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¿ATENIDOS?

Por Jorge Enrique Robledo / @JERobledo

Hace 6 meses

Entre las frases más equivocadas que se recuerden está la de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez agrediendo a quienes reclaman que el Estado los respalde mejor en la crisis del Covid-19: “Esto acá no es atenidos a ver qué hace el gobierno por cada uno de nosotros”, afirmó, sin nunca rectificarlo a cabalidad.

Ese “atenidos” a lo que les dé “el gobierno” tiene la connotación de definir a los necesitados –incluidos a sectores empresariales– como una especie de zánganos que si sufren más por la pandemia, es por su exclusiva culpa, en tanto –sugiere– los no “atenidos”, como ella y otros pocos a quienes les va de maravillas, no piden que el Estado haga algo a su favor.

Todo lo que existe en Colombia es, así no se entienda o se niegue, el fruto del esfuerzo de toda la Nación: de los trabajadores, los campesinos, los indígenas, los informales, las clases medias y el empresariado, con cada uno jugando su papel, en la casi totalidad de los casos en un puesto que no escogió sino que le impuso la sociedad. Como se pregunta Claudia López, ¿habría podido ser alcaldesa de Bogotá si hubiera sido la hija de una mujer negra y cabeza de familia, nacida en una población remota del Chocó?

La posición democrática frente a la vida empieza por entender esta realidad y asumir una actitud de consideración y respeto por quienes no pudieron ubicarse en mejores ocupaciones en un país que además ofrece tan pocas oportunidades porque, antes de esta crisis, ya tenía a muchísimos entre desempleados y rebuscadores, más otros cinco millones ganándose la vida, ¡como excelentes trabajadores que son!, pero en otros países.

Si alguna pregunta debe responderse en Colombia, es por qué hay otros países de economía de mercado en los que sus pueblos no sufren las condiciones ignominiosas que sí padece un número tan grande de nuestros compatriotas. Por qué en ellos la crisis del coronavirus, que también los golpeará, no cae sobre una Nación tan débil ni agravará los altísimos niveles de sufrimientos que ya se padecían aquí, pregunta que no tiene si dos respuestas posibles: porque hemos sido tan mal gobernados, que ni siquiera ha existido un sueño de modernización inspirado, realmente, en los países más exitosos, o porque, muy acordes con la doctrina de los atenidos, se le da una explicación racista y clasista al cada vez mayor fracaso del desarrollo nacional.

La teoría de los atenidos, palabra que significa que “les gusta vivir a costa de los demás”, no se les puede aplicar a los colombianos en general por la simple razón de que aquí a los pobres y a las clases medias nunca nadie les ha regalado ni les regala nada. Y no solo por lo ya señalado sobre su aporte insustituible a la construcción del país, sino también porque ellos, mediante impuestos indirectos como el IVA, regresivos por definición, contribuyen con más de la mitad del recaudo de la Dian, además de la renta que pagan la clase media empleada y la que trabaja por cuenta propia. Que no crea la alta burocracia, a la que podría calificarse de mantenida por las gabelas oficiales de las que disfruta –calificativo que no uso contra nadie–, que no se nota que los planes asistencialistas, tan útiles para arrear electores a las urnas y tapar el mal gobierno, en buena medida consisten en echarles a las gentes en un bolsillo lo que, antes, les sacaron del otro.

También hay que entender que ni en Colombia ni en ningún país del mundo, se ha creado un solo patrimonio privado, ni grande ni pequeño, sin el aporte de toda la Nación y sin el respaldo del Estado financiado por ella. ¿Sin la educación pública, el sistema eléctrico, la policía y la Justicia, los bancos serían lo que son? ¿No se sabe que su gran éxito lo han diseñado entre ellos mismos y los ministros de hacienda, el Banco de la República y los jefes de Estado? ¿Existiría el comercio nacional e internacional sin las vías que hemos pagado entre todos? ¿No fue la Ley 100 la que les entregó a las EPS, que poquísimo aportaron de sus bolsillos, el derecho a ganarles plata a 40 billones en pesos de hoy? ¿No son las altas tarifas de los servicios públicos domiciliarios el producto de unas fórmulas oficiales que nadie entiende pero que sí les aseguran ganancias exageradas?

Si algo está confirmando la crisis de la pandemia, es que la economía de mercado no es antagónica con la intervención del Estado en la economía –el capitalismo de Estado es su nombre–, porque sin ese respaldo no podría desarrollarse y caería en el caos en las crisis que periódica e inevitablemente la afectan. Luego el único y verdadero debate que hay es si ese capitalismo de Estado se pone al servicio del subdesarrollo de los países o de su desarrollo, de modernizarse realmente, empezando por respaldar en serio la industria y el agro, la ciencia y la educación y las mejores condiciones de vida y de trabajo de sus habitantes, luego de renunciar a unas doctrinas calculadas para servirles a otros pero no a nosotros.

Bogotá, 8 de mayo 2020.