen los años de las vacas flacas y van a ser reflacas. Miren lo que está pasando en Estados Unidos. Fue el crecimiento de la economía mundial el que jaló la economía nacional, no la seguridad democrática, como rasgo principal. Vienen los tiempos malos de la economía mundial y vienen tiempos remalos para la economía nacional. Sería un milagro que no fuera así, ojalá me equivoque, vamos a esperar. El gobierno debería actuar con la lógica sensata de no causar más estropicios, ni más daños, ni afectar más renglones de la economía, que aun cuando no sean los renglones de la gente de corbata y recién afeitados y perfumados, sí son parte vital de la economía del país y del funcionamiento de esta sociedad.

La Resolución 957

Miremos lo de las resoluciones. Hablemos de una primer Resolución del ICA, la 957 de abril de este año, sobre granjas agrícolas. Afortunadamente, ya la derogaron esta semana. Es un éxito de la Comisión Quinta en el sentido de que nuestros reclamos por lo menos han recibido una primera respuesta. Ya la derogaron, eso está bien, pero sin embargo quiero analizarla, sobre todo para intentar que el gobierno reflexione sobre cómo se está gobernando el país. Esta primer resolución estaba destinada a ponerles condiciones a los productores sobre cómo tenía que ser su inmueble para poder engordar unas gallinas o unos pollos o para sacar unos huevos. Entonces hablaban de las granjas agrícolas. Así llamaban el sitio donde se criaban o engordaban esas aves, granjas avícolas comerciales, a las que les ponían unas normas, y granjas avícolas de autoconsumo, a las que les ponían otras normas, un poco menos exigentes. Lo primero que tengo que lamentar, y se lo digo al Ministerio de Agricultura y al ICA, es que haya tanta incomprensión del país donde se vive. En Colombia no existen las granjas avícolas de autoconsumo como figura especializada. Nuestros campesinos no crían o engordan gallinas o pollos para comérselos. Eso no es verdad, y expresa un desconocimiento de la realidad nacional. Nuestros campesinos engordan un pollo o una gallina principalmente para venderlo. Bueno, ya les leí lo que dice la FAO. Aquí no hay que hacer investigaciones profundas, porque en Colombia, en medio de la pobreza que intenté explicar ahora, sigue siendo cierto un viejo adagio que dice: cuando un pobre come pollo, uno de los dos está enfermo. Eso sigue siendo cierto. O está enfermo el pollo o está enfermo el pobre. Esa es la norma. No existen entonces las granjas avícolas de autoconsumo especializadas, viceministro, como ustedes las intentaron poner. Vi que ya en la nueva resolución corrigieron el error y eso me parece bien. Y hacían en esa resolución una serie de exigencias que aquí rápidamente nos pusimos de acuerdo en que eran prácticamente imposibles de cumplir por parte de los campesinos de gallinas de traspatio. No voy a examinar cada una de las normas, pero versaban sobre el diseño de las viviendas, la especialización de los espacios, los accesos, las calidades de luz, el agua potable, y hablar de agua potable en el campo colombiano es como si se les pidiera también un trasbordador espacial. No se podían cumplir de ninguna manera.

Ante nuestros reclamos salió una segunda resolución del ICA. La llamo segunda resolución, pero la conocí anoche, en la que con acierto ya no hay granjas de autoconsumo. ¡Bingo!, acertaron al corregir eso. Y establecieron que las granjas avícolas comerciales a las que les ponen una serie de exigencias son aquellas donde se aloje un número superior a doscientas aves vivas. Le están aceptando al campesino que sin condiciones especiales pueda tener en cada momento en su finca hasta doscientas aves. Yo con franqueza les digo que ese puede ser un número suficiente en la economía estrictamente campesina, 200 aves, suponiendo que hicieran un proceso tecnificado perfecto y sacaran pollos cada ocho semanas, gordos, daría que en el año harían seis veces la vuelta al negocio. Tendríamos mil doscientos pollos engordados al año o menos, y uno puede suponer que en eso acierta la norma en cuanto a lo que pueden ser las necesidades de un campesino. Pero con franqueza les digo, director del ICA, viceministros y colegas, tengo muchas dudas de que ese deba ser un tope, porque uno aquí tiene que mirar con consideración no solo a los campesinos, sino también a los pequeños y medianos empresarios y ver cuáles son sus realidades económicas.

Aquí aparece una pregunta y es que poner un tope en 200 y de ahí para arriba todos se vuelven iguales ¿es sensato hacerlo cuando en este negocio puede haber gente de cinco o diez mil gallinas o pollos al año, pero también gente de cinco millones y de diez millones? Después del campesino del que he venido hablando con cierto detalle, ¿todos hacia arriba son iguales? No lo creo. Habría que estudiarlo con más detenimiento. No es el propósito de este debate, pero ahora que hablemos de los mataderos sí me voy a referir al asunto con más detalle. Es un tema que el ICA debería mirar si se trata de tomar decisiones ajustadas a nuestras realidades, de no hacer daños, de no crear problemas, de ser realistas, es decir, de no tratar al que tiene cinco mil o diez mil aves al año como si fuera un indeseable que ojalá se acabe: esto es lo que me preocupa. ¿O nos es indiferente? Alguna protección al de abajo, al paupérrimo, y después el salto al monopolio, ¿sí será eso sensato? Porque cuando a mí me dicen que después de 200 aves, todos son iguales, me parece curiosa la fórmula de plantear el asunto, porque resulta que no lo son. Aquí hay gente de 20 millones de aves al año. ¿20 millones de aves al año es lo mismo que 1.300? Simplemente hago un llamado sobre esto, para que se estudie y se hagan esfuerzos por acertar. Es decir, que si se corrige, que se haga de verdad. Ahora, si me demuestran que es lo mismo, bueno, pero tengo mis dudas. Esos medianos productores son también claves en la economía. Son incluso importantes para maquilarles a los más grandes. Viceministro, no les pongan normas que no puedan cumplir y que los saquen del negocio de manera absolutamente innecesaria. Celebremos que el gobierno haya corregido y con rapidez y que no nos haya tocado, como en el caso de la leche, armar todo un enredo para que se les ocurriera suspender la norma. Me gusta que sean más sensatos. Lástima que no vengan los ministros aquí y celebren con nosotros el éxito de la rectificación.

El problema no termina aquí, porque hay otra resolución si se quiere peor que la que se acaba de corregir, porque exige una serie de condiciones para el sacrificio de las aves. Contemos cómo es el asunto. Una parte muy grande del negocio de las gallinas campesinas no consiste en vender la gallina viva, sino en sacrificarla en condiciones tradicionales y vendérselas a un pequeño restaurante o al tipo que pasa por el frente, ya sacrificadas. Hay muchas maneras de comercializar esos pollos y esas gallinas, para no mencionar que existe otro negocio importante, pues mucha gente tiene como negocio comprar las gallinas de desecho ponedoras de huevos y las procesan y las terminan convirtiendo en un sancocho. Es un negocio grande, inmenso, entiendo que son como 24 millones de aves de descarte al año. El sábado en el avión tuve la suerte de conversar con un avicultor y me explicó en detalle el asunto. Usted tiene su gallina ponedora y una vez llegada la edad en que deja de ser rentable, se la vende al que pase para sancocho. Si el campesino no puede sacrificar sus gallinas, las mil doscientas al año de las que estamos hablando, sino que tiene que llevarlas a una planta de sacrificio, queda por fuera del negocio como si le hubieran prohibido engordar las gallinas. Esto tiene que quedar claro. Si el campesino no puede sacrificar en su finca su gallina, en las condiciones en las que él está en capacidad de hacerlo, lo sacan igualmente del negocio. Porque no son gallinas de autoconsumo, sino comerciales.

La resolución, firmada por el doctor Diego Palacio, ministro de la Protección Social, es la 4287 y tiene ¡43 páginas de normas, quince o veinte por página, que hay que cumplir! El matadero de los pollos que se exige es, hagan de cuenta, una sala de cirugía de seres humanos, solo que para pollos. Hay una norma que exige incluso un toquecito eléctrico al pollo para que en el momento en que lo maten no sufra. Imagínese al campesino, que no puede evitar ver sufrir a los hijos, intentando evitar que le sufran los pollos o las gallinas. Agua fría y caliente hay que tener, todo tipo de instalaciones sanitarias, todos los procesos diferenciados, arcos de no sé qué para cuando entren los camiones, pleniluvios creo que se llama otra cosa, implementos que uno tiene que buscar en el diccionario para saber de qué se trata. Es la misma planta de sacrificio para veinte millones de aves que para cualquier número de aves, incluso una, y este es mi reclamo principal. Si yo tengo en mi finca el negocio de engordar una gallina, y quiero engordar una gallina para sacrificarla y vendérsela al restaurante de mi hermano, tengo que montar esta planta. Se sonríen, bueno, a los campesinos de Manizales los están persiguiendo con esta norma. Les llegan los funcionarios y les dicen que a responder, entre otras cosas porque las normas son así. Al funcionario no le corresponde decir, bueno, como usted es campesino no me cumpla la norma, porque la norma no exceptúa a los campesinos. Todo tipo de condiciones. Por ejemplo, iluminación. Los espacios deben estar iluminados de manera que no generen colores o sombras inadecuadas. Me imagino que debe de ser muy importante que no haya sombras inadecuadas en la iluminación, pero pedirle eso a un campesino es absolutamente desproporcionado. Instalaciones sanitarias uniformes de todo el mundo, instrumentos con metales especiales, etc.

Con franqueza le digo a la gente del gobierno que con esta Resolución 4287 se elimina la producción de gallinas campesinas o de gallinas de traspatio o de gallinas de pobres en Colombia. Así no es posible sostener el negocio. Alguien me dirá, entonces, que el campesino coja sus diez gallinas y se vaya y busque una planta de sacrificio para que se las sacrifiquen. Si eso fuera posible, la rentabilidad desaparecería. Yo pregunto: una persona que ha montado una planta de sacrificio para diez millones de gallinas al año ¿le recibirá diez gallinas a un campesino para metérselas en la cadena de sacrificio? Por supuesto que no, porque de entrada viola todas las normas.

La Resolución 4287 también debe ser derogada

Esta es una resolución que debe ser entonces derogada en lo que tiene que ver con la gallina campesina si queremos resolver el problema. Si no se quiere, se deja ahí y el lío sigue igualito. En esto quiero ser cordial pero enfático, senadores y amigos del gobierno. Con la derogatoria del decreto que se logró no es suficiente. O el ministro de la Protección Social deroga este otro decreto o se acaban las gallinas campesinas y los pollos campesinos y las gallinas de traspatio. Pienso además que si este decreto se corrige, no se debiera modificar en el sentido de doscientas gallinas para abajo, de una manera, y de doscientos para arriba de otra manera. El país está lleno de medianos productores de pollos y gallinas, a los que exigirles las mismas normas que a los de las veinte millones también los arruina. Eso no es bueno. El monopolio en el capitalismo no es bueno, es mejor la competencia. Es bueno que haya pequeños y medianos empresarios y no solo grandes empresarios. Que haya grandes puede ser, pero que solo haya grandes empresarios y campesinos paupérrimos no es bueno, digo yo para la economía, para la circulación del dinero, para las ventas del comercio, para la propia competencia, que se supone debería ser sana en las condiciones de la producción capitalista.

Terminemos diciendo dos cosas más, especialmente para la gente de Fenavi. Me tiene sorprendido que haya tanto descuido. Realmente lo dije aquí y alguien se sonrió, un pollo o una gallina es como un grano de maíz con alas. Lo que se hace en el negocio es coger proteína vegetal y convertirla en proteína animal. El 87% de los costos de un huevo son alimentos, el 72% de los costos de engorde de un pollo son alimentos, lástima que no esté el doctor Arias, pero dentro de 15 días lo vamos a mirar nuevamente. Esta es otra prueba más de que eso de importar todos los alimentos para los pollos es un absurdo, porque el negocio bueno de verdad son los alimentos. El negocio de los pollos funciona como una especie de maquila en el que se trae grano o soya y se convierte en proteína animal. Pero esto es además una amenaza, porque si por cualquier motivo dejaran de entrar importaciones de granos a Colombia, ¿qué le pasaría a la industria tecnificada del pollo y del huevo? Una industria pujante, que ha crecido bastante, que se ha tecnificado, y eso está bien, pero que presenta una dependencia casi del ciento por ciento frente a los alimentos extranjeros. La dependencia primero se tira el negocio, porque no agrega el valor que debiera agregar, no integra la economía, que es la clave en estos asuntos. Pero además nos pone en una amenaza bárbara. Si por cualquier razón no entran mañana los barcos o se demoran en entrar con ese maíz o hay cualquier acontecimiento natural o social y esto se nos enreda, qué le pasa a la economía del país. Pero además, y esto también lo menciona la FAO, no puede haber éxito real en una producción avícola a escala global, en producción exportable para asar y de huevos en media o gran escala, que no tenga como respaldo una importante producción cerealera a bajos costos. Es un hecho científico. Los gringos son los primeros productores de pollo, porque también son los primeros productores de cereales. Estoy seguro de que detrás del gran éxito avícola de Brasil hay una economía integrada. Es una discusión interesante, pero lo que me sorprende es que los de Fenavi no peleen más duro el punto, porque realmente están como rezando todos los días para que no vaya a haber un problema de flujo de alimentos a escala global, que en cualquier momento puede presentarse, como se ha presentado tantas veces en la historia de la humanidad.

Trasnacionales utilizan las normas técnicas para quebrar la producción nacional

Uno de los líos que se tiene con los tecnócratas, y este es un llamado cordial que les hago a los funcionarios, principalmente a los técnicos, es que suelen tener una mirada demasiado especializada. Si el tipo es médico, no ve sino bacterias y con tal de cazar una bacteria hace hasta lo imposible, así se acabe el mundo, como se dice de los poetas, que con tal de pulir un verso están dispuestos a sacrificar un mundo. Esa ultraespecialización es muy dañina. Voy a explicar algo que es interesante: todas estas normas, particularmente la de los mataderos, senadores, tiene origen en intentar copiar o desarrollar o imitar o como se quiera decir las normas de bioseguridad de la OMC. Se apoyan en normas comerciales, con el cuento de exportar, con el cuento de la competencia internacional. Entonces es importante que los técnicos entiendan cómo es el mundo. El mundo de hoy es un mercado global y en él solo pueden funcionar los capitales de envergadura global. Este es el mundo de las trasnacionales. Ese es un mundo de una competencia feroz entre monopolios, y para los que no son monopolios y trasnacionales la competencia se vuelve tremendamente difícil, tanto que pueden ser liquidados en condiciones relativamente fáciles. Viene además una crisis mundial que va a poner un grado bárbaro de estrés y de problemas. Y uno de los líos que tienen las trasnacionales para tomarse todos los mercados globales es que el mundo está lleno de nichos de gente que sobrevive, no porque posea la gran tecnología de la trasnacional, sino por las ventajas comparativas de la pobreza. Es el caso de nuestras gallinas campesinas. Como un porcentaje importante de su alimentación son grillos y lombrices y desechos gratuitos de cocina, entonces adquiere un nivel de competitividad tremendo. Lo mismo el caso de la leche cruda para que la hierva la gente, claro, usted elimina el proceso industrial de la pasterización y lo traslada a que cada ciudadano hierve su leche, entonces usted mejora de mil maneras la competitividad. Lo mismo el caso de la panela. Nuestros campesinos en buena medida están sobreviviendo defendiéndose en su racionalidad a punta de pobreza. Se levantan más temprano, el hijo no va a la escuela y tantas otras cosas propias de la economía campesina.

Tengo una tesis: en esto de la competencia global, las trasnacionales actúan con una lógica que aplican donde puedan, en los países donde se descuiden nuestros dirigentes, o porque no entiendan, o porque trabajen para el otro bando, y es la lógica de utilizar los reglamentos técnicos contra nuestro aparato productivo. Es la lógica de que si yo no lo puedo sacar a usted porque usted es comerciante de leche cruda, prohíbo la leche cruda y se acabó el negocio. O que si usted es muy hábil produciendo gallinas campesinas, lo saco sobre la base de pedirle un matadero. O el del azúcar que quiere sacar al de la panela y no lo puede hacer en la competencia abierta del capitalismo y entonces le exige agua potable en la finca y como no hay agua potable, sale del mercado el campesino panelero. Esto es parte del análisis que hay que hacer y sobre el que yo llamo a los tecnócratas del gobierno a que tengan una actitud responsable. Digo esto para que lo mediten, porque no quiero decir que cada funcionario del gobierno actúe como no es, o con un mal propósito, aun cuando puede haber quienes sí lo tengan. Estoy llamando la atención para que lo miren con detenimiento, porque sucede en todo el mundo. El capitalismo es un sistema de competencia feroz. Miren lo que está pasando en la Tierra. Estos tipos por ganarse unos dólares reventaron la economía mundial y estén seguros de que si para abrirle el camino al TLC y a las importaciones avícolas del TLC necesitan quebrar las gallinas de traspatio de nuestros campesinos, no faltará aquí quien diga que hay que sacar del negocio a ese sector.

Enfrentamos una amenaza. Fenavi lo ha dicho mil veces. El TLC es un riesgo inmenso para Colombia y puede incluso arruinar la industria avícola. Entonces yo me pregunto: quien diseñó estas normas, que curiosamente coinciden con el TLC, ¿no tendrá en la cabeza la idea de que con ellas saca a un poco de competidores? Estamos hablando de más de 40 millones de aves de corral, de modo que si debilitamos el negocio de las gallinas campesinas, les abrimos camino a las importaciones del TLC, sin que eso aparezca como un traumatismo de las importaciones, sino como un fenómeno natural, de una gente que salió solita del negocio sin necesidad de que hubiera “libre comercio”. Esto lo dejo como una reflexión, incluso, a las gentes del gobierno, pero sobre todo a los colombianos.

Primera idea que quiero dejar planteada. Es un avance que se haya derogado la medida del ICA. Tenemos que celebrarlo, y pienso que es un éxito de toda esta Comisión y de la gente que hizo reclamos. Admitamos que está bien que este gobierno reconozca que se equivocó y corrija. Pero queda una norma, firmada por el ministro Diego Palacio, todavía más bárbara que la anterior, porque con las exigencias que hace no hay negocio avícola campesino en Colombia. Entonces es obvio que en la Comisión Quinta del Senado tenemos que mantener nuestro reclamo y plantearle al ministro de la Protección Social que debe cambiarla. Que si el Ministerio de Agricultura corrigió, que también corrija el de la Protección Social o si no, no hacemos nada. Porque yo qué saco con que pueda tener la granja y criar las diez gallinas si después no las puedo sacrificar o no las puedo vender o no las puedo transportar, como lo que plantea ese decreto.

Una última reflexión y un llamado cordial al gobierno, si ustedes quieren. Hay que ser cuidadosos a la hora de legislar para el mundo rural. Ese es un mundo que hay que conocer en detalle, que hay que intentar comprender, sufrirlo. Son unos compatriotas que están sobreviviendo en unas condiciones de extrema dificultad. Cualquier norma puede desquiciarlos. Estoy seguro de que aquí hay colombianos que no han perdido su parcelita porque engordan diez gallinas, pero si ustedes les quitan las diez gallinas, les quitan también la tierra y los tiran a un cinturón de miseria de la ciudad. Quiero además decirles que esa economía campesina con todas sus pobrezas y debilidades es vital en el conjunto de la economía nacional. Esto se lo digo a los neoliberales que solo creen en grandes cifras. El 70% del valor agregado agrícola de Colombia lo ponen los campesinos, no los empresarios. El 84% de las hortalizas y las frutas que se producen en Colombia la producen los campesinos, casi toda la papa, una parte inmensa del maíz, del café, ni se diga. A esa gente hay que cuidarla teniendo en cuenta que son economías integradas. Ellos no se especializan en una sola cosa. Por ejemplo, esos campesinos de la papa tienen vaquita lechera, los campesinos del café tienen gallinas. En Santander, y se lo anticipo a los santandereanos de este Comisión, ahí entiendo que viene una norma sobre caprinos. Lo único que falta es que al campesino le exijan para criar un chivo quién sabe que cosas que no se puedan cumplir. La producción caprina en Santander es importante y debiera mirarse con detenimiento.

Concluyo insistiendo en que la norma del Ministerio de la Protección Social debe modificarse, porque es una norma que está pensada para industrias avícolas de unas proporciones bien distintas a las de las gentes del común de este país.

Replica del senador Robledo a las intervenciones de los viceministros

Lo primero es celebrar que el esfuerzo que hemos hecho haya conducido al ICA, al Ministerio de Agricultura, a echar atrás el decreto que hacía muy difícil la cría y el engorde de aves en las parcelas de los campesinos. Me queda la duda y lo dejo planteado, ojalá lo miren, si el tope de las doscientas gallinas es muy pequeño, porque ahí hay una franja intermedia a la que probablemente valga la pena ajustarle normas de forma tal que las pueda cumplir. La misma idea del galpón es una idea que presupone volúmenes muy altos de aves. Entonces ahí habría que mirar cuidadosamente la norma, porque es probable que se quede corta. Pero siendo un avance que hay que celebrar, digamos también con franqueza que si no se corrige la Resolución 4287, del Ministerio de Protección Social en lo que tiene que ver con el sacrificio, no hemos hecho nada, porque si el campesino puede engordar su pollo, su gallina o el gallo o lo que sea, y después no lo puede sacrificar o no lo puede transportar, estamos en el mismo problema. Se cae de su peso, ojalá nos unamos en la idea de que esta resolución hay que derogarla. El señor viceministro Cuervo no habló de derogarlo. Él la defendió como si aquí no hubiéramos dicho nada. Pienso que es lamentable. Si no se deroga, el problema sigue ahí, como si no se hubiera tomado la determinación anterior. En ese sentido, me alegra mucho que en esta Comisión del Senado hayamos tenido unanimidad en el sentido de pedir la derogatoria de la resolución. Es una solución relativamente simple: basta hacer un análisis y ajustar el sacrificio a volúmenes. Es fácil entender que no puede ser lo mismo la exigencia en sacrificio para cinco, diez, veinte, cincuenta o cien que para veinte millones. No puede ser lo mismo y es un absurdo que esté planteado así. Y pienso que si se modifica esa resolución, se deben tener en cuenta factorías medianas, porque hay un sector intermedio entre la producción campesina y la gran producción al que vale la pena atender particularmente. Lo segundo que me dejó muy preocupado fue una frase del doctor Cuervo, la apunté textualmente: no nos parece adecuado que no nos preocupemos por la salud, y la dice refiriéndose a nosotros, como sugiriendo que él sí entiende que nosotros digamos cosas, pero que le parece inadecuado que no nos preocupemos por la salud. Esta es una aseveración que no es cierta. Aquí nosotros nos estamos preocupando también por la salud. Yo no estoy porque se comercialicen aves con salmonella. Ese no es el punto, así hayamos hecho otros énfasis. Lo que estamos pidiendo es que las normas se adecuen a nuestra realidad. Cité incluso a un míster, un funcionario de la Secretaría de Agricultura de Estados Unidos, quien afirma: “En el caso de Estados Unidos no hay cómo eliminar un factor de riesgo que es el comercio de aves vivas”. Y recomienda que ojalá en Colombia no se metan a hacer eso, sino que busquen otra solución. Lo que nosotros estamos haciendo es buscando soluciones inteligentes para problemas que están allí y no la lógica de arrasar con todo, porque al final sucede lo que ya se explicó aquí. No es verdad que esas medidas de arrasamiento eliminen el problema. Antes bien lo agravan. Ya oímos el caso de Nariño, donde se cerró un matadero que padecía todos los problemas y lo que siguió fue una matanza indiscriminada y clandestina, muchísimo más difícil de manejar. Es sobre esto sobre lo que estamos llamando la atención. Y en este sentido, yo les pediría, lástima que el doctor Cuervo se nos fue, que sean también precisos, porque no nos pueden revolver una cosa con otra. La norma de los mataderos, de las plantas de sacrificio, se refiere a los males que tienen origen o se transmiten en las plantas de sacrificio, por ejemplo, la salmonella. Esto no tiene nada que ver con la influenza aviar o el Newcastle, que hay que atender de otras maneras. Estoy de acuerdo en que hay que vacunar todas las aves del país contra todo lo que sea necesario. Las de las plantas grandes y las de los campesinos, las de todos. Es el mismo lío con la leche cruda. Nunca he defendido que se consuma leche sin hervir. Estoy por que se hierva antes, por que se cuide la contaminación cruzada, etc. Entonces que no nos revuelvan una cosa con la otra, porque no se pueden revolver. Puedo tener las mejores plantas de sacrificio en Colombia y entrarme una influenza aviar bien brava que me destruye en semanas medio establecimiento avícola nacional. En esto hay que ser bien cuidadoso.

Y frente a la salmonella y otras bacterias que pueden aparecer, a veces nos volvemos tan técnicos que se pierden de vista las elementalidades. Los productos cárnicos en general no se consumen crudos y el factor del calor para controlar bacterias es de un poder casi absoluto. Uno coge una pechuga de un pollo o un pedazo de carne que tenga salmonella y lo cocina a cien grados de temperatura en un sancocho y ahí no queda nada, nada que lo pueda envenenar. Si lo afecta es por otras razones distintas. Aquí hay un factor del calor que pesa mucho. Miren les voy a leer, porque veo que abrigan dudas. Les cito místeres, porque a esos sí les creen: Dice la Facultad de Medicina de la Universidad de Ohio, la Ohio State University, en “Una guía para pacientes de cáncer o de trasplantes de órgano”, porque nadie más débil o más en riesgo por una contaminación bacteriana que estos pacientes. Entonces cuál es la formula: Guía de temperaturas seguras: si es pescado, tanta temperatura tanto tiempo, si es ave, tanta temperatura tanto tiempo, mariscos igual. Este es un factor que se tiene que tener en cuenta como medidas de protección. Uno quisiera que el gobierno hiciera campañas dando consejos sobre temperaturas seguras. Tampoco digo que al campesino lo dejen abandonado a que haga cualquier cosa con las aves que sacrifique. No, ahí puede haber toda una labor de educación dentro del sentido común y las posibilidades, señores de Fenavi, para ver cómo ese campesino puede hacer ese sacrificio de la mejor manera posible, incluso, durmiendo la gallina antes de sacrificarla, bueno, tampoco me opongo, pero que eso se haga de acuerdo con las posibilidades del campesino. O sea que en ese punto el señor viceministro Cuervo se equivoca en materia grave.

Insisto en que hemos avanzado, pero nos falta derogar la Resolución 4287, de forma tal que se expida otra norma que se adecue a las realidades de nuestro país. Repito, estamos en Cundinamarca, no en Dinamarca. De la mejor manera, pero preservando las realidades que tenemos. E insistiría mucho en otro factor que se desprecia en Colombia: trabajemos en educación. Buena parte de las actividades mal hechas se hacen así por ignorancia de la gente. Hay mucha gente que no sabe que lavarse las manos es un asunto de salud pública, de su propia salud en la casa, porque nadie se lo ha dicho. Tengo más de cincuenta años y nunca he visto una campaña tan elemental como esa: lávese las manos, hierva el agua que va a consumir si tiene un agua que no es potable y tantas otras cosas que se podrían hacer en este sentido. Esperemos que el Ministerio de la Protección Social entre en razón y derogue cuanto antes la Resolución 4287, porque si no, el problema se va a volver insoluble o nos va a tocar seguir tratándolo hasta que encontremos algún tipo de solución. (1). Su hermano, Guillermo León, está en la cárcel y ha sido llamado a juicio sindicado de hacer parte de una organización internacional de narcotraficantes.