Generic placeholder image
Generic placeholder image

DE COLOMBIANO COME COLOMBIANO A COLOMBIANO COME EXTRANJERO

Sobre las importaciones agropecuarias

Hace 7 meses

Por nuestro agro, un gran pacto nacional

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo, Comisión Quinta del Senado, 6 de abril de 2021.

Video: https://youtu.be/svuqtWccyTQ

Señora presidenta, muchísimas gracias. Un saludo al doctor Jorge Londoño, mi compañero de debate en esta ocasión, como en otras. A toda la mesa, mis saludos. Al ministro de Agricultura, mis saludos, a la viceministra de Comercio, créame, doctora, que no es un pleito personal con usted ni mucho menos, sino un problema de cómo deben funcionar las cosas en la Comisión, y más cuando el ministro de Comercio ha sido tan contrario a la producción nacional, tanto, tan contrario, que es el ministro de los importadores. Entonces, si no viene a darle la cara a esta Corporación, pues bueno, no viene, está en todo su derecho y yo no lo puedo obligar. Pero en estos debates hay que asumir los compromisos con la seriedad que corresponde.

Son muchos mis debates sobre estas importaciones

Les quiero contar a mis colegas que he hecho no sé cuántos debates sobre el tema en los diecinueve años que ya llevo en la Comisión Quinta. Les prometo que el de hoy va a ser el último sobre el agro, porque ya he tomado la determinación: no vuelvo al Senado de la República. Es mi último período aquí, ya he estado bastantes años. Alguien distinto tendrá que venir a cubrir esta labor, porque he tomado la decisión de presentar mi candidatura a la Presidencia de la República. Le agradezco mucho a la Comisión todas las posibilidades que me ha brindado. Entonces este va a ser mi último debate sobre el tema específico de las importaciones agropecuarias, en el que he sido, creo yo, el senador que más debates ha hecho. 

En las importaciones se le ha ido la vida a Colombia y al agro colombiano. Una política agraria, probablemente, la peor de nuestra historia. Porque ha sido montada, lo expliqué y lo voy a explicar ahora, para reemplazar el trabajo y la producción nacional por el trabajo y la producción extranjeros, metiéndonos el cuentazo de que íbamos a invadir al mundo con los productos agrícolas y pecuarios colombianos, cosa que se sabía que no iba a ser así.

Debate en dos partes

Voy a dividir mi debate en dos partes, una primera, aportando cifras y cifras y cifras para probar cómo nos han hecho pedazos las importaciones y cómo las exportaciones no han crecido prácticamente nada, ni siquiera con nuevos renglones, en suma, lo peor que nos ha podido pasar. Pero voy a centrarme más en explicarles a los colombianos un hecho que me interesa más.

Aquí no hubo equivocaciones, aquí no hubo confusiones, porque aquí hay algunos que llevamos 30 años advirtiendo lo que iba a pasar. Y en todos los tonos. Lo escribimos, lo explicamos, hicimos todos los debates, y aquí, a sangre fría, todos los gobiernos de Colombia, desde 1990 hacia acá, tomaron la decisión de privilegiar los intereses de los agricultores extranjeros y de los ganaderos extranjeros y a favor de los importadores de productos extranjeros a Colombia. Lo hicieron a sabiendas, a sangre fría, y toda esta política fue montada sobre falsedades, sobre mentiras, sobre informaciones amañadas. Fue una verdadera conspiración contra el aparato productivo nacional. Me esforzaré en probarlo, como segunda parte de la intervención. 

Hay quienes aducen, sobre todo en el mundo urbano, que como el sector agropecuario pesa cada vez menos en la vida del país, por muchas razones, esos indios por allá y esos campesinos y esos pequeños empresarios, ya no valen la pena, no nos preocupemos por eso tan chiquito, a Colombia solo le debe importar lo urbano, y no sé qué más cosas. Pues bueno, están profundamente equivocados. Un país, insisto mucho en la idea, es como un barco, y si se hunden una parte de él, termina hundiéndose el resto. Es más, las grandes potencias económicas nos dan pruebas de que quien piense que el agro ya no importa actúa como un imbécil. Porque si algo cuidan Estados Unidos, Francia, Japón y las demás grandes potencias industriales y científicas es su agro. Hacen todos los esfuerzos por cuidarlo. Porque, claro, el agro importa no sólo por la comida, nada menos, porque los seres humanos no podemos vivir sin comida, y el agro, el campo, es el sitio donde se producen los alimentos, sino también porque la producción agraria jalona el desarrollo económico, jalona la industria metalmecánica, la petroquímica, la química, las nuevas tecnologías, la ingeniería genética. Todo.

Un país que renuncia a su producción agropecuaria como lo está haciendo Colombia, o está gobernado por ineptos e incapaces que nada entienden, o está gobernado por personas que representan intereses distintos a los nacionales. Esta es mi tesis principal. Ahora, que lo hagan por avivatos o por ignorancia o por cobardía, es otra discusión. Pero aquí ya hay un veredicto de la historia. 30 años llevamos en el mismo debate, de ellos diez los viví como profesor universitario y veinte como senador de la República.

Es mentira, y además se ha probado, que Colombia pueda vivir solo de la minería. A quién se le ocurre tamaña estupidez en un país de las condiciones de Colombia. No me opongo a que haya minería, mientras se haga bien hecha. Pero cómo se les va a ocurrir soltar una barbaridad como esa y aplicarla en la práctica como se ha venido haciendo. 

Las cifras de las importaciones

¿Cómo nos ha ido con las importaciones? Aquí hay una ventaja y es que se debate con cifras, y las cifras son ultra elocuentes. En 1991, cuando empezó el desastre, y tiene dos etapas, la etapa de la apertura y, después, la etapa de los TLC, en el fondo lo mismo pero con nombres distintos. En 1991, un año después de empezar la apertura, las importaciones de productos agrícolas sumaron 282 millones de dólares y en el 2020 ya íbamos en 6 mil millones de dólares, el 2.000 por ciento más. Medido en toneladas, pasamos de 1.17 millones de toneladas a 14 millones de toneladas, 1.100 por ciento más. Es el veredicto de las cifras.

Demos otras. La balanza comercial de Colombia con Estados Unidos, antes positiva, se volvió negativa, del orden de 12 mil millones de dólares entre el 2014 y el 2019, después de aprobar los TLC. Y con la Unión Europea nos pasó algo parecido. Pues claro, metieron una economía como la colombiana a batallar con las grandes potencias económicas, financieras, industriales y agrícolas del mundo, Estados Unidos y la Unión Europea, y nos masacraron. Son unos desalmados los negociadores de esos países y muy entregados los de aquí, porque era obvio que nos iban a masacrar como lo hicieron.

Miren ustedes en cifras globales lo que nos ha pasado entre 1990 y esta fecha, importaciones agropecuarias, que habríamos podido producir en Colombia, como lo voy a mostrar: llegaron a 78 millones de toneladas de productos agrícolas y, en dólares, a 49.580 millones. La masacre industrial ha sido peor, 696 mil millones de dólares valen las importaciones industriales en el mismo periodo de tiempo. Hago una advertencia, yo no me opongo a que se importe. Esa no es la discusión. Si hay un bien que Colombia no puede producir, que se importe. Pero lo que si no puede el país es renunciar a producir lo que sí puede, con el cuento de que con minería vamos a financiar todas las importaciones o que con deuda externa vamos a financiar las importaciones. Un disparate. Y es lo que ha sucedido.

Mirémoslo con algunos productos para ilustrar mejor y con más precisión. En el arroz, todavía no desprotegido del todo, las importaciones pasaron de 294 toneladas en 1991 a 279 mil hoy. El azúcar, de 216 toneladas a 266 mil. El café, de cero a 63 mil toneladas. La carne de cerdo, de 240 toneladas a 75 mil toneladas. La leche y los derivados lácteos, de unas 6 mil toneladas a 73 mil toneladas. Trigo, de 642 mil toneladas a 1.934.000 toneladas, lo que también muestra que estábamos produciendo trigo. Maíz, de 8 mil toneladas a 6.161.000. Soya de 69 mil a 492 mil toneladas. El caso del etanol es dramático, porque, en un acto de irresponsabilidad, el gobierno de turno metió a Colombia a producirlo con la mentira de que le íbamos a exportar a Estados Unidos. Se lo advertí, les dije, mentira, no es cierto. No es cierto que Colombia pueda competir con el etanol norteamericano. Y montaron toda una operación de subsidios y de todo tipo de cosas y metieron a Colombia en la producción de etanol. Una política absolutamente innecesaria, porque sabían que iba a terminar en la quiebra. Y miren cómo estamos. Pasamos de importar 19 millones de litros de etanol norteamericano en el 2017 a 269 millones de litros de etanol. Y en un riesgo y en amenazas parecidas está la producción de biocombustible en el caso del aceite de palma. Ahí hay un problema extremadamente grave que esperemos no lo agrave ahora la reforma tributaria.

Mirémoslo en números más globales. Por qué me estoy deteniendo a precisarlo. Porque es que cuando usted se inunda de bienes que puede producir, usted lo que pierde son oportunidades inmensas. Y esas importaciones significan desempleo, pobreza, hambre para el finquero que perdió su finca, para el campesino al que le quitaron su propiedad porque lo arruinaron con las importaciones, y, además, la destrucción del aparato productivo y el subdesarrollo industrial, porque la industria que podría respaldar la producción no puede desarrollarse. Miren, les doy otros datos: maíz, 85 millones de toneladas importadas en este período (1991-2020), trigo, 39 millones de toneladas importadas, residuos de alimentos, 26 millones, soya y aceite, 21 millones de toneladas, cebada, casi 7 millones, bebidas, porque entran también bebidas relacionadas con el agro, 6.2 millones de toneladas, frutas, y la gente cree que frutas no entran, sí, 5.5 millones de toneladas, hortalizas casi 5 millones de toneladas y así podríamos seguir indefinidamente. Carne de cerdo, 850 mil toneladas, café, 535 mil toneladas, tabaco, 226 mil toneladas; lo acabaron, ya no existe el tabaco en Colombia, todo se está importando, 500 años después de la venida de los españoles a América acabaron con la producción de tabaco en este país. Y acabaron con la de trigo y acabaron con la de cebada y la del maíz está agonizando y van a acabar con la de arroz y van a acabar con la de productos lácteos. Esa es la triste historia.

Otras importaciones. Alcoholes, de 230 toneladas a 90 mil toneladas de alcoholes para fabricar en general licores. No sólo golpean el agro, sino que golpean la industrialización de los productos agrícolas. Alimentos preparados, azúcares, papas, chocolatines, etcétera, pasaron de 200 mil toneladas de importaciones a 3 millones de toneladas, dando trabajo en el exterior y negando trabajo en Colombia. Un país que no emplea a sus trabajadores y a su gente y a sus empresarios es un país que no puede desarrollarse. Es así de simple.

Y las mismas exportaciones

¿Cómo fue lo de las exportaciones? Ya lo mencioné en términos gruesos. Pasamos de 2.8 millones de toneladas a 5.6 millones de toneladas. Apenas un incremento del doble, el 97 por ciento, en 30 años es malísimo, sobre todo si se comparan con la importaciones, que crecieron el 1.100 por ciento. Pero nuestras exportaciones presentan un agravante, y es que no sólo no se dio el incremento que tanto nos prometieron y que nosotros advertimos que no iba a ocurrir, sino que además casi todas son de viejos artículos de exportación, el café, de hace más de un siglo, el banano, también de hace un siglo, las flores, algo más reciente pero ya de medio siglo. Y hay algunos otros productos que, fuera de las flores, no necesitaban de TLC para venderse sin arancel en Estados Unidos y en Europa porque gozaban de libre ingreso desde los inicios del siglo XX. Se regaló el agro nacional a cambio de nada. Y se ufanan de ser unos tigres para los negocios. Pues para los negocios de ellos sí, probablemente, y para los de los extranjeros y los intermediarios criollos. Pero para los del país son pésimos negociantes. Han gobernado en contra del progreso y del interés nacional.

Cuentos chimbos

Entonces no metieron el cuento de que íbamos a inundar al mundo de productos tropicales y de frutas, particularmente, y no me opongo a que se exporten frutas y demás, me la he pasado la vida defendiendo el café. Lo que pasa es que a mí no me meten los dedos en la boca, porque yo, cuando oigo que me echan un cuento, saco la calculadora y hago cuentas. Aquí no hubo cuento que no echaran todos los ministros de Agricultura, empezando por Andrés Felipe Arias, cuentos chimbos, porque nunca demostraron con cifras que las cosas les iban a salir bien, mientras que nosotros sí les sacamos cifras y cifras y cifras y números y números y números para probar que nos iban a volver nada.

El último cuento que nos montaron es que nos vamos a volver ricos exportando aguacates. Y el doctor Duque se va para China, allá abre las puertas a las importaciones de confecciones chinas que destruyen el aparato productivo nacional y viene todo contento a decir que vamos a exportar unos aguacates a China. Y claro, no me opongo a que se exporten aguacates ni a China ni a ninguna otra parte del mundo. Pero no me digan que vamos a salir adelante exportando unas cuantas frutas, con mercados en general saturadísimos. Es que si no vendemos más bananos es porque no hay a quién clavarle un banano más en el planeta. Lo que nos obligan a vender Estados Unidos y Europa ya tiene suficientes compradores.

Entonces miren ustedes los datos de exportaciones. Banano, un negocio de hace un siglo, 2.163.000 toneladas, una producción importante. Hay que cuidarla, hay que defenderla, hay que respaldar a tantos productores empresariales y campesinos, no me cabe la menor duda. Pero entonces, cuando uno mira otros renglones de exportación de frutas, se encuentra con que limón tahití, y estoy de acuerdo con que se exporte, vamos apenas en 30 mil toneladas, porque es dificilísimo hacerlo, hay que competir con toda América Latina, con todos los países africanos, con el Asia. Concretar su exportación no es tan fácil como meterles una mentira a los productores. Naranjas, 24 mil toneladas.

Cuánta lora han dado con las uchuvas, nos tienen secos echando el cuento de que nos vamos a volver millonarios exportando uchuvas. No sé cuánta gente se ha quebrado en Colombia oyéndole al ministro de Agricultura que en las uchuvas está la salvación de Colombia. ¿Saben cuántas uchuvas exportamos? 7.300 toneladas. Y no es porque los compatriotas que están metidos en el negocio sean bobos ni brutos ni vagos. No, es que exportar uchuvas dificilísimo. Porque, entre otras cosas, nadie sabe que la uchuva es un alimento. El mismo cuento nos echaron con las pitahayas, ¿se acuerdan? Y con el cardamomo y no sé cuántos cuentos más.

Miremos el caso del aguacate, que repito, ojalá les vaya bien a los empresarios y ojalá exporten mucho. Pues bueno. Cuál es la realidad de las exportaciones de aguacate. Colombia produce 544 mil toneladas, casi todo para el consumo interno. Apenas se exportan 75 mil toneladas. Les hago la comparación con ambas cifras para insistir en la importancia del mercado interno. Es que el principal mercado de un país es su mercado interno, es la capacidad de compra de su propio pueblo. Y por eso es que cuando empobrecen a la gente, al comprador, la economía funciona tan mal. Repito, exportemos los aguacates, pero no nos justifiquen la destrucción del resto del agro con la historia de que el aguacate exportado nos va a resolver el problema. Y repito, ojalá les vaya bien en lo de los aguacates.

Ojo con el agua y el aguacate

Un llamado, doctor Zea, se lo he planteado ya a los otros ministros de Agricultura que ha habido en este gobierno. Hay que echar ojo, porque el aguacate es un producto que puede terminar enredándose de distintas maneras, sobre todo una que quiero enfatizar. El aguacate es un gran consumidor de agua, como en general el agro, es natural. Y entonces ya están apareciendo contradicciones graves, por ejemplo, en Caldas y en otras zonas del país por el enorme consumo del agua. Ya hay reclamos en México, hay problemas graves en Chile. Porque resulta que el aguacate (en Colombia) es un cultivo de tierra fría, toma las aguas en las partes altas y deja sin agua a las tierras bajas, por lo común tierras cafeteras o ganaderas. Le pido al Ministerio mirarlo con cuidado. Hay que buscar la manera de que coexistan los unos y los otros. Pero aquí no se puede asumir como política, ministro Zea, aceptar la teoría de que con la producción agrícola y con el agua pasa como pasaba hace muchos años con los viejos gallineros de las fincas. Recuerden que, antes de la producción industrial, las gallinas dormían en unos palitos que les ponían al lado de las casas para que no se las comieran los animales. Y entonces el chiste era que la gallina de arriba cagaba la gallina de abajo. No, no puede ser así. Tenemos que convivir todos, tenemos que caber todos, los cafeteros colombianos tienen derecho al el agua de sus fincas, bueno, y los demás productores de las tierras más bajas. Ahí el Ministerio Agricultura se equivoca si no lo mira con atención. Y que no vaya a salir por ahí algún mentiroso a decir que yo estoy contra la producción de aguacates. Estoy simplemente haciendo un análisis completo para que la gente no se deje engatusar con cuentos y sobre todo, en este momento, llamando a que las cosas se hagan bien, como debe ser.

El martirologio no ha terminado

Ahora, lo peor es que el martirologio no ha terminado. Por los TLC firmados, todavía en Colombia están protegidos unos cuantos productos que no tienen libre ingreso al país. En los productos con libre ingreso ya nos barrieron en importaciones, pero sigue habiendo otros de importancia nacional todavía con aranceles altos, y entre las cuotas de contingentes, asuntos técnicos que no voy a detallar, más los aranceles, han logrado contener la importación, aun cuando ya están entrando algunas que hacen daño. Hago referencia en especial a los lácteos. Ahí están los lecheros en toda Colombia protestando porque la importación es grande a Colombia, está creciendo y hace daño, porque deprime los precios de compra y porque los intermediarios se aprovechan de la circunstancia. Nuestros ganaderos están sufriendo porque ese es su negocio de toda la vida.

Y ojo, en él hay grandes productores, es cierto, pero también mucho campesino. Y a quienes se interesan por la suerte de la mujer en Colombia, yo me intereso también, porque la mujer es muy maltratada, les comento que en muy buena medida la economía campesina de la leche es manejada por mujeres. Es un trabajo muy femenino, como parte de la división del trabajo predominante en los hogares campesinos. El doctor Londoño lo sabe bien porque así funciona en Boyacá. Pues bien, en este momento todavía no hemos llegado a lo peor en el caso de los productos lácteos, porque siguen manteniendo una protección. Pero aquí tengo la cifra. A partir de 2026 empieza a haber libre ingreso de lácteos a Colombia. Y el tiempo pasa volando y estamos compitiendo con las potencias lecheras del mundo, con Estados Unidos y con la Unión Europea. Lo que se va a ver a partir de esa fecha será una masacre de empresarios, de campesinos y de indígenas. Lo vuelvo a decir, llevamos 30 años advirtiendo todo lo que hoy está pasando y siempre nos dijeron que estábamos locos, que era mentira, que era que no entendíamos. Ahí están las ruinas. Ahí están las importaciones para asestarnos el puntillazo.

Porque no es solo el problema de la leche. Es también el de la carne de pollo. Hoy ya las importaciones son altas. He dado cifras, pero vienen importaciones mucho más grandes a partir del año 2029, un poco más allá que el de la leche, pero con números impresionantes, entre otras cosas porque la protección de la que todavía goza la carne de pollos es bien alta. Les doy a ustedes este dato. El arancel en Colombia en 2020 era del 113 por ciento y lo van a bajar así, en picada, y se van a disparar las importaciones y ya está la trasnacional Cargill en el negocio de los pollos en Colombia, preparándose para concentrar la importación en sus manos. Esto ya es casi historia patria. Lo dejo advertido como una constancia. Después no puede salir a decir que nadie lo dijo. Son realidades que están caminando a paso acelerado.

La carne de res también es un sector que ha venido estando protegido de las importaciones. Pero, ojo, en este 2021 empieza un ingreso ilimitado de carne de res de calidad estándar de Estados Unidos. Y veremos qué va a pasar. Ojalá no sea muy grave el daño, pero podría serlo y cada vez mayor, porque hacia el futuro nos van a ir quitando el mercado. Es la dura realidad. Y entonces alguien podría replicar, pero estamos exportando ganado en pie. Y claro, porque en general no se exporta procesado. Pero también les cuento que, exceptuando a Chile, creo que no exportamos ni un chimbo de carne a ningún país con el que hayamos suscrito un TLC. Entonces aquí se firman TLC, que dizque para que nos abran los mercados, ninguno de los países nos los abre, como sucede con la carne de res en Estados Unidos y Europa. Allá nos impiden la entrada por normas de la protección sanitaria y no sé qué más cuentos. Y la poca exportación que se hace es a países con los que no hemos firmado TLC. Y se alega maliciosamente esa exportación a países con los que no tenemos TLC para intentar mostrar que los TLC son muy buenos.

En el caso del arroz es tenebroso lo que está pasando. Ya hay una crisis grave por las importaciones. Me cansé de advertirlo, de darles la cifra del desastre y les importó un pepino. Hicieron una negociación contra el arroz. Pues bueno, el arroz queda desprotegido del todo en el 2029, pero se puede quebrar antes, porque los aranceles están bajando con mucha fuerza y la desprotección puede terminar sacando al arroz como un producto de economía nacional.

Es otra dura realidad, agravada por 30 años de mentiras, de falacias, de trapisondas, de mañas, de engaños, de presentaciones fraudulentas. Nos barrieron las importaciones y no avanzamos en nada en las exportaciones. No porque nuestros campesinos, agricultores, empresarios, indígenas sean bobos o brutos o vagos. No. Es que no tenemos un Estado capaz de apalancarlos, de defenderlos, no tenemos gobiernos que de verdad respalden a sus productores como sí los Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón y el Sudeste Asiático. No es que nos falten productores. Aquí lo que nos faltan son gobiernos.

Lo advertimos oportunamente

Voy a entrar a la segunda parte. Voy a probar cómo sí lo advertimos. Abdón Espinosa Valderrama, exministro de Hacienda de Carlos Lleras Restrepo y columnista de El Tiempo, al finalizar febrero de 1990, cuando Barco decide aprobar la apertura, el nombre que le dio a este primer paso, afirmó que no había sido una ocurrencia de Virgilio Barco para llenar el país de productos extranjeros, sino “una exigencia del Banco Mundial”, una “exigencia como requisito sine qua non para desbloquear el otorgamiento de sus créditos. En efecto, el Banco Mundial los tenía virtualmente suspendidos, (…). Si (el gobierno) quería obtener nuevos préstamos, siquiera equivalentes al pago de capital, debía comprometerse a liberar sus importaciones, o, en términos más benignos, abrir su economía”. Nos abrimos, no como una genialidad del cacumen de algún criollo, sino porque nos lo impusieron las potencias económicas, con el Banco Mundial a la cabeza. Fue el producto de un chantaje en la economía global.

Abdón Espinosa no solo lo señaló con valor civil, sino que advirtió también lo que nos iba a pasar. Cito a Abdón Espinosa Valderrama: “Anteriores experimentos de liberación de importaciones, también impuestos desde afuera como supuestos requisitos de la aceleración del desarrollo, tuvieron adversos resultados: estrangulamiento exterior en 1966 y recesión económica en 1981-82”. Qué es lo que además les dice Abdón Espinosa. Les dice, no echen cuentos con que nos vamos a desarrollar a paso acelerado, es paja. Y ahí están las cifras que lo prueban. Lo hicieron ver otros muchos exministros, no solo él. Eduardo Sarmiento Palacio prefirió perder su decanatura en la facultad de economía de la Universidad de los Andes a someterse a respaldar una política que él sabía contraria al interés nacional. Una actitud ejemplar de valor civil y de patriotismo la del doctor Eduardo Sarmiento Palacios.

El 27 de abril de 1989, en el periódico La Patria, de cuya hospitalidad disfruto desde hace muchos años, publiqué un artículo comentando dos de sus editoriales, el uno de Antonio Álvarez Restrepo y el otro de Samuel Hoyos, dos exministros conservadores, donde ambos prevenían: no nos vayamos a meter en eso de la Apertura, no les hagan caso a los del Banco Mundial, que nos van a desbaratar la economía. Entonces escribí en La Patria, tienen la razón los doctores Álvarez y Hoyos, nos van a volver nada. Bueno, fue otra de las constancias que dejé.

Empieza la apertura en febrero de 1990, y entre marzo y abril publico tres artículos seguidos en el periódico La Patriamartillando en lo mismo: nos van a destruir la economía. Y no es que yo fuera un genio. Era un profesor universitario común y corriente que estudiaba mis cosas. No había que ser un genio para saber qué iba a pasar. Y lo expliqué con detalle. De 1990 a acá, he publicado 1.300 artículos en el periódico La Patria. De ellos, 200 ó 300 sobre el tema, siempre diciendo lo mismo, las importaciones nos están quebrando, señores del gobierno, deténganse, no sigan por ahí.

Cuando el presidente Uribe se metió en el cuento de los TLC con Estados Unidos y con Europa, hicimos todo lo posible para que no se firmara. Además de mis artículos en 1992, fui coautor del primer libro que se escribió en Colombia contra la apertura y el neoliberalismo. En el 2000, diez años después de empezar la política de César Gaviria, publiqué otro libro, titulado Neoliberalismo.com.co, un análisis para resumir diez años de libre comercio.

En el 2004, publiqué otro libro, Por qué decirle no al ALCA y al TLC. El ALCA fue un proyecto con el que los gringos intentaron meternos de un solo tiro en el libre comercio a todos los latinoamericanos, el antecedente de lo que después se convirtió en los TLC. En el 2006 publiqué otro libro, El TLC recoloniza a Colombia, y en el 2009 publiqué otro más, La verdadera hecatombeel debate sobre el TLC continúa, un análisis minucioso capítulo por capítulo del TLC con Estados Unidos, demostrando cómo no solo nos destruían el agro, sino todo el país.

Según las cuentas hechas en nuestra oficina, sin ser exhaustivos, he hecho catorce debates como senador de la República, entre la Plenaria y la Comisión, advirtiendo que nos iban a volver cisco, entre esos, uno famoso, con el doctor Andrés Felipe Arias, en el que le expliqué cómo un plan de respaldo económico que el tramitó para el agro, el tristemente célebre Agro Ingreso Seguro, era un mito, una manipulación, porque precisamente en el momento en que se estaba tramitando el TLC con Estados Unidos, llamar una política “ingreso seguro” era un engaño a la opinión pública, porque era absolutamente imposible que con unos centavos otorgados al agro colombiano iba a poder competir el país con los subsidios norteamericanos.

Viajé a hablar con unos congresistas de Estados Unidos que tenían una actitud democrática a decirles que el TLC iba a desbaratar  a Colombia. Y en Bruselas, hablé en el Parlamento Europeo sobre el mismo tema.

Una vez aprobado el TLC con Estados Unidos, demandamos ante la Corte Constitucional el texto del tratado, mil quinientas páginas contra Colombia, y redactamos un documento sumamente juicioso. ¿Y saben qué decidió la Corte Constitucional al analizar las mil quinientas páginas del TLC con Estados Unidos y compararlas con la Constitución Nacional? Que no habían encontrado ni un solo artículo ni una palabra que consideraran inconstitucional. De acuerdo con la Corte Constitucional y de acuerdo con la Constitución Nacional, el agro colombiano puede ser entonces borrado del mapa y no es inconstitucional. Hago aquí una pregunta, cómo es que la Constitución de 1991 nos sirve, qué les decimos a los campesinos de Boyacá, a quienes masacraron en el negocio de la leche y hasta en la papa, ¿que la Constitución Nacional lo autoriza?

La confesión del Plan Colombia

Les comenté a ustedes que mi intervención tiene dos partes, la Apertura de César Gaviria y los TLC. Pero aquí surge un agravante. En 1999, Colombia suscribe con Estados Unidos el Plan Colombia, al que le hicieron mucha alharaca. Se supone que nos iba a salvar, porque los gringos, según algunos, son los llamados a salvarnos. La primera estrategia del Plan Colombia fueron los TLC. La primera estrategia del Plan Colombia es que Colombia tiene que suscribir TLC con Estados Unidos, háganme el favor. Claro, es que no dan puntada sin dedal, nos iban a cobrar hasta el aire.

Pero miren lo que admite el Plan Colombia en el 2000 al analizar lo que había pasado con la apertura de César Gaviria, y no lo digo yo, lo reconoce el gobierno Andrés Pastrana y con el gobierno de Bill Clinton, porque es un documento de los dos gobiernos: “en los últimos diez años –de 1990 en adelante– Colombia ha abierto su economía, tradicionalmente cerrada. El sector agropecuario ha sufrido graves impactos, ya que la producción de algunos cereales tales como el trigo, el maíz, la cebada y otros productos básicos como soya, algodón y sorgo, han resultado poco competitivos en los mercados internacionales. Como resultado de ello –añade el documento– se han perdido 700 mil hectáreas de producción agrícola frente al aumento de las importaciones durante los años 90, y esto a su vez ha sido un golpe dramático al empleo en las áreas rurales”. Repito, no lo escribió el senador Robledo ni el profesor Robledo, lo escribieron el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de Colombia. Una confesión de la verdad sobre lo que estaba pasando.

Pero ojo con la conclusión. No es cambiemos la Apertura, no, es sigamos con la apertura. Y miren cómo se lamentan después los dos gobiernos en el (Plan Colombia): “la modernización esperada de la agricultura en Colombia ha progresado en forma muy lenta, ya que los cultivos permanentes en los cuales Colombia es competitiva como país tropical requieren de inversiones y créditos sustanciales, puesto que son de rendimiento tardío”. ¿Qué es lo que está puntualizando aquí? Señores colombianos, ustedes se especializan en cultivos tropicales, así les vaya mal, como ya nos estaba yendo mal con ellos.

¿Cuál es el truco de Estados Unidos? Es ordenarnos a los colombianos no producir los productos no tropicales que nosotros sí podemos producir en el territorio norteamericano, porque nos los tienen que comprar a nosotros. Y eso sí, hagan esfuerzos por vender los tropicales, uchuvas, aguacates, cardamomo. Queda claro que antes de los TLC, el establecimiento, quienes mandaban en Colombia, ya sabían de qué se trataba esta historia y que aquí no había futuro para la nación. Y no podía haberlo por lo que acabo de explicar.

Las cifras no permiten falsificar la realidad. Miren ustedes cómo es la historia de la apertura y cómo acabamos inundados de productos agrícolas. Y enseguida nos cayeron encima los TLC. Con la apertura se dispararon las importaciones y con los TLC se dispararon todavía más. Y es interesante observar qué hicieron los gobiernos. Aumentan las importaciones en el gobierno de César Gaviria, aumentan las importaciones en el gobierno de Samper y aumentan las importaciones en el gobierno de Andrés Pastrana, en suma, aquí nadie puede alegar que no sabía lo que pasaba. Y miren lo que sucede en los dos gobiernos de Álvaro Uribe. Se pasa de las 5.600.000 toneladas de importaciones en el gobierno de Andrés Pastrana a 15.400.00 toneladas en el segundo gobierno de Álvaro Uribe. Y sin embargo, el presidente Uribe es el que negocia el TLC con Estados Unidos y con la Unión Europea, a sabiendas de lo que nos iba a suceder.

Los tratados entran en vigencia en el gobierno de Juan Manuel Santos y miren lo qué pasa. Las importaciones que él recibe en 15 millones de toneladas –ya muy disparadas en el gobierno de Álvaro Uribe– se convierten en importaciones de 30 millones. Aclaro esto, lo quiero precisar. Las cifras que estoy dando son las cifras del cuatrienio. En el cuatrienio de Pastrana, 5.600.000. En el primer periodo de Uribe 6.800.000, en el segundo 15.400.000, en el primer período de Santos 21.600.000, en el segundo 30 millones, cifras en toneladas. Era obvio. Es que precisamente en eso consistía la política.

Por qué no pudimos competir

Ahora, por qué dijimos que no podíamos competir. No es serio meterse uno con un King Kong en un ring y pretender ganarle. La economía norteamericana siempre ha sido por lo menos diez veces más poderosa que la nuestra. Haga usted de cuenta, Quien nos vea en este debate haga de cuenta que alguien de 1.80 de estatura se le mide a pelear con alguien que mide 18 metros de estatura. Cómo es posible siquiera ilusionarse con que usted se mete en un ring con una persona diez veces más alta y le pueda ganar. Es que nos tratan como a imbéciles. No. No somos imbéciles. Lo que pasa es que lamentablemente a la gente la engañan ocultándole la información.

Los subsidios de EEUU y la UE

Miren, les doy otra cifra no menos elocuente. Los respaldos del Estado al agro,  en cifras de 2019, pero así ha sido siempre, Colombia 2.695 millones de dólares, Estados Unidos 48.900 millones de dólares, 18 veces más, Unión Europea 101 mil millones de dólares. ¿Saben con cuánto está respaldando China al agro? Con 185 mil millones de dólares al año. ¿Los que protegen y defienden el agro en sus países son entonces los bobos? ¿Y los vivos somos nosotros, que estamos permitiendo la destrucción del agro colombiano? No son solo los subsidios. Si ustedes comparan la tasa de interés del crédito, la de aquí es carísima, si es que se consigue. Los fletes son altísimos. Nuestro subdesarrollo tecnológico es total, nos toca importar toda la tecnología y nos la venden carísima. El desarrollo científico en Colombia es ridículo, prácticamente inexistente, y no es que me guste, es nuestra tragedia. Y ellos en cambio cuentan con todas las ventajas en proporciones inmensas. Inclusive con mejores condiciones agrológicas, porque en las zonas templadas es más fácil manejar las plagas que en el trópico. La luminosidad de ellos es mejor para muchos productos. 

Será peor con la pandemia

Y qué va a pasar con la pandemia. Con la pandemia todas las diferencias se van a profundizar, colegas de la Comisión Quinta y colombianos, porque ya está visto que los países ricos van a aprovechar la pandemia para acabar de acaballarse sobre el mundo con unas tesorerías de un poder prácticamente infinito.

El señor Biden acaba de anunciar un plan de 2.4 billones de dólares de respaldo del Estado a la economía. 2.4 billones de dólares que se suman a los 5 billones ya invertidos en los últimos doce meses. ¿Y Colombia, qué recursos aporta aquí el Estado? Y les voy a dar otro dato. Hay 105 países que están gastando más plata en la pandemia que Colombia. Colombia, el 2.8 por ciento de su Producto Interno Bruto. Japón, el 55 por ciento de su PIB. Estados Unidos, cerca del 20 por ciento de su PIB. Francia un poco por debajo del 20 por ciento de su PIB. Lo que se viene hacia el futuro no es que ellos van a reducir su competitividad y nosotros vamos a crecer la nuestra. Es al revés. Lo que se viene es lo peor.

De colombiano come colombianos a come extranjero

¿Cuál es la política neoliberal para Colombia? Hasta 1990, la política agraria era colombiano come colombiano, claro, con mil problemas. Colombia no era un país perfecto, pero la línea era colombiano come colombiano. Y de 1990 para acá la línea es colombiano come extranjero. Ese es el problema de fondo. Y si se acaba el agro nacional, que se acabe. Y si se acaban los campesinos, que se acaben y se acaban los indígenas, que se acaben. Y si se acaban los empresarios, que se acaben y si se acaban los jornaleros, que se acaben. Porque la línea es pagar las importaciones con minería o con deuda externa. ¿Por qué vamos en 150.000 millones de dólares en deuda externa? En buena medida, porque de ahí es de donde se sacan los dólares para pagar las importaciones que no somos capaces de financiar con exportaciones nuestras. ¿Con qué más las estamos financiando? Con la plata del narcotráfico y de la corrupción. ¿Y con qué más? Con la plata que nos mandan los colombianos, buenas personas, que se quedaron sin empleo en Colombia y se fueron a vivir a Estados Unidos y a Europa y todos los años le mandan a su familia unos dólares, que se convierten en divisas para costear importaciones que acaban de arruinar más el agro nacional. Es en resumen la política macroeconómica del gobierno de Colombia.

Agro y reforma tributaria

Y ojo, porque en la reforma tributaria, no voy a entrar en los detalles, va a haber un manejo en la categoría de exentos que puede mejorarles la competitividad, por la vía fiscal, a las importaciones de productos agropecuarios, haciéndolas más baratas. En esa reforma tributaria está planteado el riesgo. Vamos a ver qué va a pasar. Pero está ahí vivito y coleando.

En la reforma hay otro asunto. Si se siguen encareciendo los alimentos, parte esencial de la reforma tributaria, la gente va a poder comer menos. Y si come menos, el agro se va a ver afectado negativamente. Y si a los pobres y a las clases medias les sacan la plata del bolsillo, compran menos y la merma daña la economía. Empresarios de Colombia, no se dejen engañar más. Una reforma tributaria contra los pobres y con las clases medias deja al país sin compradores y entonces a quiénes les van a vender sus empresas los productos. El doctor Duque es un tigre para declararles su amor a los empresarios colombianos, mientras al mismo tiempo los está quebrando con todas estas políticas. Y lo mismo hicieron los gobiernos anteriores.

Perdida la seguridad alimentaria

Uno de los mayores perjuicios que nos han ocasionado las importaciones tributarias es el de haber perdido en proporciones muy grandes la seguridad alimentaria. Y ahora con la pandemia entendemos su gravedad. Si el día de mañana la agricultura mundial sufriera un colapso, por cualquier razón, una pandemia sobre productos agrícolas o agropecuarios, un estallido de un volcán que cambiara radicalmente el clima en Estados Unidos, una guerra mundial, tantas cosas que pueden suceder, Colombia se quedaría sin con qué alimentar a su gente. Como siempre la comida está en los supermercados, uno tiende a pensar que siempre estará ahí, pero no es verdad. En el sitio de Cartagena los habitantes se murieron de hambre porque los españoles no les dejaron entrar comida. Los ingleses produjeron una hambruna artificial en su colonia de la India y la gente empezó a morirse de hambre. Retuvieron los alimentos para subir los precios a costa de la muerte del pueblo. Dejar perder la seguridad alimentaria es un crimen contra un país, y la tenemos perdida, pero les importa un pepino a quiénes nos han gobernado. Les vale huevo, es la triste realidad de la que estamos hablando.

Y viene la carne sintética

Pero miren la última que encontré. Ya les mandé a los colegas de la Comisión Quinta una información que encontré ayer en internet para que vieran cómo se nos pueden complicar las cosas con los avances de la ciencia y la tecnología, que no son nuestros, sino de otros países. En un libro reciente que leí de Bill Gates, por aquí lo tengo, Cómo evitar un desastre climático, sobre la transición energética y el cambio climático, dice él que lo mejor que hay contra el metano, un gas producido principalmente por la ganadería y causante de calentamiento global, es que nos pasemos de consumir carne de res, o carnes de animales en general, a consumir carnes sintéticas. Lo leí y me quedó la duda. Y anoche, preparando este debate, le pregunté a Míster Google cómo es el cuento de la carne sintética. Qué es lo que dice. Que en Singapur, en diciembre pasado, se inauguró con gran éxito el primer restaurante que vende carne de pollo sintética.

Qué es carne de pollo sintética. No es que sea hecha con soya ni con recetas vegetarianas, no, es carne de verdad, obtenida a partir de células madre musculares extraídas de un animal vivo y que se cultivan en un biorreactor de acero. Y la carne crece. Y es carne. Y se puede hacer con carne de cerdo, y con vegetales, y con leche, y con café. Es es una amenaza que está ahí. Y entonces aquí al gobierno de Colombia le parece que son boberías y que el senador Robledo está loco, no entiende de estas cosas, aquí los que entendemos somos los genios que gobernamos a Colombia. Ahí están los resultados.

La situación está tan grave, que Fedegan, una organización muy cercana al gobierno, anda muy preocupada con las importaciones de lácteos. Fedegan fue un gremio que en su momento no se opuso de verdad al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y hoy está seriamente preocupada, con razón. Bienvenida sea su preocupación. Ellos están planteando que hay que hacer algo, aplicar la salvaguarda bilateral que permiten los TLC, una medida insuficiente, a mi juicio. Pero llamo la atención es de cómo los hechos se van abriendo camino. Las verdades son como la gota que cae sobre la roca. Terminan haciendo el hueco. Ojalá la Sociedad Agricultores de Colombia dijera también algo. Porque los están barriendo, los están barriendo. Es la cruda realidad, porque los TLC les van a quitar otro pedazo grande de lo que tenían como producción dentro de SAC.

Los TLC sí se pueden renegociar

Aquí empieza la discusión, con la pregunta, ahora qué hacemos. Llevo muchos años proponiéndolo: hay que renegociar los TLC. Y el gobierno nacional arguyendo que no, que no se puede. En estos días leí, ministro Zea, tal vez en un periódico, no recuerdo bien con precisión, que usted salió a decir que no se podían renegociar los TLC. Si usted lo dijo, se equivocó, permítame informárselo, porque los TLC sí se pueden renegociar. Y aquí les llamo a los colombianos la atención. Es un truco semántico. Cuando muchos alegan que no se pueden renegociar, lo que al final están admitiendo es que no se quieren renegociar. Son dos verbos distintos. Una cosa es que yo no pueda ir a Barranquilla y otra cosa que no quiera ir a Barranquilla. Y como no quiero ir a Barranquilla, digo que no puedo ir. Pero es un engaño, porque los TLC sí se pueden renegociar.

En el Capítulo 23 del TLC, señor ministro, aquí lo tengo, yo me lo leí todo, página por página, mil quinientas páginas en letra menuda, lo tengo subrayado, sé de qué estoy hablando, hay un artículo que se titula Enmiendas y la primera enmienda dice textualmente: “Las partes podrán convenir cualquier enmienda a este acuerdo”. Obvio, si un TLC es un contrato entre dos partes, si las partes lo quieren modificar, pues lo modifican. Es más, el TLC contiene también una cláusula llamada de denuncia. Si al gobierno de Colombia se le da la gana, el presidente Duque puede mandarle una carta al gobierno con el que tenga suscrito un TLC y decirle, saben qué, a partir de hoy el tratado queda denunciado. Qué significa, apreciados colegas. Que en seis meses desaparece totalmente. Que no quieran ni el presidente Duque ni el ministro Zea, bueno, están en su derecho. Pero yo sí les exijo que digan la verdad. No pueden seguir arguyendo que los TLC no se pueden renegociar, porque no es cierto. Aquí no nos van a seguir echando el mismo cuento que nos tienen montado el presidente Duque, que sale y dice, mi reforma tributaria no es una reforma tributaria. Y por qué no, doctor Duque, le pregunta la gente, si usted nos va a subir los impuestos. La respuesta es, no, porque a mí se me da la gana de no llamarla así y meter una mentira. Punto. Espero que los medios de comunicación no salgan a repetirla, porque eso se llama reforma tributaria aquí y en Cafarnaum.

Conclusiones 

Conclusiones. No hay a mi juicio la menor duda de que Colombia ha sido derrotada en esta competencia. Nos vencieron porque no podíamos vencer, nos han barrido, han trapeado al país con nosotros a bordo y ustedes no saben lo que me duele. Esta es mi lucha de toda mi vida. Hubiera preferido estar equivocado y que hoy alguno de ustedes me la estuviera cobrando, senador Robledo, usted se pifió oponiéndose a los TLC y nosotros teníamos la razón. Yo se la hubiera dado. Pero lo más lamentable de esta historia es que les ganamos el debate a los defensores de los TLC y ellos siguen diciendo que tenían la razón.

Y por qué la siguen reclamando para sí. Porque ellos representan los intereses de los extranjeros y de los importadores criollos, los ganadores de los TLC, que se han enchapado en oro trayendo comida extranjera, comprándola barata y vendiéndola cara en Colombia. ¿O es que bajó el precio de la cerveza cuando arruinaron la cebada de Boyacá? ¿O es que bajó el precio del pan y de las pastas cuando arruinaron el trigo colombiano? ¿O es que cuando acaben con la leche nacional y con el arroz nacional, nos van a bajar los precios de ambos alimentos? Pues no, no se hagan esas ilusiones, colombianos.

Por un gran pacto nacional

Qué estoy proponiendo. Lo primero, hacer un Pacto Nacional que empieza por reconocer que Colombia está en la olla. Lamentablemente es así y a mí me duele. No crean que no sufra con el desastre que estamos presenciando. No porque me afecte negativamente. Yo nunca he tenido finca, ni negocios agrícolas ni nada, pero me duele es Colombia, el futuro de mis hijos y de mis nietas, de los colombianos. Qué futuro tiene un país al que están destruyendo de esta manera. Ninguno. No tiene futuro Colombia. Es la cruda realidad. Podremos tener futuro tres o cuatro. Yo no me quejo, me ha ido muy bien en la vida, desde que era niño me ha ido bien. Y aquí a todos los que estamos en esta Comisión nos va bien y a algunos les puede ir de maravilla si tienen grandes negocios, no sé, no es mi caso. Pero al país le va muy mal. Lo están destruyendo.

Entonces, cuál es la propuesta. Muy sencilla. Hagamos un Pacto Nacional, todos los colombianos, los trabajadores y asalariados, los campesinos, los indígenas, los empresarios, todos, pongámonos de acuerdo en crear fuentes de empleo, fuentes de empleo, fuentes de empleo, para que conjuntamente actúen el capital y el trabajo buscando desarrollar a este país. Producción grande, pequeña, mediana, muy tecnificada, menos tecnificada, todo el que cree riqueza, bienvenido, en una política que apunta a dos objetivos, primero, a exportar, yo no me opongo a que exportemos ni a que hagamos todo el esfuerzo para exportar lo que podamos exportar. Cuenten con todo mi respaldo los exportadores.

Pero al mismo tiempo para sustituir importaciones. Yo no hago negocios, pero ustedes, los que sí los hacen, saben que el problema en los negocios no es producir, el problema es vender. Cualquiera produce alguna mercancía, pero vaya y véndala. Y resulta que en Colombia estamos importando 14 millones de toneladas de productos agrícolas al año y aquí hay compradores para esos 14 millones de toneladas de productos agrícolas. Hay compradores. Aquí estamos los colombianos. Lo que nos estamos comiendo los colombianos, por qué no pensamos en producirlo nosotros mismos y en ver cómo le vendemos lo colombianos a los mismos colombianos. Volver a la política de “colombiano come colombiano”.

Es lo obvio. Eso es lo que hacen Estados Unidos, Alemania, Francia. Es lo que hacen los países desarrollados y es mentira decir que aquí estamos haciendo lo que se hace allá. Ya les mostré ahora los subsidios que les pagan a sus agricultores. Es que si no se los pagaran, nosotros los invadiríamos con nuestros productos. Por qué los gringos prohibieron en el TLC desmontar su protección al azúcar. Porque si la eliminan, el azúcar colombiano los barre, no nos dan un brinco. Como ellos sí defienden su agro, nos dijeron en la mesa de negociación, señores, no vamos a desproteger nuestro azúcar. Y punto.

Entonces sustituir importaciones y exportar, las dos cosas, ambas del sentido común. Lo que les digo no es una genialidad mía. Pero para ustedes poderlo hacer necesitan primero hacer dos tareas. Uno, disminuir el costo país. Nuestro agro en parte no funciona porque la gente no tiene acceso al crédito y están en manos de los usureros, de los prestamistas, del crédito de las tarjetas de crédito, así es imposible, con esas tasas de interés resulta imposible competir. Hay que reducir las tasas de interés y hay que dar más acceso al crédito.

Hay que mirar qué pasa con los costos de los insumos. Aquí no puede ser que quien monopoliza los insumos cobra por ellos lo que se le da la gana. Antes de la apertura no ocurría, porque la Caja Agraria intervenía y en algo favorecía a los productores.

Precios de sustentación. Claro que puede haber precios de sustentación para proteger el agro nacional. Además se puede pensar en hacer acuerdos con la industria procesadora, hasta allá llega la amplitud. Si la industria procesadora de alimentos fuera sensata, entendería que lo que estoy proponiendo es lo que le conviene a Colombia. Y que ellos podrían hacerlo si quisieran colaborar. Porque aquí tenemos que seguir en la idea de que esto es un barco en el que vamos todos. Y si el barco se hunde, nos hundimos todos.

Y hay renegociar los TLC, así decirlo suene a herejía. Le he dado muchas vueltas, colegas, y no veo cómo podemos salvar el agro nacional con acuerdos tan leoninos que ni siquiera nos permiten cuidar la producción nacional, acuerdos diseñados para derrotarnos y sí, lo lograron. Hay que reconocerles a los negociadores extranjeros que hicieron las cosas muy bien para ellos y que los de aquí fueron unos regalados, unos incapaces. Jamás estuvieron a la altura de las circunstancias. Hubo uno solo, un solo negociador que prefirió renunciar al puesto antes de someterse. Les dijo en la cara, a mí no me cogen la firma para esta vaina. Los demás se acomodaron. Qué miedo les tenían los negociadores colombianos a los negociadores de las potencias.

Por último, hacerles un llamado cordial a los colombianos a quienes les va bien, hay que pensar en el país. El cuento de que en una economía de mercado, y este es el debate, porque no estoy planteando estatizar la economía ni nada que se parezca, el cuento de que porque a mí me va bien, entonces a Colombia le va bien, no es cierto. A veces sí, a veces no. Fabio Echeverri Correa, presidente de la ANDI, lo dijo una vez hace muchos años: “A la economía le va bien, pero el país va mal”. A mí me va bien o a mi sector le va bien, pero al país le va mal. Bueno, ahora estamos peor que nunca. A algunos les va recontra bien, pero al país le va recontra mal. Y eso no es sensato, no es democrático y debe ser modificado. Que es lo que estamos proponiendo. Muchas gracias.

Réplica y conclusiones

Lo primero, lamentar que el señor ministro le haya sacado el cuerpo al debate. Y saludar que en general los senadores de la Comisión Quinta del Senado sí entendieron que no era con viveza como se ganaba el debate. Exceptuando algunos, los demás tomaron nota de que el ministro le sacó el cuerpo al debate, aun cuando fueran amigos de él y todo, pero por lo menos tuvieron ese grado de seriedad de entender que aquí sí hay un problema bien grave.

Voy a explicar cómo es que el ministro le saca el cuerpo al debate. Yo hago un debate mostrando cómo estábamos en 1990, como estamos ahora y como vamos a estar en el futuro, un debate pasando revista a 30 y más años. Y digo, en 1990 no estábamos bien, pero no estábamos tan mal como ahora. Y lo demuestro puntualizando que ahora voy a dar las cifras de cómo se han empeorado las cosas del 90 hasta acá. Son 30 años de un retroceso agropecuario, incontrovertible. Pero además dije, y lo que falta, porque todavía las políticas en vigor no han acabado de arruinar el agro como lo han arruinado en estos 30 años, y di las cifras de cómo lo han arruinado. Y ahorita, dije enseguida, lo voy a enfatizar, porque siguen más ruinas en los próximos años. Concluí que es una pésima política, porque si estábamos en una situación mala, ahora estamos en una pésima y la que sigue es peor todavía.

Entonces el ministro, de astuto, solo da una cifra del año pasado para indicar que exportamos un poquito más de lo que importamos. Un poquito más. Y que entonces el dato se vuelve la prueba reina de que estamos muy bien. No. A mí no me tratan como idiota. Si a alguien lo enredan con esas cuenticas tan chimbas, a mí no, ni a nadie en esta Comisión que mire los hechos con seriedad y con rigor. Porque ese no es el debate. El ministro entonces dice, es que el año pasado Colombia exportó unos dólares más de lo que importó, con una balanza positiva de 369 millones de dólares. Y es verdad. Pero es que lo que hay es cómo estaban las cosas en 1990 y como están ahora.

Miren ustedes cuál es la diferencia. En 1991, Colombia importaba 282 millones de dólares y exportaba 2.541 millones de dólares, una balanza comercial positiva en nueve veces más, 900 por ciento. Éramos un país vencedor en las relaciones agrícolas internacionales. Nueve veces más lo que exportamos en dólares de lo que importamos en dólares. Y vuelvo a advertirlo. No me opongo a que haya importaciones, lo que pasa es que si usted solo importa y no exporta, nada funciona, y es el lío que enfrentamos aquí. Si usted no produce algo aquí, hay que importarlo, apenas obvio. No producimos tractores, entonces importamos tractores.

Cómo estamos en el 2019. Prefiero mirar las cifras del 2019, porque son las de antes de la pandemia, para que no se inventen la mentira de que todo el problema es la pandemia. Qué pasó en el 2019. Importaciones, 5.900 millones de dólares, redondeando, exportaciones, 7.187 millones de dólares. Balanza comercial positiva, sí, senadores, pero 1.19 veces más. Ni siquiera el doble. Y resulta que en 1990 era nueve veces más lo positivo. Es una derrota, senador José Obdulio Gaviria, usted lo tiene que reconocer así. Cada vez estamos peor. Cada vez importamos más de lo que exportamos, en dólares. Es la realidad. Estamos siendo derrotados en la competencia internacional.

Y si lo miramos en toneladas, peor. Y lo de las toneladas cuenta, porque la diferencia no se mide sólo en dólares. Pasamos de importar en 1991 un millón de toneladas y estamos importando 14 millones de toneladas. Háganme el favor. Y en las exportaciones exportábamos 2.8 millones de toneladas y ahora exportamos 5.6. Así que en toneladas, nosotros teníamos una balanza comercial positiva en 2.42 veces y ahora la tenemos negativa en 2.51 veces, 500 por ciento peor. Es la realidad matemática de la aritmética en 30 años. Y el cuento que nos echaron en 1990 es que nos iba a ir mejor. Y no nos ha ido mejor, nos ha ido peor, es absolutamente fácil de demostrar. No hay para qué negarlo, no es serio.

Y el ministro de Comercio no puede seguir engañando cogiendo la cifra de un año. Ni el ministro de Agricultura puede coger las cifras un solo año. No es honrado en el debate. El debate tiene que ser serio. No tengo inconveniente en recibir cualquier crítica en el debate, pero no sobre engaños. El debate tiene que ser con las cifras completas.

Pero yo no me limité a mostrar las cifras de conjunto, sino que expliqué cómo están hoy arruinando el arroz. Van a acabar con el arroz de Colombia y van a acabar con los lácteos y el futuro del pollo es de altísimo riesgo. No se hagan ilusiones, porque prácticamente todo el pollo que se produce en Colombia es con grano importado y cuando bajen los aranceles de la importación de carne de pollo, nos van a inundar de carne de pollo. El futuro de aquí al 2030 y 2031 es que deben ir desapareciendo a partir de 2026 la leche y los lácteos, pero después sigue la del arroz y después la del pollo. Está cantado, senadores, o que alguien me dé los argumentos de por qué no. ¿Si yo hoy tengo aranceles del ciento y más por ciento y los pongo en cero, voy a poder competir? Son verdades absolutamente elementales.

Y ojo, también está amenazado de muerte el azúcar, menos, pero en cualquier momento en que cambien la política, las importaciones lo pueden quebrar. Si abren a Colombia hacia el Sudeste Asiático, nos quiebran en azúcar y si quiebran el azúcar, quiebran de paso la panela. Y está amenazado también el aceite de palma, hoy ya con problemas graves, porque las importaciones de oleaginosas, de soya y de otros productos, le compiten directamente. Ustedes sí saben que si el gobierno no maneja bien la reforma tributaria y les mejora la competitividad a las importaciones de aceite en 19 por ciento, por manejos que no tengo tiempo de detallar aquí, se puede desquiciar la producción de aceites en Colombia. Y me vienen con el cuento de que todo está muy bien, que porque tenemos una balanza comercial mínimamente positiva en un año y se olvidan de hacer el análisis de conjunto de los últimos 30 años y de los años que siguen. Seamos serios.

El ministro Zea fue capaz de aducir que el agro siempre ha estado mal. Pues sí, el agro antes del 90 no estaba bien, mil problemas, pero nunca había estado tan mal y se han dedicado a destruirlo en estos 30 años. Está demostrado hasta la saciedad y eso no cambia con carretas ni con especulaciones. Es la realidad. Lo están destruyendo. La política agraria nacional no es colombiano come colombianos, sino colombiano come extranjero. Y por qué estábamos mejor en el 90, porque con todo y los problemas del agro, la política en ese momento era colombiano come colombiano. Y desde el 90 para acá decidieron que la política es colombiano como extranjero y lo están logrando. Felicítense, feliciten a los que les gusta comer extranjero e importar más de lo que producimos, porque van ganando, todas las trasnacionales van ganando.

A la última hora, le meten entonces al debate un enredito que dizque ideológico, y nos replican a quienes pedimos renegociar los TLC que es que estamos en contra de la competencia y de las relaciones económicas de mercado y que estamos por estatizar la economía. Miente el que acuse al senador Robledo de haberlo afirmado. Así de simple. Y si tienen las pruebas pues que las presenten, pero aquí no pueden seguir con el cuentico de que en otra parte no sé qué para indicar que es lo que estamos planteando aquí. No es cierto. El mío es un debate en el seno de la economía de mercado.

Y entonces hablan de la libertad económica. Y yo pregunto, ¿la libertad económica es la de las vacunas? ¿Esa es la libertad económica, el abuso de cinco trasnacionales y de unas cuantas grandes potencias contra todos los países del mundo? ¿Y eso es la libertad de empresa, la libre competencia? Montaron unos monopolios a la brava y a quien se atreva a estar en desacuerdo, entonces no le venden las vacunas. ¿Eso es libertad económica?

¿Libertad económica? Los subsidios agrícolas del gobierno colombiano valen 2.600 millones de dólares y los de los gringos valen 48 mil millones de dólares y los de los europeos valen 101 mil millones de dólares. Pregunto: ¿nos podrían estar inundando de leche norteamericana y europea si ellos no tuvieran los subsidios de que disfrutan? ¿Qué tipo de capitalismo es ése? Cuando los gringos y los europeos esgrimen el poder de su Estado para matonearnos, ¿es el Estado que aplauden? Y ahí si no hablan de libertad económica. No, hay que ser serios y rigurosos en el debate. Nos están aplastando es a punta de Estado, es la verdad. El capitalismo de libre empresa es una especie de ficción en muchas circunstancias. Y repito, no estoy planteando estatizar la economía, pero a mí no me engrupen ni me meten cuentos, como si no conociera las cifras.

Pero se habla además del desarrollo del capitalismo nacional. ¿Cuál? ¿Cuál? Aquí nos sacan pecho diciendo que quienes gobernamos y hemos gobernado a Colombia somos los defensores del progreso del capitalismo nacional. Paja. No han hecho más que quebrar empresarios en los últimos 30 años. ¿No arruinaron a todos los empresarios del algodón, no arruinaron a todos los empresarios del trigo, a los de la cebada, no están arruinando a los arroceros, no van a arruinar a los azucareros, si les toca hacerlo, no van a terminar cerrando la producción de pollo en Colombia, no están arruinando a los lecheros? Y sacan pecho que dizque son los amigos del capitalismo y de la economía de mercado. No. Mentira.

A mí no me van a revolver los amores que ustedes sienten por las trasnacionales y los intereses extranjeros con los falsos amores que sienten por los colombianos. A mí ese truco no me lo echan porque no lo pueden demostrar. Y cuando quieran, hacemos un debate completo sobre el tema y cuando quieran, traemos de cuerpo presente al ministro de Comercio. Pero estudien las cifras, estúdielas con cuidado, pero no hagan el ridículo leyendo una cifra a la carrera sin entender ni siquiera qué es lo que está leyendo para participar en estos debates. Rigor y seriedad, exijo seriedad en el debate, como yo la doy con lo que hago. Qué dizque el desarrollo del capitalismo nacional.

Estados Unidos tiene un capitalismo nacional de 65 mil dólares de producto per cápita y nosotros tenemos 6 mil, ellos en la ciencia y la tecnología más compleja y nosotros en nada, porque este país abandonó desde siempre la ciencia y la tecnología. ¿Capitalismo sin ciencia y tecnología? Doce millones de colombianos desempleados muriéndose de hambre. ¿Cómo se construye capitalismo sin mercado interno? Es que el capitalismo es la economía de mercado y si no hay mercado, no hay compradores. Cómo pueden avanzar las empresas en Colombia si no hay a quién venderles.

Y ahora nos cae el doctor Duque con otra reforma tributaria para sacarles la plata del bolsillo a los pobres de Colombia y a las clases medias, y quién les va a comprar a las empresas. Cómo se estimula así la economía de mercado. A mí no me vienen a espantar en este debate con frases huecas.

Y cuando quieran la hacemos con todas las tranquilidades y nos gastamos cinco o seis horas discutiéndolo. Pero aquí estamos haciendo un debate serio y riguroso y se debe atender de esa manera.

Muchas gracias.